[#28SEP] Aborto seguro: ¿Una deuda actual?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 12 minutos muere una mujer en el mundo como consecuencia de abortos clandestinos.

Este 28 de septiembre se celebra un nuevo día de acción global por el acceso al aborto legal y seguro. En consonancia con la fecha, colectivas feministas e individualidades marcharemos en Caracas, desde la Plaza Morelos hasta la Asamblea Nacional, en lo que se bautizó como la “Ruta Verde” por la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Las exigencias de esta plataforma reciente versan sobre la derogación de los artículos 430 (aborto procurado), 431 (aborto consentido), 433 (aborto agravado) y 434 (aborto por honor) del Código Penal venezolano; la redacción de una nueva ley que permita el aborto seguro y cuya construcción tome en cuenta como principales protagonistas a las organizaciones defensoras de mujeres, niñas y adolescentes. Y finalmente la promoción del debate público, basado en evidencias científicas y desligado de consideraciones morales y religiosas como corresponde en los Estados laicos.

Ante la inminencia de esta lucha que hoy cobra relevancia en Venezuela, vale la pena preguntarse: ¿Es la pugna por el derecho al aborto un reclamo pertinente en contra de la opresión de las mujeres? ¿Posee el Estado venezolano una deuda histórica con las colectivas feministas? ¿Qué impide avanzar en la legislación?

El Estatus del aborto en Venezuela

El 40% de los países del mundo penalizan la práctica del aborto, en latinoamérica pocas naciones contemplan el derecho a la interrupción voluntaria dentro de su legislación. Venezuela por su parte es uno de los países más restrictivos, permitiendo la interrupción sólo a través de la “media causal”. Esto significa que es posible únicamente en caso de que corra peligro la vida de la mujer gestante.

Existen problemas para determinar con precisión el escenario por el que atravesamos en cuanto a derechos sexuales y reproductivos, así como el de la violencia machista. Estos, como la mayoría de los temas sociales en Venezuela, se encuentran bajo un “apagón” de datos oficiales que merece análisis.

Citando el informe “Datos para un debate urgente, informe de atención de la línea aborto: información segura” publicado a finales del año 2019 por la organización Feministas en Acción Libre y Directa por la Autonomía Sexual y Reproductiva (FALDAS-R), tenemos que:

Debido a la falta de datos oficiales recientes, diversas organizaciones se han abocado a la realización de investigaciones relativas a salud sexual y reproductiva en el país. Es así como el equipo de investigación Entrompe de Falopio indicó que para el año 2016 hubo un total de 756 muertes maternas, especificando que la mayor parte de estas muertes de mujeres gestantes ocurrieron debido a cuatro complicaciones obstétricas: hemorragia, sepsis (infecciones), hipertensión y abortos inseguros (2018: p. 63). Por su parte, la coalición Equivalencias en Acción realizó un seguimiento a 4 instituciones hospitalarias durante los meses de agosto a diciembre del 2018, período en el que se registró “un total 2.246 abortos (15 abortos diarios en promedio)” (2019: p. 34). Estos abortos fueron finalizados en dichas instituciones e informados por las pacientes en su atención, sin embargo, la cifra no especifica cuántos de estos son inducidos y cuántos espontáneos.”

La realidad es que en general sabemos muy poco, más allá del inminente hecho de que las mujeres pobres -con la penalización- abortan clandestina y masivamente. Ponen en riesgo sus vidas producto de la desinformación y la falta de acompañamiento, recurren a métodos improvisados e inseguros, lo que representa un problema de salud pública.

Según el mismo informe citado anteriormente, la línea de atención telefónica “Aborto: información segura” (dedicada al suministro de información confiable y certificada por la OMS a mujeres que buscan interrumpir embarazos en Venezuela) durante el año 2018 registró un total de 757 llamadas, mientras que en 2019 ese número aumentó a 1142 llamadas.

El debate bioético

Por otro lado, es precedente en múltiples países una discusión (más bien poco visible en Venezuela) en la que lo único claro es que no hay consenso, y es la que tiene que ver con los principios éticos de la vida y lo que implica en ese nivel la interrupción de la gestación.

Aunque existen múltiples posiciones fundamentadas en distintas visiones sobre el inicio de la vida y la concepción (algunas más conservadoras que otras), por ningún motivo la resolución de un problema de salud pública puede reducirse a ese debate. Mucho menos cuando en esa discusión se desdibuja la ética con coherencia y se reemplaza por el imperio de la moral, en nuestro caso venezolano, religiosa. 

En ese sentido resulta urgente primero, develar el estatus real de la situación del aborto en Venezuela, y segundo, generar políticas públicas cuya ética se base en la defensa de los derechos fundamentales de las mujeres.

La vigencia revolucionaria del derecho al aborto

Las corrientes del feminismo popular en Venezuela “cobran” hoy una serie de deudas históricas del proceso revolucionario, que en los momentos de mayor fervor y agitación política no fueron atendidas o se desarrollaron a medias. Otras medidas son constitucionales pero no existen en la práctica (en el sentido más institucional). El cumplimiento parece alejarse cada vez más en el horizonte con los retrocesos del Proceso Bolivariano.

Dentro de ciertos porciones de la izquierda venezolana a la que podríamos llamar “ortodoxa” existe un debate en torno a la pertinencia de las demandas del movimiento feminista revolucionario. Este sector al mismo tiempo se enfrenta a la seductora cooptación de un feminismo “liberal” que desdibuja el problema de la opresión de género directamente atravesada por la lucha de clases.

El asunto es que en el seno de ese debate, quienes tergiversan el reclamo por el aborto seguro bajo la idea de que pertenece a una agenda que no es nuestra, olvidan por completo que el control sobre los cuerpos y la reproducción es pieza fundamental del engranaje capitalista. En un  olvido similar caen quienes asumen que nuestra lucha es innecesaria porque se separa del objetivo “real” que es la revolución proletaria.

Decía Clara Zetkin en su libro “Reminiscences of Lenin” que:

“Su teoría de que en la sociedad comunista el deseo amoroso y sexual debería ser tan simple y trivial como tomarse un vaso de agua (…) es antimarxista y digo más, antisocial. La vida sexual no tiene las características de algo natural, y sí es un hecho de características culturales”.

Decía también el mismo Lenin, antes del decreto que convirtió a la URSS en el primer país del mundo en legalizar el aborto (1920), que:

“(Es necesario) Exigir la abolición absoluta de todas las leyes contra el aborto o contra la difusión de literatura médica sobre medidas anticonceptivas. Semejantes leyes no muestran sino la hipocresía de las clases dominantes… Libertad para la propaganda médica y la protección de los derechos democráticos elementales de los ciudadanos, hombres y mujeres” 

Lo que está por venir

Aterrizar el debate y la lucha por el aborto en Venezuela requiere necesariamente una valoración del contexto que atravesamos.

Después de varios años de un asedio prolongado y una crisis profunda en la que las mujeres nos hemos visto sometidas al ultraje de la escasez de anticonceptivos, a la ausencia de políticas integrales de salud, a la violencia machista impune y al recrudecimiento de la múltiple jornada laboral que representa el constante sobre-esfuerzo necesario para la reproducción material y de la vida, no podemos permitir más retrocesos.

Hay que decirlo, la falta de respuestas del Estado se conjuga para colmo con la reciente puesta en escena de grupos religiosos en la palestra política con marcadas intenciones contrarrevolucionarias, con marcadas intenciones anti-derechos en esencia. Esto hace que sea imperativa la movilización, el debate, la protesta y el apoyo de los movimientos sociales de base a las colectivas feministas en su ala revolucionaria.

No, el aborto seguro no es una salida individual a un problema aislado. La autonomía sobre nuestros cuerpos es una deuda histórica a saldar que no puede seguir siendo ignorada.

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