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[MEMORIA HISTÓRICA] - “Los traidólares” ¡Raymundo Gleyzer flor de revuelo!

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La memoria sobre los ideales y el valor de la verdad.

No volví a saber de Raymundo hasta que llegó la noticia de su desaparición. Recordé entonces sus palabras, su vitalidad, su decisión. Y estaba seguro -como lo estoy ahora- de que algún día volvería a aparecer Raymundo en medio de su pueblo. Todo parece indicar que así ha de ser. ‘Titón’ Gutiérrez Alea (director de cine cubano)

Eduardo Galeano: Raymundo Gleyzer ha desaparecido. La historia de siempre. Lo arrancaron de su casa, en Buenos Aires, y no se sabe más. Había hecho películas imperdonables. Yo lo había visto por última vez en febrero.

Fuimos a cenar con nuestros hijos, cerca del mar. En la trasnochada, me habló del padre. La familia de Raymundo venía de un pueblecito de la frontera entre “Polonia y Rusia” (?). Allá cada casa tenía dos banderas diferentes para izar y dos retratos para colgar, según marchaban las cosas. Cuando se iban los soldados rusos, llegaban los polacos, y así.

Era una zona de continua guerra, infinito invierno y hambre sin fin.

Sobrevivían los duros y los picaros, y en las casas se escondían los pedazos de pan bajo los tablones del piso. La primera guerra mundial no fue novedad para nadie en aquella comarca sufrida, pero empeoró lo peor.

Los que no morían empezaban el día con las piernas flojas y un nudo en el estómago. En 1918, llegó a la región un cargamento de zapatos. La Sociedad de Damas de Beneficencia había enviado zapatos desde los Estados Unidos. Vinieron los hambrientos de todas las aldeas y disputaron los zapatos a dentelladas. Veían zapatos por primera vez.

Nunca nadie había usado zapatos en aquellas comarcas. Los más fuertes se marchaban bailando de alegría con la caja de zapatos nuevos bajo el brazo. El padre de Raymundo llegó a su casa, se desató los trapos que le envolvían los pies, abrió la caja y se probó el zapato izquierdo. El pie protestó, pero entró. El que no entró fue el pie derecho. Lo empujaban entre todos, pero no había caso. Entonces la madre advirtió que los dos zapatos tenían la punta torcida para el mismo lado. Él volvió corriendo al centro de distribución. Ya no quedaba nadie. Y empezó la persecución del zapato derecho. Durante meses caminó el padre de Raymundo, de aldea en aldea, averiguando. Después de mucho andar y preguntar, encontró lo que buscaba. En un lejano pueblito, más allá de las colinas, estaba el hombre que calzaba el mismo número y que se había llevado los dos zapatos derechos. Los tenía, brillantes, sobre una repisa. Eran el único adorno de la casa. El padre de Raymundo ofreció el zapato izquierdo. Ah, no -dijo el hombre-. Si los americanos los mandaron así, así debe ser. Ellos saben lo que hacen.

Ci n e d e c o m b a t e

Néstor Kohan “Pocas personalidades de la cultura política latinoamericana resumen con tanta nitidez y contundencia las apuestas vitales de la izquierda revolucionaria. Aunque quizás menos celebrado y conocido que Rodolfo Walsh, el cineasta y militante guevarista argentino Raymundo Gleyzer (1941-1976) representa el escalón más alto al que llegó su generación.

Repensar su obra, su vida y su militancia implica recuperar del olvido una perspectiva ideológica sepultada por el establishment intelectual argentino, aquella que vivió el cine como militancia y la cámara como un arma de combate”… Cuenta su compañera que nunca había visto llorar a Raymundo, y así lo encuentra echado en su cama. “Che” había muerto. Los traidólares ¿Quién denunció al guerrillero, más allá de las fronteras, de las cercas imperiales?

Mil novecientos setenta y tres queda marcado en la historia de la cinematografía junto el argentino Raymundo Gleyzer. Director de la película “Los traidores” filmada en colores entre el 72 y 73. El filme dramatiza la vida de un dirigente sindical peronista, comenzando a partir de la década de 1960, cuando asciende al poder luego de años de militancia, centrándose luego en su transformación en un burócrata corrupto, y su ocaso en 1973, cuando Héctor Campora llega a la Presidencia de la Nación. La película histórica, dramática, fue trabajada sobre su propio guion escrito en colaboración con Víctor Proncet y Álvaro Melián. No fue estrenada comercialmente pero sí circularon varias copias en blanco y negro clandestinas. Hasta 1995 no se conoció públicamente la copia en color. Tuvo como actores principales al propio Víctor Proncet, Raúl Fraire, Susana Lanteri y Lautaro Murúa. “’Los traidores’ Y EL CÁNCER DE LA BUROCRACIA SINDICAL… Producida por Bill Susman, activista en el Estado español integrado en las Brigadas Internacionales. Raymundo Gleyzer había realizado una impiadosa radiografía de la burocracia sindical argentina. El título que eligió para su film, hoy mítico, lo dice todo. Cuyo título original iba a ser “Una muerte cualquiera” (film basado en un cuento de Víctor Proncet “La víctima”, que narraba un hecho verídico, el autosecuestro del dirigente sindical peronista Andrés Framini) “Los traidores” ya había sido utilizado por el escritor comunista José Murillo en la novela homónima -publicada en 1968- donde relataba la traición de la burocracia sindical a una huelga metalúrgica.

“El nombre de Gleyzer ha sido durante años sinónimo de todo lo prohibido y todo lo reprimido por la cultura oficial, su falso pluralismo y su simulacro democrático. En estas apretadas líneas de homenaje no nos interesa recordarlo como un cadáver prestigioso, una víctima inocente O UN BRONCE DE MAUSOLEO REPLETO DE HIPÓCRITAS MONUMENTOS OFICIALES. Lejos de los lugares comunes y los golpes lacrimógenos a los que nos tiene acostumbrado el progresismo ilustrado y bienpensante del Río de la Plata, se nos impone rememorarlo como un militante revolucionario.

Recordamos a Raymundo como alguien vivo e indomesticable, un hermano mayor del cual las nuevas generaciones debemos seguir aprendiendo”… Raymundo impulsa el cine revolucionario en Argentina. 1973 es la antesala del grupo Cine de la Base. Lleva al cine a los protagonistas de sus películas. Los desposeídos de la tierra. A los 21 años junto a su amigo Jorge Giannoni, se dirige al Noreste de Brasil, para filmar ‘La Tierra Quema’. Vida de una familia que debe emigrar continuamente en busca de agua. Cuando se presentan las primeras dificultades Giannoni, deja a Raymundo. Debe continuar el film solo, consiguiendo finalmente ayuda de Rucker Viera, director de fotografía brasilero. Cuando está por concluir el rodaje se da en Brasil el golpe militar de 1964 (debe sortear varias situaciones de riesgo) ‘La Tierra Quema’ marca el camino. Le sirve también para ver otro de los tantos tentáculos del monstruo a combatir, de ese enemigo común, el imperialismo.

Humberto Ríos (su profesor en la escuela de cine) cambia su rol convirtiéndose en camarógrafo de Raymundo. Se programan y organizan proyecciones para el debate… ‘Los Traidores’, ‘Informes y testimonios’, y ‘Operación Masacre’ de Cedrón basada en la novela de Rodolfo Walsh. Época y proyecciones sobre documentales y cine prohibido recuerdan los años de dura clandestinidad en el Estado español de los refugiados políticos del FRAP en Francia fundamentalmente, donde había una amplia organización y una UPA (Unión Popular de Artistas) activa y competente en Teatro, Murales, Comic, recitales, descargas musicales, etc; masivos encuentros en las escalinatas de Montmartre buscando al visitante del interior (E.

español), hacer militantes y venta de material prohibido. Se llenaban aulas, centros de cultura, casas regionales de la emigración, se buscaba lo más dinámico e inquieto cultural y políticamente haciendo representaciones antiimperialistas, se exponían grandes murales en el Marché aux Puces, Ciudad Universitaria y comedores populares para estudiantes entre otros locales vinculados con la emigración latina entorno a la II República y la fuerte resistencia antifascista, además de analizar la lucha internacional de los pueblos y agresión imperialista sobre éstos, se programaban para el debate ‘Por quién doblan las campanas’ ‘Morir en Madrid’ ‘Gernika’ ‘Espoir/ La sierra de Teruel’ ‘El Jarama’ ‘The Spanish Earth’ ‘Casas viejas’ ‘Carne de fieras’ ‘La caza’, debates entorno a Ramón J. Sender ‘Réquiem sobre un campesino español’… En cualquier lugar filmación y debate iba atrayendo visitantes del Estado, emigración y nativos hacia un caudal de imágenes desconocidas y posiciones revolucionarias entre pequeñas obras del Teatro de guerra d` Miguel Hernández y Lorca, poesía y descarga de canciones semana tras semana.

Raymundo recibe por parte de los padres el nombre de un guerrillero francés asesinado por los nazis; hijo de una familia en cuya casa se funda el célebre teatro IFT (ubicado en el popular barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires) “Este joven rebelde trabajó desde muy chico y llegó a ser verdaderamente un grande, uno de los principales realizadores de cortos y largometrajes documentales, políticos y de ficción sobre Argentina y América latina. Tanto él como su cine, silenciados, censurados y perseguidos con odio irracional, fueron durante décadas innombrables. Símbolos de una rebeldía y una esperanza colectiva que había que borrar -literalmente- del mapa a sangre, tortura y fuego”… Guía referente para todo revolucionario que de ello se jacte. El militante cineasta forma parte integrante del Museo Malvinas con la “Sala Raymundo Gleyzer”. Crítico y director de cine especializado en documentales, también hizo otro tipo de cine como las películas comentadas, igualmente trabajó como periodista, a la vez que era militante del PRT. A medida que la situación política en el país empeora su compromiso militante no tiene límites. Raymundo nace en Buenos Aires. Padres, Jacobo Gleyzer y Sara Aijenbom (según la opinión mayoritaria ruso-ucranianos) ambos activistas y actores del teatro independiente. Le ponen el nombre en honor al guerrillero Raymundo Guyot, líder maqui, que los nazis habían ejecutado esos días cuando Raymundo nació (no llegaron a registrar Guyot, no se lo permitieron en el registro civil) iba a ser su segundo nombre -Mi papá le decía así: Raymundo Guyot -cuenta su hermana Greta.

“Raymundo comenzó su temprana militancia en la juventud del Partido Comunista.

Esa fue su primera experiencia política. Pero aquel viejo reformismo no lo conformó. Conmocionado íntimamente por la vida y el pensamiento de ‘Che’ Guevara, Fidel y por la Revolución Cubana (visitó la isla y tomó contacto con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica [ICAIC], por primera vez en 1969. Desde allí se integró al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo). Desde esa experiencia política generó uno de los grupos más radicales e iconoclastas en el ámbito de la cultura crítica argentina, Cine de la Base”… Otro punto del planeta llega a mi memoria, la noche del 15 de enero de 1919 en Berlín, cuando fueron detenidos Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, líderes comunistas en una Alemania pre-revolucionaria que en poco tiempo, dio paso al fascismo encarnizado, gracias a la socialdemocracia. Después del fracaso del intento de levantamiento general de la clase trabajadora, la socialdemocracia que gobernaba, impuso una represión sin límite utilizando a grupos paramilitares (guardias de asalto) para hacer todo el trabajo sucio. Así fue que estando Rosa y Karl escondidos, fueran traicionados aquella noche fatídica, para posteriormente tras torturarlos, asesinarlos sin más preámbulos legales. Los traidólares ¿Quien entregó a los dos dirigentes comunistas alemanes?

Mil novecientos setenta y cinco. Año de fuerte oposición contra la dictadura militar franquista. Por igual Argentina vivía una situación caótica represiva. Hervidero de luchas incontenibles. La Triple A (organización terrorista de extrema derecha -Alianza Anticomunista Argentina) comienza acampar a sus anchas. Raymundo como tantos otros militantes de izquierdas les hace frente. Blanco móvil de perfil profesional conflictivo e imagen popular conocida. La obra de Raymundo en el grupo Cine de la Base es crítica respecto a la figura de Perón. Y en particular de la dirigencia sindical peronista… Patente en mi memoria las imágenes de cuando Perón saca la mascara y traiciona a la izquierda “de su movimiento”: aquellos mismos jóvenes que habían luchado para que regrese al país. En Ezeiza, 2 millones de argentinos se nuclearon para recibir nuevamente “a su líder”. La derecha peronista masacra a 200 militantes de la izquierda peronista. Los actos de conciencia de Gleyzer encienden la mecha.

Desarrolla en sus documentales una mirada vinculada a la tradición de izquierda marxista-leninista clásica. Cruzo el Río de la Plata, se me antoja ¿Para qué ir más lejos? Me encuentro en Uruguay. Pequeño país frontera con el Brasil de Prestes. 1973: los militares que recién habían dado un golpe de estado detienen tras un chivatazo, a los máximos dirigentes Tupamaros: Raúl Sendic, Jorge Manera y Jorge Zabalza, Adolfo Wasem, Mauricio Rosencof, Julio Marenales, Henry Engler, Eleuterio Fernández Huidobro y José Mújica, en calidad de rehenes, y como trofeo de guerra durante el tiempo que duró la dictadura militar. Hasta 1985, los dirigentes tupamaros fueron recluidos en condiciones infrahumanas de continua tortura, en casi total incomunicación y bajo la amenaza de ejecutarlos si alguna acción del MLN-T, cualquiera que esta fuera, tenía lugar. Los traidólares ¿Quién entrega a los dirigentes tupamaros a los militares fascistas uruguayos?

“Tanto Gleyzer como sus compañeros del Cine de la Base compartían la perspectiva ideológica de Mario Roberto Santucho, máximo dirigente del PRT-ERP. Santucho había publicado en 1974 un libro titulado Poder burgués/poder revolucionario donde analizaba toda la historia argentina -al calor de la Revolución Cubana y la Revolución Vietnamita-, polemizando con dos vertientes del campo popular, el reformismo del PC y el populismo de Montoneros. Mientras polemizaba en el terreno ideológico Santucho promovía (infructuosamente) la unidad práctica con estas corrientes políticas”… 1936. Retrocedamos al año del triunfo del Frente Popular (y año del levantamiento fascista internacional contra la II República en el E. español). En Brasil se encontraba la joven comunista alemana Olga Benario y Carlos Prestes, líder de la revolución, escondidos en una casa clandestina de alta seguridad después del “fracaso” del levantamiento popular contra la dictadura. Una gran represión se desata contra todo progresista y en concreto contra los comunistas, cientos de detenidos, torturados, encarcelados… y fusilados.

çPoca, muy poca gente conocía que en esa casa estaban Olga y su compañero Prestes. Pero alguien que sí lo sabía traicionó, y un mal día fueron detenidos. Olga entregada a los nazis por el propio presidente de la nación, y asesinada. Carlos Prestes torturado y encarcelado durante muchos años. Los traidólares ¿Quien entrega a Olga y Prestes a la policía militar de Brasil? ¿Quién informa de las coordenadas e impide que cristalice la revolución, provocando cientos de detenciones y asesinatos por todo el país?

1973 [año en que el general Perón regresa a la Argentina luego de 18 años de exilio en el Paraguay de Stroessner, en la República Dominicana de Trujillo, y en la España del generalísimo Francisco Franco] año en que el final original, de un documental famosísimo, conserva una imagen del Che Guevara de varios minutos acompañada por una voz en off. En el segundo final… trastocado pues en 1973, por el contrario, los que aparecen en él, son el general Perón y su tristemente célebre esposa Isabel Martínez, enrolada en el macartismo de la extrema derecha peronista… “el grupo «Cine Liberación» se ‘aggiornó’ al regreso del mítico líder moderando su anterior radicalismo político. Mientras Raymundo Gleyzer y el Cine de la Base se mantuvieron firmes en la defensa de una perspectiva clasista y socialista, obrera y popular, aun frente al regreso del general”. Euskal Herria en el punto de mira. Tiempo que se sabe quien entregó Bilbo, o Bilbao, al fascio. Con todas sus industrias intactas para que el fascismo que fue degollando los pueblos más allá de la Península Ibérica, siguiera asesinando a sus anchas: ESE FUE EL ‘PACTO DE SANTOÑA’, el verdadero, el único. Siempre se ha sabido quien ha sido el mayor traidor al pueblo vasco, PNV, esa oligarquía más allá y acá de Neguri con mil tentáculos por el mundo, más que oscuros, de la corrupción ideológico-política. Pero desde entonces haber ha habido mucho traidólares. Los sigue habiendo contra luchadores por la independencia y el socialismo. No hablo de “Lobo y su caperucita” de la época de cuando aún Franco vivía. Desde, y antes de, otras “parejas” (dentro y fuera del E. español) en diferente versión política de “Lobos y caperucitas”, fueron colocados e instruidos, ocupando puestos estratégicos determinantes para seguir maniatando todo intento de revolución. Cumpliendo religiosamente los santos sacramentos y hasta la bendición apostólica para que Euskal Herria (y más allá de su propio mapa), no camine hacia un proceso revolucionario de ruptura con un sistema corrupto, fascista, monárquico. Los traidólares. En Euskal Herria se sabe quienes fueron los traidólares que aún siguen reforzando política y económicamente el cerco de la asfixia.

El referente era Cuba. Desde allí Raymundo envía un informe para el noticiero describiendo la vida en la isla y los alcances sociales y culturales de la revolución. Queda marcado para siempre con el cine de Santiago Alvarez… Y en Argentina se da un hecho que cambia la historia del país “el cordobazo”. Es en Córdoba donde obreros y estudiantes se sublevan contra la dictadura tomando las calles y resistiendo desde las barricadas contra el avance policial y militar (más allá de lo que en Europa fue el Mayo francés). Hecho impactante que no debilita a la dictadura militar. Pero sí enciende una llama revolucionaria que ya no tiene vuelta atrás. Los cineastas revolucionarios realizan dos filmes sobre “el cordobazo”. El compromiso llama a las puertas. Comienza a operar como cineastas la militancia consciente. Raymundo clandestinamente documenta segundo a segundo sin el mayor desmayo la lucha revolucionaria. Su nombre era el símbolo de Cine de la Base. Ocurrió el 27 de mayo de 1976. Nuestro personaje de 35 años, falla a la cita con un amigo… había sido secuestrado. Su casa había sido allanada y la puerta forzada, todo estaba roto y revuelto. Su compañera Juana Sapire, colaboraba en sus películas, tenían un hijo. Los militares lo secuestran y tras múltiples torturas, es asesinado, y desaparecido. Fue visto por última vez junto a el escritor Haroldo Conti, en el campo de concentración El Vesubio. Cuentan quienes así lo vieron, que en los últimos días antes de morir, le habían cortado los tendones de los pies, y dejado ciego.

1954, cruzando el charco. Nos encontramos en el Congreso del PCE celebrado en Praga. Julián Grimau es elegido miembro del comité central. Su actividad le hizo ser una de las personas más buscadas por la policía franquista.

Tras su detención fue condenado en un juicio sumarísimo y posteriormente fusilado por la dictadura del general Francisco Franco.

Grimau fue detenido el siete de noviembre de 1962, fecha de oscuros acuerdos y prebendas a espaldas de la militancia natural. La detención se produjo en un autobús en el que viajaban únicamente él y otros dos pasajeros, que resultaron ser agentes de la Brigada Político-Social (policía política franquista). Obviamente había sido delatado (dos de los máximos dirigentes sabían de sus pasos) y conducido a la Dirección General de Seguridad, situada en la madrileña Puerta del Sol.

“Con la llegada de la democracia” a partir de 1978, se abría teóricamente la posibilidad de revisar, el caso Grimau, y el de otras víctimas de la dictadura. Sin embargo, los acuerdos conocidos como Pactos de la Moncloa supusieron de facto una Ley de Punto Final y del silencio absoluto, de la que el PCE fue el mayor valedor. Se trataba de enterrar y limpiar la historia de crímenes de la dictadura para mejor servir ese oscuro lado del crimen. Y mostrar al régimen “nuevo”, al pueblo y sus militantes (entregando alguno de ellos) sin que nada hubiera cambiado. En la década de 1980, según testimonios de militantes del mismo PCE y de la familia Grimau, el Ayuntamiento de Madrid, época del profesor Enrique Tierno Galván (PSOE), propuso extraoficialmente rebautizar la avenida del Mediterráneo como Avenida de Julián Grimau (existen calles y edificios públicos con el nombre de Grimau en numerosas ciudades fuera del Estado español). Ambos máximos dirigentes (como sombra de la siniestra “pareja” represiva que asoló ciudad, campo y montaña) zanjan el asunto en un santiamén negándose y mostrando su voluntad sospechosa sin remordimiento alguno. Los traidólares ¿Quién entregó a Julián Grimau a una muerte directa?

Unos años más tarde… sin cambiar de escenario ni guión “Valera” (Paulino García), dirigente miembro del Secretariado -cofundador del PCE (ml)- es enviado desde el exilio francés a la antesala del franquismo: su DGS, sus mazmorras, su máquina de tortura (a manos del nazismo golpista un 3 de abril de 1966). Detenido junto a otros camaradas destacados, en la capital del más fiero poder del fascio internacional. Nos encontramos en Madrid. El Partido queda “tocado”, sobre todo la dirección, otros dos miembros a diferentes niveles uno y otra “pareja” en común, son acusados de traidores y apartados provisionalmente. Es ahí, cuando Ángel Campillo “Edu” -cofundador como “Varela” (Paulino García) viendo que el Partido se iba a pique, toma las riendas dando un determinante paso adelante. El secretariado se había quedado con un sólo miembro. Junto a Lorenzo Peña moviliza el conjunto del Partido y es elegido Secretario de Organización. A partir de ese reagrupamiento el PCE (ml) empieza a caminar pese a lo que en esos momentos supuso “la caída de Valera” (inconsciente él entre otros), de la oscura maniobra que ya estaba envolviendo al Partido de arriba abajo, desde el principio de su creación atravesando el mapa de ubicación de su militancia de punta a punta. Fundamentalmente donde estaba ubicado el Secretariado y Ejecutivo, los tentáculos fueron asfixiantes, fulminando el entorno activista. Tentáculos antagónicos al Partido y la revolución. Que iban aportar drásticas consecuencias en los siguientes años, hasta acabar con todo en 1975. Dichos tentáculos (del poder) tendieron su zarpa entre topos, chivos expiatorios y soplones de baja ralea coordinados por los mismos hilos. Dando un carácter de apariencia “serio” de parejas, y hasta izquierdista, en varios de los casos (no como la benemérita o la afiliada a filas del Movimiento camisas negras y azules), sino en traje ‘nuevo y corbata’ de sastre carrillista y su burguesía bancaria, con topos de diferente sexo, de mueca algunos tan graciosa como extraña.

Los dos miembros apartados por sospechas de infiltrados confidentes fueron rehabilitados. Error y pesadilla. Y los dos, uno en el ejecutivo y otra en el C. Central (de un partido embrionario por entonces) ocuparon sendos puestos en el Secretariado al margen de ser o no ser, avalados por el Ejecutivo, que a la hora de cualquier voto del tripartito, caería siempre en sus zarpas. Sostenidas por los oscuros tentáculos represivos. Pero en ese tripartito pese a tener dos partes de su lado, Edu (Ángel Campillo) era una sobra para ellos de mucho peso, estimada por la militancia proletaria consecuente.

Los tentáculos preparaban nuevas zarpas. Coordinación estratégica dentro y fuera del país y acciones desde diferentes direcciones. En febrero de 1969, el camarada Edu, Ángel Campillo, Secretario de Organización dentro del Secretariado (máxima dirección), corre la misma suerte que otro de sus miembros: “Valera”. Es detenido pues por la policía francesa en Burdeos. Y en menos de 24 horas entregado a la policía franquista, a la Brigada Política Social (BPS), donde correría un víacrucis de torturas e interrogatorios de comisaría en comisaría hasta llegar al corazón más crudo del fascio. Pasaría un mes incomunicado. DESAPARECIDO.

Siendo salvajemente torturado hasta llegar al límite de la muerte y la locura. Al igual que Raymundo Gleyzer, sus camaradas, militantes de diferentes niveles de dirección, base del Partido y relaciones internacionales que él llevaba, NINGUNO FUE DENUNCIADO, ni detenido ni perdieron sus vidas. Un mes incomunicado de comisaría en comisaría incluido el psiquiátrico. Edu aguanta el increíble peso sobrehumano tortura a tortura, envilecido, degradado hasta dejarlo como un guiñapo… Los traidólares ¿Quién entregó a Paulino García y a Ángel Campillo (entre otros graves casos hasta 1975, año de las mayores calamidades internas) a la policía franquista?

NOTA

(Lautaro Murúa, director de cine y teatro y uno de los actores de ‘Los Traidores’)

“A Raymundo lo veo como alguien muy valiente y romántico, algo que se repetía en miles de muchachos de su edad”… Raymundo conoce en Nueva York a Bill Susman, un productor que había luchado desde la Brigada Abraham Lincoln, a favor de la II República. Combatió otras dictaduras como la de Pinochet en Chile, donde el presidente Allende muere combatiendo, y el Estadio Nacional se convierte en un campo de exterminio. En Argentina, Perón gana las elecciones con el 62% de los votos, y al poco tiempo, le da su apoyo a la dictadura de Augusto Pinochet y le declara la guerra al marxismo. Ambos, Raymundo y Susman, se hacen grandes amigos, como hermanos. Comienzan a trabajar juntos un film sobre México. Allí viaja Raymundo, donde clandestinamente filma “México, la Revolución Congelada”, producida por el propio Susman. El equipo lo formaban Humberto Ríos, su viejo profesor y camarógrafo, “Pila” esposa de Humberto, Juana Sapire compañera de Raymundo, y Paul Leduc, cineasta mexicano.

Raymundo, entrevistado por el periodista alemán Peter Schumann, denuncia la represión fascista en argentina contra la militancia de izquierda. Con este advenimiento al gobierno de la derecha peronista “Cine de la Base” sufre varios allanamientos e inclusive son baleados. La Triple A, grupos parapoliciales fascistas, liderados por Lopez Rega, el Ministro de Bienestar Social, comienzan a adueñarse de las calles y muchos cineastas y actores deben partir al exilio. Esto no acobarda a Raymundo, quien creyendo en el poder de lucha del pueblo y los campesinos siguió con su tarea de esclarecer y concientizar desde el cine, filmando, por ejemplo “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan” sobre los obreros de una siderúrgica que sufrían el envenenamiento por plomo en la sangre. Nadie los oía o eran perseguidos. Solo la cámara de Raymundo junto a ellos. El 24 de Marzo de 1976, llega nuevamente una dictadura militar. La más criminal. Raymundo es secuestrado el 27 de mayo de 1976, por un grupo de tareas paramilitar… seis días después de regresar de Estados Unidos, en donde había firmado un contrato con la UNESCO para filmar en África.

Varios directores del mundo iniciaron en los festivales de cine una campaña mundial por la liberación de Gleyzer. Entre otros escritores García Márquez escribió una carta pidiendo su aparición con vida. Mientras tanto, el 1 de junio de 1976 Alfredo Guevara, Walter Achugar, Miguel Littin, Carlos Rebolledo y Manuel Pérez publicaron una declaración del Comité de cineastas latinoamericanos reclamando por su libertad. Entonces la CIA informó, legitimando de hecho el secuestro y las torturas, que según su “expediente” en Buenos Aires, en su casa había albergado a refugiados chilenos perseguidos por el general Pinochet. Su madre se convirtió en una de tantas Madre de Plaza de Mayo. Bill Susman (el brigadista) y su hija Susan comienzan inmediatamente desde Estados Unidos una campaña internacional por al aparición con vida de Raymundo, firman prestigiosas figuras del cine: Francis Ford Coppola, Jack Nicholson, Rosellini, Antonioni, Elia Kazan, y muchos mas. Envían también un abogado americano a Argentina, pero éste gran despliegue, no tiene éxito.

Lo que Raymundo Gleyzer generó en la cultura argentina y latinoamericana excede los circuitos y perímetros del universo cinematográfico. Su obra también expresa que se puede vivir de otra manera. Que los cálculos, el egoísmo, las mezquindades y la mediocridad tan habituales en nuestros días, no están en el corazón del ser humano. Son apenas un triste producto histórico. El compromiso vital de Raymundo también demuestra que cuando el estudio y el talento van acompañados de una ética inquebrantable y de una militancia insobornable, la cultura puede transformarse en una arma explosiva y demoledora contra el poder. Y que eso siempre tiene un costo. Raymundo estuvo dispuesto a pagarlo hasta con la vida: “Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuaran (Raymundo Gleyzer, 1974)”… Nadie mas supo de él. Pasó a integrar la lista de los 30.000, y un desaparecido: Raymundo Gleyzer.

Que dejó la sangrienta dictadura militar de Videla entre 1976-1983. Sus compañeros de Cine de la Base, y los demás cineastas militantes salvaron sus vidas por el silencio de Raymundo en las torturas. Se exiliaron por todo el mundo. Su hijo Diego de 4 años y su compañera, se exilian en Nueva York ayudados por el brigadista Bill Susman y su familia. Los traidólares. Permiten que los asesinos caminen libres entre la población argentina, como en la España de Franco, o el Chile de Pinochet.

Finalmente agradecer a Néstor Kohan y naranjasdehiroshima sus datos. Dejo un Gran documental sobre la vida y obra de Raymundo Gleyzer, que bien merece la pena ver y reflexionar sobre él. Recorrido internacionalista, incluida la guerra de liberación contra el fascismo internacional a favor de la República -a través del brigadista y productor de cine Bill Susman. La “desaparición” de Raymundo le deja en el lado oscuro del olvido… El documental busca el objetivo. Devolver lo que la CIA, y la dictadura militar de Videla, no pudo destruir. La memoria sobre los ideales y el valor de la verdad.

Homenaje a Raymundo Gleyzer, a 40 años de su secuestro y asesinato por la dictadira cívico militar.

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