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Oscar López Rivera está feliz, aunque no lo pueda expresar

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La última vez que Oscar López estuvo en Puerto Rico fue a principios de los años 70. Ayer cuando el avión que lo traía de regreso a su Isla se acercaba a nuestras costas, una sonrisa se dibujó en sus labios y sus ojos pequeños brillaban. Este fue parte del relato que compartió ayer su hija, Clarisa López.

“Mi papá es todo risas. Cuando lo fuimos a recoger a la prisión, ya nos estaba esperando. Había diez guardias penales y mi papá sale con la bandera de Puerto Rico. Me tiré de la guagua y lo abracé llorando. Así fue... entre risas, abrazos y mucho amor”, describió entre lágrimas Clarisa, quien aseguró que haría “todo lo que está a mi alcance para que mi papá tenga una reintegracion a la sociedad y con mi familia”.

Sus palabras se dieron en medio de una conferencia de prensa en el coliseo Roberto Clemente, en Hato Rey, poco después de la llegada del exprisionero político al aeropuerto Luis Muñoz Marín. Allí le esperaba la prensa, donde hubo una cobertura atropellada por la falta de información.

López pidió espacio para que su papá no viole las condiciones rigurosas que le han impuesto las autoridades carcelarias federales hasta el miércoles, 17 de mayo, a las 8:00 de la mañana, cuando se le conmuta la sentencia.

López Rivera fue detenido en 1981 y condenado a una pena de 55 años de cárcel por conspiración sediciosa, entre otros delitos, a los que se añadieron posteriormente otros 15 años en 1987 por un presunto intento de fuga.

“No puedo hablar, ni dar mensajes a nombre de mi papá. Lo tenemos en casa, no nos desesperemos. Mi viejo llegó”, sostuvo Clarisa acompañada por la alcaldesa de la Capital, Carmen Yulín Cruz, la abogada Jan Susler, José López Rivera, hermano menor de Oscar y la presidenta de la Asamblea Municipal de la Ciudad de Nueva York, Melissa Mark Viverito.

Todos fueron a buscar a Oscar a la prisión Terre Haute en Indiana y lo acompañaron ayer en su viaje de regreso a la Isla.

Inesperada llegada

“¿Quién se imaginaba el 19 de enero pasado que tres semanas después nuestro campeón y patriota estuviese aquí en suelo borincano? Yo no pensaba que iba a ser así de facil”, dijo, por su parte, el congresista Luis Gutiérrez.

“Celebro porque tengo dos hijas y no me puedo imaginar estar separado de ellas. Siempre he dicho que todo padre debe tener una hija, valiente como ella”, indicó abrazando a Clarisa.

Gutiérrez narró que el 29 de enero Oscar le pidió que intercediera ante el Negociado Federal de Prisiones, y que el 31 del mes pasado habló con el alcalde de la prisión.

“Le dije que estaba en la mejor disposición de ir a buscarlo (a Oscar), incluyendo pagar los gastos de transportación para traerlo. El martes de la semana pasada me dijo que me iba a entregar la custodia de Oscar”, explicó el congresista y dijo que se comprometieron a guardar discreción.

Susler manifestó que el propio Oscar no supo hasta ayer de los trámites de su traslado a Puerto Rico.

La abogada detalló que, además de reportarse a las autoridades federales, el exprisionaro debe “mantener un perfil bajo”.

Añadió que hoy, viernes, sostendrán una reunión a las 6:00 de la mañana en la cárcel federal para ultimar las condiciones de su confinamiento domiciliario.

La letrada también pidió paciencia a los periodistas y recalcó que no puede conceder entrevistas hasta el 17 de mayo a las 8:00 de la mañana, fecha en que extingue la sentencia.

La Alcaldesa relató que en el avión una azafata le dio unas alitas a López Rivera y después, la jefa de las aeromozas, le indicó: “It’s a honor, sir. Welcome home!” (“Es un honor, señor. ¡Bienvenido a casa!”).

Consciente de que la ciudadanía querrá expresarle su afecto a Oscar, exhortó a que lo hicieran -por el momento- a través de las redes sociales para no interferir con las reglas impuestas.

“Lo que estamos pidiendo es que la mejor forma de decirle gracias a Oscar es que se lo escriban por Twitter, Facebook. Tómese un selfie, haga un Whatsapp o un Facebook live o corra un maratón, pero no se pare frente a la casa con una vela a cantar ‘Verde Luz’, porque lo que va suceder es que vamos nosotros a violentar lo que queríamos”, reiteró Cruz Soto, quien añadió que la oferta de trabajo que le hizo a Oscar -como coordinador comunitario- sigue “abierta”, pero la abogada indicó que trabajar no es un requisito de las condiciones impuestas.

Mientras tanto, el hermano menor de Oscar indicó que “este es un momento de gran regocijo”.

“Este 14 de febrero se cumplen 20 años que mi madre murió y lo último que dijo antes de morir fue el nombre de Oscar. Hoy queda reivindicada con Oscar, aquí, en su patria”, sostuvo.

Mientras, Viverito indicó que estos son momentos claves para unir esfuerzos con la diáspora puertorriqueña en Chicago y Nueva York.

Poco después de las 4:30 de la tarde cuando el avión del vuelo 783 de American Airlines, procente de Carolina del Norte, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, cerca de 50 personas, muchas de ellas gente que había trabajado en la campaña de excarcelación, quedaron frustrados al ni siquiera poderlo ver de lejos.

Los simpatizantes de López Rivera lo aguardaban en la salida principal, en el sótano del aeropuerto, sin percatarse de que lo iban a sacar por el segundo piso.

Los comunicadores y fotoperiodistas también quedaron atrapados en la confusión sin poder captar para la historia las imágenes de su llegada.

De ahí fue sacado a toda prisa en un vehículo del municipio de San Juan y fue trasladado hasta el apartamento de su hija Clarisa, en Santurce.

Benito de Jesús, hijo del compositor del mismo nombre, fue uno de los pocos que alcanzó a verlo. También asistieron al aeropuerto a recibirlo los exprisioneros políticos Juan Segarra Palmer y Luis Rosa. (Primera Hora - Foto: Alfredo Rolón / Especial para Primera Hora)

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