[ENTRELUCHAS] Desmenuzando la violencia de género

Desde que nacemos nuestros cuerpos y cuerpas están signados por cánones de belleza ajenos a nosotres mismes. Estándares que no cumplimos la mayor parte del tiempo, y que a lo largo de nuestra vida nos señalan, constriñen y destruyen nuestra naturalidad como seres sentí-pensantes. Esta realidad marca un nivel de apoderamiento de estructuras sociales sobre los cuerpos y cuerpas, dándole poder a unes sobre otres, sobre todo cuando se trata del poder de vender, señalar, burlar, acusar u oprimir.

A pequeña escala vemos como la sociedad plantea relaciones de poder de unas personas sobre otras, normalizando este apoderamiento sobre el sentir de les otres. Destruyendo cualquier atisbo de querer asumirnos como naturalmente somos. A gran escala, los medios de comunicación, las redes sociales, las instituciones basadas en la lógica patriarcal, delimitan las cuerpas de las mujeres constantemente. Sin embargo existe una lucha por la posibilidad de que otras cuerpas y otros cuerpos sean conscientes de su existencia y puedan revelarse contra ese sistema explotador.

El capitalismo ha instaurado socialmente que cualquier cuerpo/cuerpa disidente pueda ser disminuido, vejado, y asesinado de ser necesario con el apoyo fuerzas represivas oficiales y civiles. Estos últimos solo son una pequeña representación social de los valores capitalistas de opresión, dominación, y poder, ejerciendo gran violencia sobre los cuerpos de las mujeres, niñas y adolescentes. Esto como su expresión de dominación y explotación de un cuerpo sobre otro.

La violencia de género

Rita Segato entre sus investigaciones menciona que debemos ubicar la violencia de género en su fase histórica, denominando la fase actual como la Era Apocalíptica del Capital, donde se han extremado las concepciones de los dueños del capital. La “dueñidad” como ella la denomina, es la expresión de los feudos corporativos que tienen el poder sobre la vida y la muerte, y eso incluye el proceso de adueñarse de cuerpos y cuerpas humanes.

La violencia de género se vuelve una situación crítica a diario, cientos de mujeres son violadas y/o asesinadas a nivel mundial simplemente por ser mujeres, precisamente por esa distorsión simbólica, material y estructural de creerse dueños de nosotras. Son miles de interrogantes que nos surgen al respecto, ¿cuáles son las construcciones sociales que permiten a los hombres sentir tal poder? ¿Por qué nos siguen matando? ¿Hay alguna responsabilidad por parte del Estado en los femicidios?

Para esto, conversamos con Yanet Segovia, antropóloga e investigadora venezolana, fundadora del Grupo de Investigaciones Expresiones y Representaciones de la violencia en América Latina y El Caribe (VALEC) y profesora de la Universidad de Los Andes, considerando necesario entender más sobre los elementos sociales que permiten la continuidad de la violencia hacia las mujeres y niñas.

La construcción del poder en las relaciones sociales

Para comenzar le preguntamos a la profesora Segovia, cuáles son las construcciones sociales que permiten a los hombres sentir poder sobre las mujeres: “hay que tener presente que existe un vínculo muy estrecho e insalvable entre el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Estos tres elementos confluyen en la producción de la opresión de los hombres hacia las mujeres, de los diversos tipos de violencia que se ejercen sobre las mujeres. Es producto de la incidencia del modelo occidental moderno. Desde el nacimiento de la modernidad, que se instaurara desde el nacimiento de la burguesía, del modo más tarde capitalista neoliberal y la condición colonial en relación con el sistema patriarcal. El vínculo entre el patriarcado y la colonialidad es uno de los ejes transversales que también debemos tener en cuenta para explicar esta relación de violencia”.

Debemos entender que en el capitalismo convergen diferentes formar de opresión, violencia y discriminación que actúan sobre las mujeres, los hombres, las personas intersexuales, y sobre la naturaleza toda a lo largo de la historia, para Segovia “la inquisición es un momento histórico donde se funda la modernidad. Fue un espacio donde la mujer se ubicó como blanco principal. En esa intención de dominación la inquisición en un 90% tuvo como víctima fundamental a las mujeres, quienes fueron el punto de mira de ese gran miedo de Occidente, donde la mujer fue víctima de las violencias más atroces. Hay una relación histórica, política, filosófica y epistemológica en episodios donde descansan este tipo de violencia”

Nos permitimos ver que existe una violencia estructural e histórica, subyugante de la materialidad que es el cuerpo, la cuerpa, la existencia misma del ser, en un mundo donde la fuerza, la violencia y la supremacía de unos cuerpos sobre otros se objetivan y absolutizan como elementos de control y dominación.

La expresión del poder a través de los femicidios

Los femicidios siguen abarcando los titulares de los medios y los contenidos virales en las redes sociales, así que nos seguimos preguntando ¿por qué el hombre quiere expresar su poder a través de los femicidios? A esta pregunta la investigadora responde: “hay una violencia estructural profunda desde donde debemos mirar la violencia que el hombre ejerce históricamente sobre la mujer. Es ahí, en la violencia estructural donde todos somos víctimas, todas y todos somos víctimas, incluso los hombres que matan a las mujeres son víctimas de esa violencia estructural. ¿Por qué? porque ejercer violencia, a menos que sea un caso patológico, crea displacer sufrimiento. Todo tipo de violencia implica un sufrimiento social que hay que tomar en cuenta. Por lo tanto hay que ver cómo está violencia que ejerce el hombre sobre la mujer, hace referencia a que esos hombres violentos fueron también víctimas cuando niños de la violencia ejercida hacia las mujeres de su entorno. Seguramente por violencia ejercida por los padres, los padrastros, los abuelos, los tíos, que significó para él un sufrimiento social, también un sufrimiento personal humano que luego ellos reproducen”

Yanet, ¿Qué hay con el papel del Estado? ¿Cuál es su responsabilidad con la grave situación de femicidios? “Ojalá el Estado generará políticas, no solamente en el papel, sino políticas eficientes para proteger a la mujer. Políticas para también educar al hombre, para hacer una transformación profunda que no implica nada más la sanción contra el hombre sino también unas políticas profundas de transformación de esos modelos que existen”. Es importante destacar que la investigadora además hace un planteamiento interesante: el de apostar a identificar los aspectos claves que permitan establecer desde la comunidad, desde el sujeto comunitario, una lucha profunda ante las violencias.

En este caso, con todo y que se considera que la postura de generar una comunidad que trabaje en erradicar la violencia de género como una forma de vinculación es parte fundamental de la solución del problema, se debe hacer énfasis en que al Estado le corresponde generar y fortalecer las políticas transversales que permitan una re-educación social hacía las situaciones de violencia, y que profundice en métodos sanos para la erradicación de sus distintas manifestaciones.

Es necesario resaltar como ambos elementos, la comunidad y el Estado, generan el ambiente para la construcción del ser colectivo, de la identidad colectiva que permite visibilizar las distintas formas de violencia y dominación que nos subordina a diario. En este sentido, Segovia propone apostar por el sujeto histórico que está allí en las comunidades: “desde el feminismo comunitario. Identificando algunos aspectos claves que permitan establecer el horizonte desde donde puede situarse una lucha profunda, y donde se permite la recuperación. Desde una reflexión desde el sur y una reverencia epistémica más profunda, recuperando nuestros cuerpos, nuestras historias, y nuestras propuestas.”

Por la construcción de nuevas formas de vincularnos

Aunque históricamente la defensa de los derechos integrales de la mujer ha avanzado a pasos agigantados, es claro que la violencia hacía la mujer se mantiene y se profundiza. Siguen doliendo las miles de mujeres violentadas, vulneradas y oprimidas. ¿Qué más requiere nuestra lucha? ¿Cuáles son los elementos que se necesitan modificar para avanzar hacía una verdadera liberación? ¿Podemos considerar que entre mujeres tenemos una identidad colectiva? Para entender si la lucha que estamos dando realmente socaba las bases del sistema patriarcal, debemos revisar la identidad que construimos como mujeres, como sujetas políticas.

Para Yaneth “la identidad no se construye solamente en torno al género, o al sexo. Como lo han desarrollado algunas feministas. La identidad también se genera desde el territorio, la pertenencia a un grupo cultural que tiene una historia común, desde la condición de clases. Por esta razón el pensar un nosotras pasa por reconocer las similitudes y abrazar las diferencias entre las mujeres. Contexto en el que nace o donde decide estar, por ejemplo las mujeres indígenas, campesinas, afro que se identifican con un feminismo comunitario se piensan desde sus pueblos y sus comunidades”.

¿Se puede cuestionar el camino que han tomado muchas organizaciones feministas que han enfocado su lucha a dominar espacios de poder cedidos por el sistema capitalista, terminando siendo integradas al sistema, y que de ninguna forma buscan cambiar sus estructuras de origen? “Mi posición frente a esto es que la liberación de las mujeres pasa también por la liberación de sus comunidades, por la superación del racismo, por la construcción de alternativas de vivir, de otra manera. No existe un horizonte de justicia real, y a la inversa este horizonte no es viable si en las luchas comunitarias no se prioriza y se modifican la relaciones de poder patriarcal.”

Por eso es necesario hacer preguntas, cuestionar los aprendizajes, revisar los métodos de crianza, la educación en muchos aspectos, porque como lo expresa la profesora Segovia, todos y todas fuimos criados en patriarcado, por lo tanto está alojado profundamente en cada ser constituido, el patriarcado ha moldeado nuestras formas de pensar, sentir y relacionarnos “este camino que refiere al plano de lo subjetivo está lleno de decisiones que vamos tomando con el fin de ser coherentes, y también por nuestra necesidad de una vida más plena. Reivindicándonos como humanos con derechos a moldear nuestro modo de vivir. La necesidad de construir un poder contra hegemónico implica que el sujeto de cambio construya y desarrolle también desde su interior la hegemonía propia, cuya naturaleza debe ser radicalmente diferente a la hegemonía practicada por el poder constituido del capital. Y eso es un trabajo que nosotras y nosotros deberíamos centrarnos, en ese trabajo con las comunidades. Hacer posible que nuestras mujeres de alguna manera vayan interiorizando estos procesos, no solamente nosotras como personas, sino hacerlo con las comunidades.”

Es una tarea de todos y todas sanar las heridas que el patriarcado ha abierto, y en comunidad lograr construir nuevas formas de percepción y relación “Sanar para desmontar los mecanismos que desde hace tanto años se han construido para mantenernos sumisas, y para construir a un hombre que somete.” Segovia hace referencia a un elemento que expone Francesca Gargallo en sus investigaciones, “pone como ejemplo el afecto. En el marco de las familias patriarcales, el afecto funciona como un mecanismo para la imposición de normas y valores, eso crea sufrimiento a todos y a todas. A cambio de la obediencia de las hijas se brinda afecto y protección por parte del grupo familiar, y el afecto se fundamenta en la construcción de la subjetividad. Así el amor es concebido como el lugar donde se premia la subordinación de la mujer.

Es indudable que constantemente se deben revisar cuáles son esos elementos que se repiten a diario, las regulaciones materiales, simbólicas, que construyen y mantienen vivo al patriarcado. Al mismo tiempo que en la lucha por transformar la realidad, organizándonos y luchando, logremos generar nuevas formas que nos permitan recuperar relaciones saludables, emancipadas y emancipadoras. Sobre todo que conlleven a seguir cuestionando las lógicas patriarcales. Porque algo que no se puede negar, que ya nadie puede negar, es que en este punto muchas mujeres están diciendo ¡Basta! Basta ya de tanta violencia, queremos dejar de sentir miedo hacía nuestros hermanos, primos, amigos, desconocidos. Ahora más que nunca sentimos la necesidad de repetirnos que ¡Juntas somos infinitas!  

Redacción
Silvana Solano

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