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CABECERA DE PAGINA

[¿Quién es el responsable?] Transporte privado masivo: un ‘derecho’ en descenso

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¿Desde cuándo está en crisis el servicio de transporte ‘público’ en Mérida? Se alargan los plazos y se hace cuesta arriba determinar el comienzo. Ya desde septiembre del 2017 oíamos las amenazas: “Ante las dificultades por las cuales atraviesa el transporte público en Mérida, el Sindicato de Transporte aumentará la tarifa en el servicio”; "La ciudad amanecerá con un paro de transporte (6 a10 am) y toma de la Alcaldía de Mérida, como medida de presión en favor del aumento del pasaje urbano en la entidad merideña” reportaban portales regionales. Para noviembre del 2017 al menos el 60% del transporte estaba paralizado y para marzo de este 2018 se avizoraba el saboteo al subsidio del pasaje estudiantil, tercera edad y diversidad funcional y con ello la puesta en marcha de tan solo el 15% de la flota de vehículos dispuestos a garantizar la movilización de los y las merideñas.

Movilizarse en la ciudad y desde sus afueras hacia esta, ha pasado de encarnar el citadino y sobrepoblado caos al verdadero infierno en la tierra. Desde la desaparición de las líneas de transporte, merideños y merideñas se movilizan en camiones de carga pesada, buses piratas que cobran el doble del pasaje regular, colas, y rutas alternas. El verdadero transporte público garantizado por Tromerca, permite la movilización de cientxs de ciudadanxs que a diario se mueven a sus trabajos en vagones repletos de personas, sin embargo, el sistema colapsa al no tener su homólogo masivo en rutas internas.

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“Yo camino alrededor de tres kilómetros para llegar a la estación principal, allí debo hacer una cola de dos horas y luego subir (…) al llegar a Mérida debo caminar hasta mi trabajo por toda la avenida los próceres. Al terminar mi jornada, si no encuentro un bus pirata o un camión de carga, debo caminar al centro de la ciudad, hacer la cola dos horas más y de allí bajar a Ejido en trole”, nos comenta José Colmenares, residenciado en Campo Elías.

“Subo a Mérida a las 6 de la mañana y voy llegando a las 9. Mis hijos estudian cerca de la casa. Ya para el mediodía debo estar saliendo de mi trabajo para poder recogerlos a las 4 de la tarde. Al final sólo puedo trabajar medio día, el resto del tiempo se me va subiendo y bajando” Elizabeth Guillén, Campo Elías.

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Alrededor de seis horas gastadas en movilización para quienes habitamos las ciudades dormitorio; al menos dos horas de cola en paradas de buses, kilómetros de caminatas para toda la población, asedio en el verdadero transporte público y muchas horas más encerradxs en casa sin movilizarnos para más de lo estrictamente necesario. Así vivimos en Mérida y en toda Venezuela, la crisis alimentada por un sistema de transporte que por años llamamos público y que luego reconocíamos, se trataba simplemente de un transporte privado masivo. Hoy día, vemos como el sistema de transporte, ni público ni masivo, se encarece y restringe dejándonos a lxs pobres, al margen de la ciudad.

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Paros, aumentos de pasaje, suspensión de subsidios, retención de vehículos, flotas piratas, suspensión del servicio, han sido los pasos dados por transportistas para confrontar la crisis del transporte masivo que tanto nos anunciaban. Nos preguntamos: ¿Quién toma las decisiones?, ¿De quiénes depende que lleguemos a casa o salgamos a trabajar?, ¿Quién tiene en sus manos nuestro derecho a movilizarnos?,

¿Qué rol jugamos lxs pobres?,

¿Y si nos organizamos?

Nuestro derecho a la ciudad, ¿de quién depende?

 

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