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CABECERA DE PAGINA

[EDITORIAL] ¿Quiénes pagamos la crisis en Venezuela?

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El entramado político venezolano pareciera estar resuelto a favor de la revolución si recordamos la derrota a la violencia de calle en el año 2017, la contundente victoria de La Asamblea Nacional Constituyente y las siguientes elecciones regionales y municipales favorables para el chavismo.

Sin olvidar el valor político que estos hechos representan, el elemento económico no deja de agudizarse y carece de respuestas acertadas por quienes deciden nuestra política económica. Así, se inicia este nuevo periodo enfocando la atención a la formalidad del diálogo político con la oposición, respondiendo de forma inmediata con la programación de las elecciones presidenciales en el país. Pero, qué pasa con las decisiones que a nivel económico deben estar batallando de forma simultánea con las decisiones políticas.

Las agresiones no se detienen y ahora la ofensiva imperial estadounidense mueve su ficha militar en la jugada geopolítica contra Venezuela, aparece como “mediador” ante la situación de crisis y conflicto interno que se atraviesa. Es evidente el reacomodo por el control sobre América Latina y la avanzada neoliberal de los gobiernos en la región le favorece.

Hoy la presión económica es el factor utilizado políticamente para provocar el estado de conmoción, que en el caso venezolano se ha tornado en una crisis inducida mediante la progresiva inflación determinada en buena parte por el mercado cambiario ilegal, basada en las distorsiones generadas por la política cambiaria y la inacción del gobierno que se deja arrastrar por la lógica estructural del capitalismo rentista venezolano. Las secuelas de esta conformación económica son vividas de forma asimétrica y desigual por la población venezolana: mientras para la clase trabajadora y asalariada que representa más del 80% de los hogares venezolanos[1] se ve reducido su poder adquisitivo con respecto a los bienes de consumo necesarios -pese a los recientes aumentos salariales hechos por el gobierno nacional para amortiguar este recalentamiento económico- y el desempleo le acecha vorazmente; los grandes comerciantes, banqueros, monopolios y empresas transnacionales son doblemente beneficiados en esta coyuntura: son ellos quienes crean y consumen la crisis inflacionaria a través de la captación de divisas preferenciales por parte del Estado para luego succionar el devaluado salario de lxs trabajadorxs al desabastecer el mercado interno y elevar los costos de los pocos bienes que ofertan a la población venezolana.

Queda claro que la bisagra para la desestabilización inducida que se vale de las falencias estructurales económicas no solo engloba a la derecha venezolana sino sectores internos del gobierno –no comprometidos en transformar políticas económicas que sobrelleven la coyuntura- que se disputan no el bienestar social de lxs venezolanxs sino el control y manejo de una economía de corte rentístico.

No prestar la debida atención y ocupación a esta crisis económica que ocasiona un daño moral irreversible en la sociedad venezolana pero sobre todo a los históricamente vulnerables, lxs pobres, significaría el derrumbe devastador de lo que la revolución bolivariana representa material y simbólicamente a nivel nacional, continental y mundial: La esperanza de emancipación, conquista y defensa de la soberanía de los pueblos.

 


[1] Inflación en Venezuela: ¿profecía autocumplida? - por Pascualina Curcio: http://www.15yultimo.com/2016/11/04/inflacion-en-venezuela-profecia-autocumplida/

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