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Chapecoense: Levantarse Siempre, gambetear la muerte

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Cuando supimos del accidente de tránsito (Febrero 2015) que involucraba al bus dónde viajaba el equipo de mi pueblo, el susto lo calmó la frase “todos fuera de peligro”, sin embargo tras días de hospitalización la noticia de que el “Urugocho” Carlos De Castro, capitán de capitanes había fallecido, nos sorprendió a todos. El luto se colectivizó entre al menos las 5 mil almas que alentamos todos los domingos al rojiblanco. Las fiestas dominicales estarían desde ese día marcadas por la ausencia de este oriental, que supo ganarse el corazón de los merideños con entradas impecables contra los atacantes rivales y con cabezazos gloriosos, que dieron muchas veces el triunfo en los últimos suspiros. En cada córner será extrañado, a cada minuto 19, por su dorsal, la barra le cantará “u-ru-guayo u-ru-guayo”. Su rostro aparecerá siempre en los trapos y la afición jamás olvidará a la leyenda.

La madrugada del 29 de noviembre, cuando supe que un avión lleno de futbolistas estrellase en las montañas colombianas - lugar que pareciera no querer abandonar la muerte tras 60 años de guerra y pese a enormes esfuerzos de las insurgencias para concretar la paz - las paradojas de la vida y de la muerte dieron tumbo en mi memoria. Aquel recuerdo, fuerte en su momento, se atomizaba al lado de la magnitud de esta tragedia. Lo primero que leía era Chapecoense, mientras hacía un esfuerzo por pronunciarlo correctamente. Un equipo brasilero acaso conocido por el mundo del fútbol, surgido de Chapecó, pueblo de apenas 200 mil habitantes, del estado de Santa Catarina, al sur del gigante amazónico. Fundado en 1973 y que hace siete años aun jugaba en la 4ta división, escalando con garra y velocidad hasta lograr en el 2014 el ascenso que lo codeaba con los históricos clubes más gloriosos en la historia del futbol mundial. El Chapecoense, cual David fue venciendo gigantes uno tras otro, hasta llegar inesperadamente a la final de la Copa Sudamericana 2016. Era sin duda el momento más importante en la historia del modesto Club, era su vuelo más alto, jugarían el partido de sus vidas contra el amplio favorito Atlético Nacional de Colombia. Chapecó ya era tan grande como Bogotá o Sao Paulo. Se abría un espacio en la historia del deporte más televisado, y tal vez el más jugado del planeta.

El vuelo más alto resultó también el último. Además de los jugadores y directivos, volaban más de 22 periodistas y otros tripulantes que no podrán escribir la crónica de ese partido jamás jugado, de otra batalla épica del chico que enfrentaba gigantes. Además de los 6 sobrevivientes de la tragedia aérea, otro puñado de jugadores por distintas razones no viajó, entre ellos el arquero Marcelo Boeck quien pidiera permiso por su cumpleaños y el refuerzo argentino Alejandro Martinuccio a quien una lesión le salvó la vida. Sacudido, en entrevista realizada por una reconocida cadena deportiva, con el dolor reflejado por perder a casi todos sus compañeros, en voz quebrada, decía: “…sólo queda mirar hacia adelante y levantarse, desde abajo, una vez más…”

¡Levantarse siempre! pensaba, premisa de todo “pequeño” que busca la gloria al vencer gigantes. Como lo hiciera Cuba una y mil veces, y como lo hace esta noche en la que su Pueblo desborda las calles para despedir la vida material del conductor moral de su proeza. El que también se levantó desde las catacumbas del olvido para erigir una historia de dignidad, pese a los canallas poderosos que muchas veces quisieron también estrellar el avión donde viajara. Como de hecho lo hicieron, en aquel vuelo 455 de Cubana de Aviación, dónde no iba él, pero si parte importante de su Pueblo, jóvenes y deportistas también, 24 campeones de la selección de esgrima, 11 jóvenes Guyaneses que se iban a Cuba a estudiar medicina 5 funcionarios norcoreanos y 33 Cubanos y cubanas más, completaban las 73 víctimas fatídicas de aquel avión, que entre Barbados y Jamaica, fue bajado con explosivos colocados por Posada Carriles, Orlando Bosch y otros terroristas contrarevolucionarios. 71 son los muertos en éste, y los paralelismos son ya incluso cínicos.

¿Cómo no pensar en Cuba en estas noches?, ¿Cuantas veces se ha levantado? de huracanes, atentados, período especial, etc. Jamás pudieron ni podrán quebrantar su moral, y jamás pudieron estrellar a Fidel, era él el avión mayor, y en sus vuelos supo montar a todas y todos los “pequeños” y humildes de Latinoamérica. Ese avión sufrió accidentes, derrotas, pero rápidamente se enmendaba para seguir vuelo. Antes de su último planeo, se convirtió en muchas aeronaves grandes y chicas, que hoy levantan vuelo a distintas alturas, buscando un engranaje, una armonía en tiempos de tragedias y desdichas que exigen maniobras y gambetas heroicas.

Aprendemos de la historia, y también de sus accidentes. ¡Levantarse siempre! es una consigna de vida, desde aquella derrota del Moncada, hasta hoy en Chapecó y Santa Catarina. Que sea Cuba un ejemplo ante esta conmoción que va más allá del futbol. No sé si el Chapecoense vuelva a disputar una final continental, pero sin duda un “equipo chico” no será jamás.

¡Hasta la Victoria Siempre! Por los pequeños que retan a los grandes, y por la grandeza de poder vencerles. Levantemos vuelo, para gambetear la muerte.

*Fidelista, hincha del estudiantes, ahora también del chapecoense y de todo lo que alguna vez pequeño subvierte la historia para poder vencerle.

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Juan Cominges, jugador del Cienciano (Perú)

 

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