[JUSTICIA] Ante la vil agresión a las integrantes del Comité de Madres en Defensa de la Verdad: Desagravio para con lo que hemos sido

El pasado 5 de agosto, aproximadamente a las 10 de la noche, más de 50 madres fueron golpeadas, robadas y amenazadas por un grupo parapolicial. Cerca de 70 personas, muchas de ellas encapuchadas, atacaron una manifestación pacífica con armas de fuego y objetos contundentes. De manera incomprensible, sucedió frente a la sede del Tribunal Supremo de Justicia en Caracas, sin que ningún cuerpo de seguridad interviniera, pues se habían retirado casualmente un poco antes.

En un país asediado por el imperio, con cotidianas declaraciones de parte de las autoridades sobre amenazas terroristas y conspiraciones para acabar con la República, inexplicablemente la entrada de la sede de uno de los poderes del Estado, que vivió un connotado ataque hace unos años, estuvo sin resguardo policial. Esto facilitó un vil ataque a madres, a algunos de sus hijos y a sus acompañantes. Solo exigían justicia frente al máximo tribunal del país, en el marco de una vigilia pacífica.

Ver: DENUNCIA PÚBLICA Más de 50 Madres golpeadas por grupos parapoliciales frente al Tribunal Supremo de Justicia

La justicia negada

Más de un año de suplicio tienen las madres, un largo y accidentado camino que ha vivido varias etapas: desde las primeras horas de no comprender las razones de las detenciones, la violencia, el aislamiento y la falta de información; meses sin poder ver a sus hijos, hasta conocer luego las penurias que sufrían, las depresiones, los intentos de suicidio y algunas muertes de detenidos.

Las madres y familiares, de diferentes estados, sufren por no tener recursos para ir a verlos a Tocorón o para comprarles alimentos. El proceso judicial también ha estado plagado de irregularidades, como las audiencias colectivas y telemáticas a altas horas de la noche, sin información previa, y la imposibilidad de elegir abogados de defensa, viéndose entregados a defensores públicos asignados que tienen cientos de casos y no terminan de atender ninguno.

En medio de las angustias e incertidumbres, las madres pudieron encontrarse, conocerse, y las circunstancias las obligaron a vencer el miedo, a alzar la voz e iniciar reclamos por sus hijos. Alimentadas por la solidaridad, han aprendido de procedimientos y de solicitudes; acompañándose para llorar y orar, han reunido la fuerza y la confianza necesarias para fundar el Comité de Madres en Defensa de la Verdad.

Conscientes del contexto donde se produjeron las detenciones de los jóvenes, tanto las madres como los y las activistas que las acompañan han reconocido que hubo protestas violentas, asesinatos y destrucción de bienes públicos. Y han reiterado una y otra vez que las instituciones pertinentes deben investigar, según los procedimientos de ley, y dictaminar lo necesario para hacer justicia.

Tampoco hay que olvidar todos los antecedentes de muertes y caos en el marco de llamados de la ultraderecha a subvertir el orden. En su honor se realizaron actos y marchas, se hicieron pronunciamientos y declaraciones, pero al día de hoy sus casos están impunes, sin detenciones, sin veredictos, en el olvido. Corren la misma suerte cientos de campesinos asesinados que luchaban por un pedazo de tierra para producir, para vivir en Revolución.

Hemos vivido múltiples coyunturas y disputas en estos más de 20 años, y siempre hemos estado en las calles, defendiendo la posibilidad de construir una sociedad justa. Como pueblo, hemos sumado vivencias como para saber diferenciar casos, contextos y motivaciones. Las detenciones de muchos jóvenes pobres, habitantes de nuestros barrios populares, en el marco de las protestas después del 28 de julio de 2024, nos obligan a reafirmar lo que hemos sido siempre: militantes populares que ponen el cuerpo por las causas justas.

Ver: https://www.instagram.com/reel/DNBmYBEuYHc/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MTExcGYwbWUwMzN3NA==

Los olvidados

El Comité de Madres en Defensa de la Verdad tiene como consigna principal: “Ni terroristas ni delincuentes, ¡nuestros muchachos son inocentes!”, y solo quieren demostrarlo. Que la Fiscalía no sentencie públicamente, extralimitando sus funciones; que los tribunales cumplan los procedimientos de ley; que sea humano el trato durante la detención; que se ejerzan los beneficios correspondientes a los procesados; que tengan libertad plena durante el juicio.

Es lo que piden las madres donde las reciben, donde las escuchan. Lamentablemente, han sido pocos los sitios, pocos los dispuestos a escuchar sus argumentos, sus pruebas, sus evidencias sobre las irregularidades de los procesos, sus razones y sus sentires. Esto se aplica no solo a las instituciones públicas, que tienen en teoría esa obligación, sino también a cualquiera, individuos u organizaciones, que se sientan movidos por la necesidad de justicia. Deben permitirse escucharlas, tanto los que creen que entre los hijos de las madres que hacen parte del comité existen algunos responsables de delitos, como quienes sienten que ellas tienen razón, pero temen ser solidarios y prefieren el silencio antes de los señalamientos que seguramente sufrirán por no respaldar el relato oficial.

Las propias autoridades venezolanas han “arreglado” poco a poco las detenciones masivas post-electorales, con la liberación con medidas cautelares de presentación, a cerca de 1700 jóvenes de los 2000 apresados, según cifras oficiales. El Fiscal General ha dicho públicamente que la revisión de los casos restantes está en manos del Tribunal Supremo, lo que motivó la vigilia frente a la autoridad máxima judicial de la nación.

Los jóvenes pobres de los barrios suelen ser víctimas fáciles cuando hay que imponer “ley y orden”. Y aunque la oposición los use para su propaganda, las acciones demuestran que no son su prioridad. Son detenidos de segunda clase para ellos, por eso ni los nombran ni están en sus listas para negociar libertades. En la reciente negociación tripartita con ciertos factores opositores y con el Gobierno de Estados Unidos, solo cerca de 25 jóvenes fueron liberados de Tocorón del grupo de 250 excarcelados nacionales.

Esa dirigencia de la oposición de ultraderecha no solo nunca los vio, ni nos verá, como parte de la solución de los problemas del país; son solo carne de cañón para sus planes. Por eso no les interesaron las protestas pacíficas populares luego del 28J, y solo les importaba azuzar las que buscaban violencia y muerte para justificar sanciones e intervención militar extranjera.

Por otra parte, el Gobierno definió un relato sobre los sucesos y sus más de 2000 detenidos que generaliza la responsabilidad de los casos graves, igualándola a situaciones de violencia previas, generando una especie de castigo colectivo, de criminalización equiparada a todo aquel que esté en cualquier centro de detención, negando las circunstancias de cada caso. Las madres y abogados han denunciado una y otra vez la falta de pruebas, las contradicciones en los informes policiales y la falta de sustento para cargos tan graves como “terrorismo”. Pero las instituciones de justicia no se atreven a cuestionar el relato, a pesar de la evidencia, generando miles de situaciones de injusticia que han sido denunciadas públicamente por el Comité.

En realidad, pocos se atreven a cuestionar el relato oficial sobre estas detenciones; por ello el silencio injustificado, por ello la no resolución ni la ejecución de los principios básicos establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Y no hace falta hilar muy fino para darse cuenta de que tanto sufrimiento puede ser evitado, solo asumiendo que no todo lo que sucede debe ser tratado como parte de una guerra de posiciones entre el Gobierno y la oposición o Estados Unidos (u otra justificación universal: la contradicción imperio-nación). Asumir humildemente los errores, corrigiendo lo necesario a favor de las mayorías, reafirmando lo establecido en la ley, en fin, haciendo lo que siempre hemos querido hacer, siendo lo que hemos sido, es la postura más revolucionaria.

El derecho a la protesta

Hemos sido rebeldes, desobedientes, contestatarios, y nada de eso es contrario a la disciplina necesaria para llevar a buen puerto un proceso revolucionario. Todo lo contrario: sin tener la posibilidad de señalar, de criticar y de levantar la voz, no es posible realizar la gran proeza que nos trazamos junto a Chávez, por muy lejana que parezca hoy en día.

Imposibilitar la autonomía popular, la capacidad de pensar con cabeza propia, sin la oportunidad de ejercer una participación protagónica —no enunciativa, sino realmente efectiva, con capacidad de incidencia sobre lo que sucede— es la fórmula para acabar con el tejido comunitario-social necesario para subvertir la lógica del capital. En sentido contrario, por eso, la protesta social es una vía privilegiada para hacer crecer las fuerzas populares, para generar aprendizajes y experiencias necesarias para gobernar democráticamente.

Y, claramente, el ataque cobarde, que las instituciones pertinentes parecen no querer investigar, solo intenta detener la protesta, la exigencia, el reclamo de una iniciativa popular que ha sabido, con todo en contra, sostener actividades que les permitan visibilizar su causa. Cada vez que fueron posibles, en medio de las duras limitaciones que la realidad económica, social y política del país les impone, han logrado sumar cientos de voluntades, gracias a la fuerza irreductible de una madre que exige justicia.

Para esas madres que no se rinden están escritas estas líneas, con mucha bronca y vergüenza, pero también con el orgullo que genera saber que hay mujeres que levantan su voz ya no solo por sus casos, sino por el de muchas, y que, en momentos difíciles, han sabido encontrarse para hacer, para obligarse a exigir sus derechos. Esta realidad nos debe interpelar directamente. Por eso desde aquí les decimos que cuentan con nosotrxs y agradecemos su esfuerzo, tanto el de las madres como el de quienes las acompañan asumiendo grandes riesgos y señalamientos: a Thaís, a todas y todos los integrantes de Surgentes y a diversas individualidades y organizaciones que se han sumado al reclamo justo por la liberación de los jóvenes detenidos. Para ustedes, ¡mucha fuerza para continuar la lucha y gracias por la dignidad!

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *