[EDITORIAL] Explotando la infelicidad: la industria de la autoayuda

La autoayuda, junto a sus parientes cercanos de la psicología positiva y el mindfulness, se ha vuelto un tema ubicuo en nuestra cotidianidad. Desde los contenidos en redes sociales a los bestsellers de las grandes cadenas, se ha generado una industria muy lucrativa alrededor de una meta: la búsqueda de la felicidad individual.

Más allá de libros y reels, la oferta de respuestas sencillas a este desafío ha permeado también el cine y la televisión, creado especialistas de coaching por doquier e incluso cambiado horizontes políticos, asociando las ideas de libertad y felicidad.

Previsiblemente, la burguesía y las corporaciones multinacionales encontraron también la forma de aprovechar estos nuevos nichos. Las empresas invierten sumas millonarias en programas basados en la autoayuda y la psicología positiva para reducir el estrés y aumentar la productividad de sus empleados.

Sea por iniciativa propia o a través de programas corporativos, la ilusión de que la felicidad está a 10 sesiones de coaching o a un libro de distancia busca enmascarar la creciente desigualdad y explotación de un sistema capitalista en permanente crisis y reinvención.

Un origen no tan positivo

La literatura de autoayuda había tenido una existencia limitada a sectores minoritarios de las elites dominantes sobre todo en EEUU e Inglaterra desde su aparición a mediados del siglo XIX. Fue a raíz del surgimiento del movimiento del pensamiento positivo en los años 90 del siglo XX que el movimiento ecléctico de la autoayuda logró dar el salto a las grandes ligas de los escenarios globales.

Hubo tres eventos fundamentales para la consolidación de esta nueva ideología. Primero, el nombramiento de Martin Seligman, promotor del pensamiento positivo, como presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) en 1998. Seligman transformó la APA en un caballo de troya del pensamiento positivo para imponerlas en espacios académicos y políticos tanto dentro de EEUU como en los espacios internacionales.

Al mismo tiempo, Sir Richard Layard, colaborador de la APA y asesor financiero del gobierno de Tony Blair en Reino Unido, trabajó fuertemente en divulgar el pensamiento positivo en la teoría económica, generando un inusitado reconocimiento de la doctrina en los espacios de la opinión pública mundial. Así se consolidó una marcada ideología en torno a la “felicidad” promovida por el pensamiento positivo.

El último avance fue la alianza del Seligman y la psicología positiva con la Fundación Templeton y John Templeton Jr., uno de los grandes donantes al Partido Republicano estadounidense hasta su muerte en 2015. La Fundación Templeton, de corte conservador y religioso, que cuenta entre sus financiados a otro amigo de la psicología positiva, Milton Friedman, se ha convertido en la principal financista de este movimiento en el siglo XXI.

El resultado ha sido una proliferación gigantesca de una industria construida alrededor de la psicología positiva. Según la International Coaching Federation (ICF), en 2023 existían más de 109 mil coaches profesionales ofreciendo talleres y charlas a 1,3 millones de clientes. Los ingresos excedían los 4.500 millones de dólares para el sector. 

En el caso de América Latina y el Caribe se contabilizan casi 17 mil trabajadores del sector y según estimaciones del Monitor Coaching Venezuela 2023, 11 mil trabajarían en Venezuela, mayoritariamente en la banca y los consorcios nacionales e internacionales. 

51% de estos profesionales del coaching se ubican en la región capital, 82% se formaron en Venezuela y 42% específicamente en Caracas, 65% son profesionales egresados de carreras universitarias del sector comercial o administrativo, 65% son mujeres y 60% ronda el grupo etario que va de los 41 a los 57 años.

20 universidades venezolanas avalan competencias en coaching y existen 30 escuelas que certifican coaches. Entre el 2022 y el 2023 la industria facturó 822.242 dólares, revelándose como un sector en pleno crecimiento y con alta influencia entre los directivos de las grandes empresas del país. Las principales corrientes de coaching en el país están concentradas en el “coaching de vida” y el “coaching ontológico”, ambas ampliamente influenciados por la psicología positiva y las prácticas holístico-místicas individuales 

La autoayuda y la despolitización

La psicología positiva y la autoayuda (1) generan en sus seguidores una concepción “emprendedora” hacia la vida. La solución de los problemas y el camino hacia el bienestar se equiparan a las inversiones que haría un empresario para alcanzar ciertos beneficios. 

En la medida que cada persona se da cuenta de que puede alcanzar la felicidad exclusivamente a través de las propias acciones, el concepto se aleja de todo fondo colectivo y social. En este sentido, el sociólogo Sam Binkley clasifica esta concepción de felicidad como claramente neoliberal, mientras Slavoj Žižek habla sobre los “emprendedores del yo”.

La felicidad, en el marco del pensamiento positivo, se ha convertido en un instrumento ideológico enormemente eficaz para justificar algunos de los aspectos más crueles de la economía de mercado. También ha permitido introducir nuevas técnicas para reconfigurar las concepciones de trabajo y trabajador, adaptándolas a las nuevas necesidades y exigencias del ámbito empresarial.

Esta ideología viene desmontando los vínculos colectivos que regían la integralidad social y comunitaria. El propio campo de la política queda desmontado. No es nada extraño que en los últimos tiempos la derecha se haya apoderado de este pensamiento para glorificar una libertad individualizada al extremo por encima de los vínculos sociales y los proyectos colectivos de cambio.

Bajo el neoliberalismo, el Estado se reduce, dejando de ser vehículo de cualquier aspiración social para ejercer solamente potestades de administración, regulación y uso de la fuerza. Al mismo tiempo, el sujeto político soberano, en esta concepción que tanto sirve a la industria de la autoayuda, se convierte cada vez más en simple capital humano. Su valor no se construye con todos sino contra todos y desde la competencia. 

El fin último del neoliberalismo es reconstituir todos los ámbitos de la vida dentro del marco del mercado. Todo, incluyendo las emociones, son recursos, una potencia para ser desarrollada, explotada o aprovechada para obtener ventajas en un mundo de actores competitivos. Así, la felicidad se concibe como empresa del autodesarrollo, un leitmotiv mismo de la vida neoliberal, su extensión más radical en el ámbito de la existencia privada.

No es sorprendente que estudios recientes muestren una tendencia despolitizadora a nivel global. La ‘Encuesta Mundial de Valores’ realizada en 77 países verificó que menos del 47% de la población consideraba la democracia un elemento importante en su vida. En esta misma línea, el último informe elaborado por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (abril del 2023) señaló que tan solo en 30 países de los 173 investigados se podía verificar la participación de sus ciudadanos o actores comunitarios, en el ejercicio político o en la movilización ante alguna situación que ellos consideraban un problemática política.

El estudio concluyó que elementos como la desigualdad, la precariedad y la incapacidad de las estructuras gubernamentales para generar seguridad, amparo, felicidad y tranquilidad eran algunas de las razones por las cuales los ciudadanos y ciudadanas estaban dejando de creer en la figura del contrato social democrático.

La nueva gubernamentalidad (2) neoliberal y el discurso de psicología positiva y autoayuda son síntomas del capitalismo tardío (3), dos caras de la misma moneda que se retroalimentan. 

Hacia soluciones colectivas

El gran desafío de la izquierda global en el presente es desarrollar nuevos mecanismos de politización y crear propuestas alternativas al pensamiento positivo individualista y emprendedor. Es necesario crear nuevos significados para palabras como “esperanza” y “optimismo” así como reconocer en la inconformidad y la ira emociones necesarias para unir nuevamente el terreno íntimo con el terreno colectivo y político.

Dicho de otro modo, es necesario romper la ilusión de que en el marco del capitalismo, especialmente en el contexto neoliberal, la “salvación” es un reto individual y que las grandes estructuras sociales son un mero obstáculo o trasfondo. No es coincidencia que los ejemplos de éxito repetidos en exceso, como Elon Musk son producto tanto de la desigualdad sistémica como de la explotación de la clase trabajadora.

La socióloga marxista Eva lllouz ha sintetizado de una forma extraordinaria este desafío:

“El mundo interior no es un lugar en el que queramos vivir. Tampoco es el lugar desde el que podamos conseguir ningún tipo de cambio social significativo. Estar obsesionados con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, emociones, comportamientos, cuerpos, elecciones, necesidades y deseos; con su gestión constante, su vigilancia diaria, su cálculo permanente y su control incesante, no nos lleva lejos… La voluntad de cambio social y el rechazo del orden existente le debe mucho a sentimientos como la ira y la indignación. Estigmatizar con empecinamiento esos sentimientos negativos es estigmatizar de facto la estructura emocional del malestar social”

Por más difícil, y a veces decepcionante, que pueda ser el intento de transformar las estructuras económicas y sociales, esta es una opción más realista y justa que la que nos ofrecen los discursos dominantes del neoliberalismo. La única autoayuda que realmente funciona es la autoayuda colectiva que se llama política. Una política que asuma la lucha de clases y transforme el malestar social en victorias populares que le den fundación a una nueva sociedad.

(1) Aunque el discurso de autoayuda toma muchos elementos de las metodologías usadas en la psicología positiva, se puede diferenciar claramente en dos elementos: 1. El discurso de autoayuda obedece a una popularización y vulgarización de ciertos elementos de la psicología positiva en conjunto con una amplia gama de prácticas ancestrales y precientíficas, en algunas cosas rechazadas por la propia psicología positiva; 2. La autoayuda es propiamente el brazo comercial de la industria de la felicidad que en muchos casos tergiversa fundamentos de la psicología positiva con fines comerciales.  

(2) Por gubernamentalidad entendemos todas aquellas técnicas para construir subjetividad y control externo e interno del individuo, según muestra Michel Foucault en El nacimiento de la biopolítica. En el caso específico que tratamos acá, nos circunscribimos al uso que hace Wendy Brown del término, específicamente en su libro El pueblo sin atributos “la gubernamentalidad representa un distanciamiento del poder de ordenar y castigar que se dirige a sujetos particulares y hacia el poder de conducir y obligar a las poblaciones a obedecer “a distancia”. Entendiendo “a distancia” como un dominio interiorizado en el propio individuo, en este caso el discurso de autoayuda que gestiona las nuevas desigualdades y concentraciones de riqueza, el desenraizamiento y destitución de poblaciones, y el desmantelamiento de las solidaridades públicas y sociales “a distancia” de la formas tradicionales de control.

(3) En el marco de este texto tomamos las características más novedosas del capitalismo; la financiarización de capitales, la globalización de la inversiones  y la precariedad sustancial de sector obrero, junto a la crisis del estado-nación como mecanismos de regulación del capital en el mercado mundial, todos estos elementos y su marco histórico e ideológico constituye lo que genéricamente llamamos capitalismo tardío.

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