[AGROECOLOGÍA] Fertilizantes: escasez de ciencia para la vida.

A mediados del 2021 y en el desarrollo de la pandemia Sars-Cov-2, los países dependientes para su alimentación de altos usos de fertilizantes nitrogenados (NPK), urea, plaguicidas y demás agrotóxicos, comenzaron a llamar su atención por los altos costos de los mismos.

Desde tales momentos, emergió una progresiva alteración en la cadena de suministros global, generados por la pandemia, y que ahora se agudizan por los escenarios de guerra, en especial el conflicto entre OTAN y Rusia en el mundo.

Conflictos bélicos, que nos imponen las secuenciales y simultaneas realidades, que a continuación las enumeramos:

1) Aumentos siderales en los precios de los fertilizantes entre un 300%-400%. Cifras inalcanzables por los agricultores-productores e incidiendo en no poder adquirir sus insumos, para cumplir con sus metas productivas programadas en lo que resta del 2022.

2) La condición del aumento de los costos, se intensifica, al iniciarse los progresivos cortes de suministro de gas por parte de Rusia. El costo del gas en algunos países ya llega a ser 10-15 veces más, que en otros.

3) Empresas productoras de fertilizantes y agrotóxicos de los países: España, Holanda, Francia, Lituania, Noruega, Polonia y Reino Unido, parcialmente han paralizado sus actividades productivas; otras anuncian cierres temporales y reprogramación de productos críticos para darle prioridad al mercado local. En Alemania(1) pareciera que la situación, es aún más precaria, debido a la incertidumbre del abastecimiento del gas ruso y su dependencia industrial. El gas ruso representa una cuarta parte de la demanda de gas para el país. Las industrias más afectadas presagian cierres temporales o definitivos. Entre ellas, las del vidrio, el acero, la farmacéutica y la química, donde el gas se utiliza para fabricar desde plásticos y fertilizantes hasta fibras, y disolventes.

4) Las principales compañías y asociaciones europeas de esta industria, incluidas las españolas Fertiberia y Anffe (Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes) y la Noruega Yara, vaticinan que aproximadamente la reducción de más del 70% de la capacidad de las empresas productoras de fertilizantes nitrogenados (2). Luce difícil o casi imposible asumirlo: el presagiar las distintas contingencias y programaciones en los ciclos de cosechas, para los contratos de suministros a corto, mediano y largo en el próximo año 2023 y 2024.

5) En estos años de pandemia, las cosechas de trigo, avena, arroz, maíz, caña, canola, soya, girasol y sorgo, además de administrar las pérdidas de sus cosechas por los súbitos cambios climáticos (sequías e inundaciones), ahora se les une la escasez de fertilizantes. Los cuales provienen en su mayoría de Rusia. Inevitablemente los precios subirán, porque lo que come hoy Europa se produjo el año pasado. Se agudizarán las hambrunas en el mundo.

6) Quizás, y por primera vez en la historia de su fundación y de manera dramática, el Banco Mundial (3) implora por un uso más eficiente de los fertilizantes, que puede ayudar a garantizar, que los suministros disponibles lleguen a lugares más lejanos, especialmente a los países más necesitados. Los países ricos consumen 100 kg. de fertilizante por hectárea, entre 4 y 6 veces más que los países no adinerados. Por ejemplo: en África Subsahariana consume la menor cantidad: 15 kg. por hectárea (3).

7) Tal distorsión científica tecnológica, en hacer uso de grandes cantidades de fertilizantes, que por mucho tiempo no se volverá a cumplir, directamente incide: en la programación de menos densidad de siembra de los cultivos; en la productividad y los rendimientos esperados, especialmente con los cultivos de las “semillas (mágicas) transgénicas”. Las cuales, han sido diseñadas para ser adictas a los agrotóxicos y continuar su camino de contaminación, destrucción y pérdidas de nuestros suelos, agua y biodiversidad. Generando una caída de las cosechas.

8) Antonio Guterres (4), Secretario General de la ONU expresó: “Existe un riesgo real de que en 2022 se declaren múltiples hambrunas (…) 2023 podría ser incluso peor”(4). «Los problemas de acceso a los alimentos de este año podrían convertirse en una escasez mundial de alimentos el próximo año (…) Ningún país será inmune a las repercusiones sociales y económicas de una catástrofe así” dijó.

Otras reflexiones.

Las restricciones, exigencias, prioridades y las distintas solvencias financieras directas e indirectas para las importaciones y exportaciones, han hecho que los fertilizantes y alimentos sean menos asequibles para los gobiernos. Además, otros países les están dando prioridad a cumplir con las necesidades esenciales de sus mercados locales y poblaciones. Casos: Paquistán, India, Sri-Lanka, entre otros. Para los países con sanciones económicas y políticas, la situación, aún más, se complejizará.

Somos los que creemos que para los años 2023-2024 es cuando más se verá la reducción en el uso de los fertilizantes nitrogenados. No sólo por los inalcanzables precios, también otros agricultores dejaran de utilizarlos. Presagiamos que un buen número de productores avanzaran hacia el tránsito de la producción agroecológica, la cual es más beneficiosa, y estamos seguros provocara rupturas definitivas con el modelo agricola – coorporativo – transnacional.

Para demostrar algunas ventajas de la agroecología, varios investigadores de USA, Reino Unido y varios países africanos durante 30 años compararon algunos indicadores de los cultivos trabajados con fertilizantes químicos, con las prácticas de «intensificación ecológica». El estudio finalmente encontró que cuando se implementan ciertas prácticas, como diversificar la rotación de cultivos, asociaciones de cultivos, abonos verdes y agregar estiércol o compost al suelo, la necesidad de fertilizantes químicos disminuye (4). No se encontraron diferencias significativas entre los rendimientos y la productividad de los cultivos.

Científicos del Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido, por más de 10 años de observaciones y seguimiento, revelan que aumentando la biodiversidad de flora y fauna en los espacios productivos, se incrementan los rendimientos promedios de los cultivos y se siembran mas áreas de trabajo diversificando y aumentando la producción (5).

En nuestra región, afortunadamente contamos con la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecologia, quienes en la celebración de sus 15 años de creación (27/08/2007) han integrado un conjunto de sólidos investigadores: con dilatadas reflexiones teóricas; experiencias prácticas y productivas consolidadas; conocimientos y sabidurías campesinas, orientadas a las distintas modalidades de transición en camino hacia la agroecología. Bastante literatura allí existe.

Procesos que nos enseñan que la dinámica de los cambios y transición son únicos, inéditos y no hay recetas lineales. Se dan pistas, posibilidades, principios, prácticas y estrategias a seguir, las cuales nos están expresando que debemos empezar de inmediato, mientras más rápido se inicie mejor, ya no hay tiempo que perder.

Estas tendencias de la transición hacia la sustentabilidad agroecológica, también reforzará el largo proceso de vida que hemos asumido, al re-significar la producción primaria de alimentos de nuestros campesinos y campesinas. Históricos procesos que seguirán fortaleciendo el indetenible avance de la ciencia agroecológica y sus tantas eco-tecnologías.

Esta propuesta libertaria científica-tecnológica de la agroecología, y para la vida, estamos seguros, nos proviene de las herramientas de trabajo, las cuales actúan como antídotos para distintos embates que sostenemos frente de los cambios climáticos. Además de ello, se armonizan y protegen nuestra inmensa agrobiodiversidad tropical Latinoamérica
¡Avancemos, por nuestra propia autodeterminación agroalimentaria!

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