[EDITORIAL] Retrocesos tácticos y ventajas simbólicas

Tatuy Tv cumple 14 años de existencia. Con algunos logros y mucho más retos, hacemos una radiografía de la actualidad internacional y venezolana en este editorial.


Un rápido paneo global

Los titulares y las tendencias en las redes sociales han estado dominados por la estruendosa derrota de Estados Unidos en Afganistán. Dos billones de dólares, una fuerza armada de 300 mil hombres y un gobierno escogido a dedo colapsaron en pocas semanas. Una debacle que pasó de sorprendente a inevitable de la noche a la mañana.

Mientras los analistas se multiplican en excusas, buscando entender cómo fracasó tan espectacularmente un experimento con tanto apoyo occidental, escapa algo fundamental. El fracaso es precisamente debido al apoyo occidental. Ninguna cantidad de dinero y armas podía cambiar la percepción (real) de un régimen fantoche. Incluso frente a un adversario tan reaccionario como son los talibanes.

Pero los cambios geopolíticos también se vienen dando en este hemisferio. Aunque de forma no lineal, los proyectos neoliberales se agotan cada vez más rápido. Lejanos están los días donde tener la bendición de Washington era una ventaja absoluta. 

El caso de Bolivia es emblemático. El gobierno golpista intentó de todo, desde represión brutal hasta postergar las elecciones, porque sabía que la derrota era inevitable. Con contiendas electorales en el horizonte cercano, los bastiones neoliberales en Brasil, Chile y Colombia corren serio peligro. 

Sin embargo, no queda duda que los gobiernos de (centro-)izquierda en la región, presentes y futuros, enfrentan desafíos mucho más complicados que antes. Frente a una crisis económica, optaron por el camino “conservador” y los proyectos se agotaron. Ahora, la crisis viene agravada por la pandemia, con las contradicciones agudizadas. La falta de audacia significará un ciclo de izquierda aún más corto y escenarios tan tenebrosos como difíciles de predecir.

La pandemia, sin final a la vista, ha acelerado varias crisis políticas alrededor del mundo porque las contradicciones son cada vez más difíciles de ocultar o postergar. La decadencia del status quo abre camino a proyectos de extrema derecha o incluso fascistas disfrazados de “outsiders”. Detrás de las polémicas se esconden los hilos del capital que se reacomoda buscando nuevas formas de extraer plusvalía de las grandes masas.

Movimientos tácticos o históricos

En Venezuela, todas estas crisis se encuentran interceptadas y amplificadas. No por un tema de venezolanocentrismo, sino por las características específicas del proyecto político que aquí se inició hace más de 20 años.

Quienes hemos vivido, y seguimos viviendo este proceso todos los días, a veces necesitamos que camaradas extranjeros nos recuerden lo trascendental que ha sido la Revolución Bolivariana. Si hoy día hay encuestas que revelan que el socialismo tiene una aceptación favorable incluso en Estados Unidos, una pequeña parte de eso se debe a la osadía del Comandante Chávez.

Dicho de otro modo, incluso si el Chavismo desapareciera mañana seguiría siendo una contribución inestimable para las luchas emancipatorias de los pueblos. Estamos hablando del proyecto que rompió el consenso de Washington en el continente, que demostró que la historia no estaba ni de cerca llegando a su “fin”.

Pero este recordatorio de la dimensión del proceso nos hace falta a veces porque los últimos tiempos han sido de retrocesos. Retrocesos en lo que son las principales banderas de la construcción del socialismo, tanto desde el punto de vista material como discursivo. A la par, (re)surge el sector privado como actor principal en la economía. Enemigos históricos como FEDECÁMARAS y FEDENAGA se han convertido en interlocutores privilegiados para el gobierno.

Naturalmente, nada de esto tiene lugar en un vacío. Venezuela es el blanco de una agresión imperialista casi sin precedentes, sanciones que han causado decenas de miles de muertos en la esperanza (de Washington) de colocar a su marioneta en Miraflores. Es en medio de este bloqueo que el gobierno ha optado por el camino de la liberalización en aras de atraer inversión extranjera.

Algunos defenderán que todas las decisiones son “la única alternativa posible”, lo que obviamente es falso, pero ese no constituye el debate más importante. Partiendo de la premisa de que por lo menos los retrocesos se asumen como tal, la pregunta es si son movimientos tácticos o desviaciones históricas definitivas.  

La batalla simbólica

Durante mucho tiempo, Estados Unidos justificó su hostilidad hacia al Chavismo alegando, correctamente, la falta de “libertad” para las empresas privadas. En pocas palabras, buscaba defender el capitalismo y los intereses de sus corporaciones. Sin embargo, se podría argumentar que las condiciones presentes son perfectas para el capital: legislación a su medida, bajos salarios, servicios casi gratuitos, sin olvidar los abundantes recursos naturales.

¿Entonces, por qué Washington no levanta simplemente las sanciones y abre las puertas del paraíso a las empresas norteamericanas? La respuesta es muy importante de ambos lados. 

Cuando se habla de la agresión contra Venezuela, la explicación inmediata es el interés en las riquezas del subsuelo venezolano. Esto es obviamente cierto. Sin embargo, hay otra dimensión tanto o más importante: la necesidad de aniquilar cualquier proyecto que amenace la hegemonía norteamericana. Simbólicamente, el Chavismo va mucho más allá de un gobierno, un marco legal, etc. Es una posibilidad real y reciente de que se puede construir una sociedad alternativa, justa y socialista. Y eso es tan aterrador para el imperio como lo es inspirador para los pueblos que luchan.

Esta consecuencia también se refleja del lado venezolano, ya que significa que ninguna cantidad de concesiones será suficiente para el imperio sin que se pueda presentar como una derrota total. En términos muy simplistas, el ejecutivo quiere crear todas las condiciones para los inversionistas norteamericanos y estos quieren invertir. Pero ellos se encuentran con ese obstáculo que representa el proyecto transcendental del Comandante Chávez.

Nuestra misión, ayer y hoy

El contexto actual es de despolitización, desmoralización e individualismo, pero el argumento arriba muestra que es más importante que nunca la batalla simbólica.

La importancia de Chávez hace que no sea viable para los líderes actuales deslindarse del Chavismo. Hasta las encuestadoras opositoras muestran que el Comandante sigue siendo, de lejos, la referencia política más popular en Venezuela. Entonces, lo que buscan los sectores reformistas es “deformar” el proyecto, para que en él quepa toda clase de iniciativas neoliberales, como las Zonas Económicas Especiales o las privatizaciones.

En contrapartida, a las comunas y otras organizaciones populares de base les toca oponerse para no ver eclipsado su papel en el proyecto revolucionario o hasta su existencia misma. Pero para hacerlo, tanto en su discurso como en su práctica, cuentan con una ventaja simbólica inestimable: el legado de Chávez. Un faro tan claro como alentador en una lucha que, como lo señaló el Comandante, es de clases.

El hecho de que, hasta en medio de una terrible crisis económica, el Chavismo mantiene una base dura de apoyo tan significativa no es para nada despreciable. Así sean solo los 20-30% que dice el anti-Chavismo, son 20-30% con mucho más ganas de luchar por un proyecto que considera suyo, a pesar de todas las contradicciones. Porque esta masa anónima ha despertado de su largo sueño embrutecedor, y su marcha de gigantes no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia. Este es un adversario formidable tanto para los enemigos externos de la revolución como para los que la pretenden destruir desde adentro.

De nuestra parte, el compromiso está tan claro como siempre. Sabemos que nuestro lugar es al lado de las clases oprimidas; no tenemos ambiciones de privilegios ni de riquezas, sabemos que la sociedad que anhelamos muy probablemente no estará edificada en nuestro tiempo. Ese desprendimiento son los “sentimientos de amor” que mueven a los revolucionarios como decía el Che Guevara. 

Cualquier consejo campesino que luche por la tierra, cualquier comuna que dispute un medio de producción, cualquier sindicato en huelga, cualquier pueblo que enfrente a las transnacionales, sabe que encontrará en Tatuy Tv un micrófono, una cámara o un artículo, que acompañe sus demandas y retrate su perspectiva de lucha. Tenemos la seguridad de estar del lado correcto de esta lucha de clases, para dar la batalla simbólica en defensa de este proyecto, de la mano con el pueblo humilde y combativo y por la construcción de un mundo mejor.

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