[ENTREVISTA] Aimee Zambrano: “Exijamos un sistema de justicia con perspectiva de género”
Aimee Zambrano es una antropóloga, investigadora y consultora venezolana que ha realizado importantes contribuciones a la lucha contra la violencia de género en el país. Actualmente cursa una maestría en Estudios de la Mujer. Es fundadora del Monitor de Femicidios Utopix, una plataforma que recopila datos sobre femicidios de fuentes abiertas. En esta entrevista, Zambrano arroja luces sobre los principales retos de Venezuela en cuanto a la agenda de reivindicaciones feministas.
¿Cómo ha evolucionado la violencia de género en Venezuela en los últimos años?
Es complicado saberlo porque no hay cifras oficiales. El antiguo Fiscal General, Tarek William Saab, presentó algunas, pero no lo hizo de forma desglosada, habló de manera general sobre un período de su gestión. Entonces es muy difícil evaluar qué cambios han ocurrido, sobre todo numéricamente.
Nosotras hacemos un subregistro [en el Monitor de Femicidios de Utopix] a partir de los casos que aparecen en los medios de comunicación, por ende, no son cifras oficiales. Pero a partir de allí surge una caracterización.
Venimos realizando el monitoreo desde el 2019 y vimos un incremento con relación a los femicidios consumados en el 2020, debido al confinamiento por la pandemia de COVID-19, lo que además implicó un aumento de todos los tipos de violencia de género, no solo en Venezuela, sino en la mayoría de los países del mundo.
En 2019, que fue cuando iniciamos el monitoreo, habíamos contabilizado 167 femicidios, luego, en el 2020 contabilizamos que la cifra subió a 256 femicidios. Para el año 2021 hubo una disminución y contamos con 239 casos. En 2022 y 2023 fueron 240 y 201, respectivamente. En 2024 contabilizamos 188 femicidios, y para 2025 estimamos que la cifra estará alrededor de 165.

Hay una disminución respecto a los femicidios consumados. Ahora, cuando nos vamos a lo que tiene que ver con otras formas de violencia, por ejemplo, los femicidios en grado de frustración, estamos viendo un incremento con relación a los años anteriores y esto es una señal de alerta, porque son intentos de asesinato de mujeres que dejan consecuencias físicas, psicológicas, sociales, tanto en la sobreviviente como en su entorno.
También hemos visto un incremento en los femicidios de venezolanas en el exterior, año tras año. Igualmente estamos viendo una gran cantidad de casos de abuso sexual, sobre todo abuso sexual infantil, y de trata, tanto en el extranjero como en nuestro país.
Igualmente, acá en Venezuela no se tipifica la desaparición de mujeres como un tipo de violencia de género pero de acuerdo con diversas investigaciones que hemos hecho, la desaparición o rapto, en el caso específico de las mujeres, niñas y adolescentes, tiene una relación directa con la violencia de género y muchas de estas desapariciones están asociadas a femicidios donde se ocultan los cuerpos o casos de violencia de género donde agresores terminan confinando a la víctima.
Al mismo tiempo, hemos visto una gran cantidad de casos de violencia vicaria, donde el agresor infringe la violencia sobre hijos, familiares o incluso las mascotas.
Entonces, hay una disminución de los femicidios consumados, pero esto no implica que no se estén incrementando otras formas de violencia.
También es importante hablar de la violencia política. En el marco de las elecciones presidenciales del 28 de julio del 2024 ocurrieron dos femicidios y vimos amenazas a muchas lideresas comunitarias por parte de grupos de derecha, que las persiguieron y acosaron. Igualmente la violencia mediática más las redes y la inteligencia artificial. De hecho, tiene que haber cambios en las leyes para que estas nuevas formas de violencia puedan ser sancionadas.
¿Cómo afecta esa falta de cifras oficiales y actualizadas por parte del Estado venezolano en la implementación de políticas públicas efectivas para combatir las violencias de género?
Afecta muchísimo. No es que no haya cifras, sino que no son públicas. De hecho, varias políticas públicas como el Plan para la Igualdad y Equidad de Género Mamá Rosa, los diferentes planes de la patria e incluso la misma Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia dicen que el Estado debe crear un observatorio para las violencias de género.
La ausencia de datos implica no poder medir la eficiencia de las políticas públicas que se están desarrollando. Las estadísticas pueden permitir que las organizaciones también desarrollemos propuestas, pero no sólo legislativas, sino desde los grupos de mujeres, que al mismo tiempo debemos participar en la construcción de estas políticas.

En muchas oportunidades se afirma que el deterioro de las condiciones de vida en Venezuela afecta de manera desproporcionada a las mujeres, pero ¿en qué se traduce esto? ¿También impacta la cantidad de femicidios?
Sí, nos afectó la cultura rentista, la crisis y las sanciones económicas. Ha sido un fenómeno multifactorial. No se cambió la cultura rentista, las políticas públicas dependían de la renta petrolera. Y nos aplicaron una serie de medidas coercitivas unilaterales que afectaron todos los aspectos de la vida.
Siempre en las crisis, los cuerpos de las mujeres pagan todo. Actualmente nosotras tenemos que tener hasta 4 y 5 trabajos, generalmente informales, para poder llegar a lo mínimo. Para quienes tenemos hijos e hijas, es peor aún, porque además está toda la carga de trabajo no remunerado dentro del hogar. Lo mismo pasa con el cuidado de adultos y adultas mayores o de personas con discapacidad, algo que siempre recae sobre nuestros hombros.
En Venezuela la gran mayoría de jefas de hogar son mujeres, que están solas o son parte de familias extendidas de mujeres viviendo juntas y criando a los niños y las niñas. Sumado a esto, las mujeres son las que hacen gran parte del tejido social, las líderesas de calle.
A la par, en el país hay una crisis de servicios, electricidad, agua, gas, esto incrementa aún más los trabajos de cuidado. Hay que ver cómo conseguir el agua para cocinar, lavar, bañar a los chamos, resolver cuando no hay electricidad, o ver cómo cocinar sin gas especialmente en el interior del país, donde el tema de los servicios públicos es espeluznante.
¿Esto impacta sobre la cantidad de femicidios? Sí. Los hombres violentos, agresores, se encuentran en medio de una crisis económica, donde hay desempleo o las ofertas laborales pagan muy poco, se frustran cada vez más y toda esta frustración, ¿hacia dónde la van a dirigir? Hacia las mujeres, sus parejas, sus familiares, el hogar.
Sería interesante ver si el tema del PIB o los momentos de mayor hiperinflación coinciden con picos de femicidios.
Tras los ataques estadounidenses del 3 de enero, vimos el secuestro de Cilia Flores y también el ascenso al poder de la primera presidenta, aunque encargada, Delcy Rodríguez. ¿Qué lectura se le puede dar a esto desde el enfoque feminista?
El bombardeo a Venezuela fue una violación flagrante del derecho internacional, pero además vimos cómo la diputada Cilia Flores apareció, durante la presentación en Nueva York, con golpes en la cara y en el cuerpo.
Incluso se solicitó que tuviera atención médica, lo que indica que durante el ataque ella fue víctima de violencia por parte de los militares estadounidenses y esto, por supuesto, es un indicador de lo que hacen las potencias extranjeras cuando bombardean e invaden otros países, sobre todo en el Sur Global, donde lo hacen para extraer nuestros recursos.
Hablando con amigas, he notado que muchas nos sentimos violadas, como mujeres, con todo esto que pasó. Ahora la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, tiene una tarea muy fuerte: llevar las riendas del Estado con una pistola apoyada en su cabeza. Hay que ser muy valiente para enfrentar esto.
Además de que, después del bombardeo, la amenaza de Trump hacia ella fue muy directa: haces lo que quiero o te irá peor que a Maduro. Es difícil asumir ese rol y tener la responsabilidad de evitar que se pierdan más vidas.

En el contexto actual, ¿cuáles son los principales retos de Venezuela en cuanto a la agenda de reivindicaciones feministas? Tú has llegado a plantear, por ejemplo, la necesidad de crear un plan estructural de emergencia feminista. ¿En qué consistiría?
Lo primero es delimitar cuál es esa agenda feminista, porque en Venezuela hay diferentes movimientos de base, organizaciones, con diferentes posturas políticas, y la polarización hace que a veces sea muy complejo unificar los puntos. A veces hacemos el intento, pero se vuelve a fragmentar por hechos políticos concretos.
Yo diría que está el tema de la violencia de género y también la despenalización del aborto en Venezuela, algo que nos unifica a muchas. También exigir un sistema de justicia que tenga perspectiva de género y feminista porque el actual es construido desde una perspectiva androcéntrica, patriarcal, es decir, es una justicia creada por los hombres y para los hombres. En este momento se está implementando una ley de amnistía, entonces esto tiene que entrar allí.
Con un plan estructural de emergencia feminista nos referimos a la necesidad de que no sea únicamente el Ministerio para la Mujer y la Igualdad de Género el que se encargue de las políticas públicas referidas al tema de las mujeres y de la población LGBTIQ+ sino que tiene que ser todo el Estado.
No estoy diciendo nada nuevo porque esto ya aparece en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y también en el plan Mamá Rosa, que la idea era que terminara en el año 2019, pero no se implementó casi nada de lo que está estipulado.
Todos los ministerios, todos los entes adscritos, todas las instituciones del Estado, gobernaciones y alcaldías incluidas, tienen que abocarse al tema referido a las mujeres y se necesita un presupuesto robusto para esto. Por ejemplo, el Ministerio de Comunicación tiene que hacer campañas permanentes en los medios de comunicación y las redes sociales sobre las diferentes formas de violencia, sobre las líneas telefónicas y sitios donde se puede denunciar.
El Ministerio para la Vivienda tiene que dedicarse a la creación de las casas de abrigo. El Ministerio de Educación tiene que revisar los pensum para incluir el estudio del género, de la Educación Sexual Integral (ESI), de los diferentes tipos de violencia y además instruir protocolos de atención en escuelas, liceos y universidades. Además, todos los funcionarios y las funcionarias del Estado tienen el deber de formarse sobre el tema.
¿Cómo evalúas el retroceso del Estado en ciertas áreas y la creciente ‘ONGización’ apalancada por el financiamiento occidental?
Es complejo porque para iniciativas, actividades, marchas, se necesitan recursos y muchas de nuestras organizaciones no los tienen. Además, aquí entra otro factor, que es todo el tema de los grupos religiosos, sobre todo de los evangélicos pentecostales, que han crecido mucho en Venezuela, tienen presencia dentro del Estado y dentro de los partidos políticos. Además son personas con mucho dinero, lo que les permite hacer campañas, movilizaciones, etc.
Los movimientos feministas enfrentan muchos obstáculos, porque además la mayoría tiene varios trabajos, que atienden el hogar y la comunidad. Entonces es difícil tener el mismo ritmo de esos grupos evangélicos y de grupos conservadores de derecha.
Creo que tenemos que ubicar bien quiénes son los enemigos de nuestros derechos y a partir de allí evaluar las contradicciones y articular los movimientos de mujeres y los feministas.
Hago la distinción entre mujeres y feministas porque hay organizaciones de mujeres que no se asumen necesariamente feministas. Pero tenemos que crecer, ver qué temas nos unifican y comenzar una serie de acciones. Yo siempre hago ese llamado: a pesar de las diferencias políticas, intentemos unificarnos con base a una agenda que nos arrope a todas.

¿Cómo influyen las redes sociales en la generación de violencia, especialmente en la violencia de género?
Pienso que la violencia siempre ha estado presente, pero ahora se habla más de ella porque se han desnormalizado o desnaturalizado algunas formas de violencia que creíamos algo normal o común.
Además, las redes sociales, el internet, permiten que todas nos enteremos de diferentes casos en distintas partes del mundo.
Pero, por otro lado, tenemos el tema del anonimato y la falta de control, es decir, la gente puede decir cualquier barbaridad, amenazar, insultar y cometer violencia facilitada por la tecnología.
Las redes también permiten que se armen manadas virtuales que caen en cambote para infringir violencia y también hay ciertos influencers en Instagram, YouTube y TikTok difundiendo ideas descabelladas, tipos como El Temach en México, que te hablan desde sus machismos, lo que algunos llaman “masculinidades tóxicas”, pero yo llamo “hijo sano del patriarcado”.
Aquí también hay otro punto: el algoritmo. Por ejemplo, un adolescente comienza a buscar contenidos sobre ejercicios y al poco tiempo, el algoritmo le va a presentar a estos influencers, así se masifican y generan comunidades como los incels, y a través de foros como Reddit, se organizan.
Esto también rompe todo el tejido social presencial y la gente termina aislada pero sintiendo que no está aislada sino “acompañada en las redes”. Todo esto genera trastornos como la ansiedad y la depresión.
Además, las adolescentes y mujeres entran en el tema aspiracional de tener cierto tipo de cuerpo, de la violencia estética, etc. En fin, no lo digo desde un punto de vista moralista, pero sí ha fomentado mucha violencia.
Aparte, ¿quiénes son los dueños de estas redes? ¿Qué ideología profesan? ¿Para qué las están utilizando? Tenemos que investigar para armarnos y dar esta batalla.
Publicado originalmente en Venezuelanalysis.
