[OPINIÓN] A propósito de la reconversión monetaria y el “producir juntos”

Los obreros gastan lo que ganan, mientras que los capitalistas ganan lo que gastan


Este 1 de septiembre, según lo dispuesto en la Gaceta Oficial N°42.185 del 6 de agosto del presente año, comenzó la renovación en la expresión monetaria de precios y valores en todos los establecimientos públicos y privados, reduciendo en 6 ceros el cargo monetario de las distintas mercancías y servicios expedidas en el mercado venezolano. Esto último se enmarca en el proceso de la más reciente reconversión monetaria que el país atraviesa.

La mayoría de los economistas concuerdan en que la reconversión solo tiene un objetivo procedimental, a saber, facilitar los procesos contables y administrativos al interior de empresas y establecimientos. En ningún caso representa ni una disminución en el valor de los productos, ni un aumento en el circulante monetario. Tampoco representa un incentivo real para aumentar la producción ni una herramienta para disminuir la deuda pública.

El gobierno nacional ha señalado que esta medida es fruto de la escalada inflacionaria que el país en su conjunto ha resentido, y que la intención es fortalecer el bolívar como moneda de intercambio local. Cabe señalarse al mismo tiempo, lo vulnerable que resulta la reconversión, si el flagelo de la inflación no logra reducirse. Sobre este último punto, el gobierno ha sido muy optimista, apuntando que la medida está enmarcada en una estrategia más estructural y ambiciosa que busca la consolidación del bolívar digital. 

Al margen de la utilidad directa de la reconversión en la economía, la misma ha generado la apertura de una serie de debates en torno a las políticas monetarias en el  país, que van desde los inconvenientes de la política de reducción del encaje legal  hasta el problema de la monitorización del déficit fiscal, pasando por la ya tradicional explicación monetarista de la inflación. Las tres discusiones tienen como elemento común, la reflexión en torno al papel de la moneda en una economía inflacionaria. También comparten el punto de vista que reconoce en la masa monetaria un elemento causante de turbulencia e inestabilidad en la economía, dotándola hasta cierto punto, como decía Marx, de un poder mágico sobre el precio de las mercancías y bienes. 

El fetichismo de la mercancía dinero      

Es evidente para todos que el dinero es un elemento fundamental, ya sea al momento de intentar resolver alguna necesidad o adquirir alguna  mercancía, al vender nuestra fuerza de trabajo o alguna otra mercancía. El dinero en tal sentido, es entendido como un elemento que permite la circulación e intercambio de mercancías, pero es ante todo la forma encubierta por medio de la cual se expresan determinadas relaciones de producción entre personas.

De forma jocosa, el economista mexicano Ramón Ramírez Gómez, al comienzo de su libro La Moneda, el Crédito y la Banca, a través de la concepción marxista afirma, “las mercancías no pueden acudir ellas solas al mercado, ni cambiarse por sí mismas”, tampoco pueden producirse o reproducirse ellas mismas agregaría. Esto último sintetiza lo arriba expuesto, por lo tanto es necesario afirmar que todo proceso de intercambio en el sistema capitalista, amerita mercancías y estas a su vez ameritan una determinada organización del trabajo social.

Entender lo anterior nos permite reconocer en cada unidad de dinero, trabajo social cosificado como valor. Este valor no habita en el dinero, habita en las mercancías como formas del trabajo social; y bajo la necesidad del intercambio, la mercancía- dinero cumple la tarea de barómetro, pero el valor del dinero no existe ni antes ni después del acto del intercambio. No es el dinero el que hace viable la circulación de las mercancías, sino al contrario, son las mercancías que al expresar su valor en el dinero, lo convierten en instrumento de su circulación.

El sentido común nos induce sin embargo, a pensar lo contrario, es decir, que en el dinero habita el valor de las mercancías, “personificando” la cosa (dinero) y “cosificando” las relaciones  de producción entre personas (trabajo social), difundiendo de tal modo, la percepción de que el dinero produce valor.  

Marx llama a esto, en el apéndice del tercer tomo de las Teorías Sobre la Plusvalía el “fetiche más completo”; el fetiche alrededor de la mercancía dinero,  refiriéndose al proceso por medio del cual el capital adquiere renta de su simple circulación, es decir, capital que genera más capital.  Afrontando el proceso de circulación y la fluctuación del dinero frente a las mercancías pudiéramos ser testigos de este hecho, pero antes es necesario tratar la ley de oro del mercado: la ley de la oferta y demanda.   

La competencia perfecta y la ley de oferta y demanda

En la teoría económica tradicional, se asume que la llamada ley de la oferta y la demanda es tan evidente, cotidiana y contundente, que el propio hecho de comprobarla resulta absurdo. Este es un buen ejemplo donde nuestro sentido común pareciera ser infalible. Parece obvio admitir que en un mundo con una cantidad limitada de mercancías y bajo la dinámica de la competencia perfecta, el valor de las mercancías lo determinara la relación de su número en confrontación con la cantidad requerida de ellas.

Una de las formas más curiosas de definir la ley o teoría de la oferta y la demanda, es entenderla como un idioma, a saber: “Si se acepta la teoría como idioma, lo pertinente es su utilidad y no su verdad o falsedad. La proposición: el precio viene determinado por la interacción de las fuerzas de la demanda y las de la oferta es simplemente un intento de construir un sistema de archivo eficaz para clasificar fácilmente, bajo los epígrafes “demanda “y “oferta”, cualquiera de las fuerzas que afectan al precio”[1]. Esta cursilísima definición, no viene de ningún economista marxista ni izquierdista, es de Milton Friedman y puede ser consultada en la introducción de su libro sobre la Teoría de los Precios.

Lo curioso de esta afirmación son dos elementos, primero: la teoría de la oferta y la demanda para el sacerdote del neoliberalismo es simplemente una herramienta discursiva-narrativa; segundo los epígrafes oferta y demanda son usados para organizar fuerzas de distinta naturaleza, rango y acción. Esto último, nos señala claramente a esta ley como narrativa. El dinero encubre otra serie de relaciones y procesos por debajo de ella, es decir no existe en cuanto sí como ley.

Normalmente cuando se habla de la ley de la oferta y la demanda, se habla implícitamente o explícitamente también de la idea de competencia perfecta. Según este principio, los demandantes se encuentran con un número finito, pero amplio, de ofertantes en igualdad de condiciones. Dichos ofertantes compiten entre ellos y generan el rango ideal de precios para el demandante.

Según Friedman, quien altera este perfecto mecanismo es la intervención exógena, con intención de alterar la oferta o la demanda. Al margen de lo señalado por Friedman, la relación entre la ley de la oferta y la demanda solo puede existir como instancia real y valedera bajo los principios de la competencia perfecta. 

Por lo tanto, como se dijo al inicio, la ley de la oferta y la demanda no es un principio, es un resultado. En este caso, resultado de las dinámicas de la competencia perfecta. Antes de Friedman, otro economista con aspiraciones más explicativas que retóricas, intentaba dar razón de la dinámica de esta ley, partiendo de la siguiente pregunta, ¿qué pasa con la ley de la oferta y la demanda allí donde la competencia perfecta no existe?

El economista Michał Kalecki, escribió en 1954 un célebre ensayo titulado Costos y Precios. En él, Kalecki establece dos formas de determinación de precios dentro del mercado capitalista. El primero mediante los costos y  el segundo mediante la “demanda”. En ambos casos lo fundamental es llenar el margen entre los costos directos generales (sueldos y costos de materias primas e inversión en capital fijo) y los ingresos brutos (ganancia).

Bajo el sistema de competencia perfecta, al fijar los precios, las empresas tienen en cuenta los costos directos y también los precios establecidos por otras empresas en el mercado. Si hubiera un excedente de los precios del mercado por sobre los costos directos unitarios de la empresa, esta se vería obligada a aumentar su producción hasta llegar a la capacidad productiva plena, disminuyendo la relación costo/precio. A esto Kalecki lo denominaba “precio determinado por costo de producción”.

Sin embargo, sostiene Kalecki que  en el sistema capitalista lo predominante es el uso parcial de la capacidad productiva y no su aprovechamiento total, lo cual genera que el margen costo/ganancia no se salde según  el principio de competencia perfecta y aumento de producción, sino por imposición de precios.

En un mercado de competencia imperfecta con presencia de oligopolios y monopolios, constante y lógica situación en el capitalismo, los precios son impuestos a partir de la potencia económica de los monopolios bajo el principio de lo que Kalecki denomina “protección de la ganancia “:

“Si el monto de los gastos generales aumenta considerablemente en relación con los costos directos, se comprimirá por necesidad la ganancia a menos que pueda aumentar la relación entre los ingresos brutos y los costos primos. Como resultado de esta situación, puede haber un acuerdo táctico entre las empresas de una industria determinada a ‘proteger las ganancias y, por lo tanto, elevar los precios en relación con los costos directos unitarios.’”[2]

En tales condiciones, aquellas empresas pueden fijar el precio a un nivel superior, sin necesidad de aumentar el margen de su producción. Bajo esta dinámica, la ley de oferta y demanda pierde sentido porque los demandantes no encuentran trasparecía en los ofertantes. La oferta es impuesta al igual que el precio.

Resulta curioso contrastar este último argumento con las recientes  declaraciones de Luigi Pisella, presidente de la Confederación Venezolana de Industriales al portal web ND. En ellas, Pisella admite que el sector industrial está trabajando al 18% de su capacidad instalada, al mismo tiempo insta al estado a eliminar las exoneraciones de aranceles  a los productos importados, todo esto con el fin, según él, de proteger la producción nacional.

En realidad lo que busca proteger el presidente de Conindustria es el monopolio sobre los precios y proteger sus ganancias. Entender la relación de los monopolios en el alza de los precios, también nos ayuda a entender correctamente el fenómeno de la inflación. La inflación no es causa sino efecto del alza de los precios, por ende tampoco la ampliación de la circulación monetaria es una causa sino también un efecto. Debemos entender que es imposible resolver un problema, si el diagnóstico es errado, como afirma el sociólogo venezolano Luis Salas y empezar a observar más la lógica productiva de nuestros empresarios.  

Los obreros gastan lo que ganan, mientras que los capitalistas ganan lo que gastan.

El epígrafe arriba señalado es de Kalecki y resume una educación formulada por el autor en su ensayo Los Determinantes de la Ganancia de 1954. Expone la relación del capitalista y el trabajador con la riqueza. En el reino de las mercancías, el trabajador vende su fuerza de trabajo con el fin de poder comprar otras mercancías, pero el capitalista compra la fuerza de trabajo con la intención de producir más mercancías. Es por eso que gana lo que gasta. Esto sucede como consecuencia del monopolio sobre los medios de producción (maquinaria e inversión).

Según Kalecki, “en una economía cerrada, en la que los gastos públicos y los impuestos son decrecientes. El producto nacional bruto será por lo tanto, igual a la inversión bruta (capital fijo existente o capacidad instalada) y el consumo. El valor del producto nacional bruto se dividirá entre los trabajadores y consistirá en salarios y su eldos. Mientras que el ingreso de los capitalistas o ganancias brutas incluirán la depreciación y las ganancias no distribuidas, los dividendos y los retiros en efectivo de los negocios personales, las rentas y los intereses.”[3] 

Aunque la premisa de Kalecki es una premisa hipotética, nos sirve de mucho en este momento. Se supone que las economías jamás pueden estar plenamente cerradas. Sin embargo, gracias al bloqueo, parte importante de nuestra economía se encuentra fuera de la inversión y el comercio internacional. Al mismo tiempo, las actuales políticas arancelarias y tributarias del gobierno han reducido significativamente los impuestos, lo cual los coloca en una situación decreciente a la par que el gasto público. 

Igual que con la colocación de los precios, en la consolidación de la ganancia también juega un lugar importante la posición monopólica. Al ampliarse cada vez más dentro de los precios el margen correspondiente a las ganancias frente al correspondiente a los salarios, la participación dentro del ingreso nacional será menor para los trabajadores.

La decreciente, participación de los trabajadores en el ingreso nacional no es causada en este caso por el bloqueo o las sanciones o por la necesidad de recuperar la fuerzas productivas en Venezuela, como ha mencionado el presidente Maduro, es un rasgo inherente al sistema capitalista.

El economista francés, Thomas Piketty, ha descrito esta tendencia en su libro El capital en el Siglo XXI. Estudiando grandes muestras estadísticas de los principales países capitalistas, demostró que existe una tendencia secular que empuja al capital a tener mayor participación en los ingresos nacionales que al trabajo, es decir, el capitalista se queda con cada vez mayor cantidad de trabajo social en forma de riqueza, por cada unidad de trabajo que compra.

Muchos advertirán que la realidad de los países desarrollados no es la misma de un país dependiente. Ante esta objeción hay dos repuestas, primero: la tendencias dentro de la lógica del capitalismo se desarrollan en la totalidad de su dominio sea centro o periferia; segundo: dentro de la lógica actual de nuestro pensamiento económico, se sigue creyendo que la burguesía revolucionaria puede generar las bases para el socialismo, sin darnos cuenta que allí donde ha triunfado la burguesía, la tendencia del capital sobre el trabajo se ha impuesto de forma irrefutable.

Precios, inflación y renta.

Recapitulando, hablamos tanto del peso del monopolio al momento de marcar los precios, como de forzar la menor participación del sueldo en los mismos. Ambos elementos funcionan como herramientas, por medio de las cuales el capitalista controla y ordena el trabajo social, es decir extrae cada vez mayor valor del sector trabajador.

Ahora podemos volver al dinero  y entender la dinámica que esconde la pugna de clases en su interior. El dinero, al ser el equivalente general y signo de valor, hace que el que lo tenga, tenga a su vez trabajo social,  elemento necesario para el proceso de producción. El dinero pasa entonces a ser un medio que ordena y controla ese trabajo. Por eso la pugna por el dinero, donde la inflación juega un papel central, es la pugna por el control del trabajo social.

Esta pugna deja por un lado, al capitalista con la necesidad de acumular por medio de la plusvalía cada vez más ganancia;  y deja al trabajador, con la necesidad de tener mayor participación en la mercancía por medio del salario, para poder entregar menos unidades de trabajo social por mercancía. Esta lucha se desarrolla todos los días, donde la mejor carta del capitalista es su posición monopólica.

Recientemente, Conindustria elaboró una encuesta para medir el salario percibido por  los trabajadores en el sector industrial privado. En el documento Coyuntura Industrial del II Trimestre de 2021, se revelan los siguientes datos: el sector técnico profesional de la industria percibe en promedio 190$ ménsual, en cuanto a los obreros no tecnificados perciben en promedio 90$.

Al comparar estos salarios con el sector público, obviamente son superiores. Sin embargo, el punto de comparación es incorrecto. Como arriba fue expuesto, la comparación real debe hacerse en el precio de la mercancía. La totalidad de las empresas encuestadas reflejan sus costos en divisas y toman como referencia, el precio internacional. Esto indica que vende bajo precios internacionales pero entregan un sueldo 5 y hasta 6 veces menor que el reflejado en el costo real según el estándar internacional. Ese margen excedentario es absorbido por la ganancia y por lo tanto genera un proceso de acumulación sistemático. Este es claramente el motivo por el cual el presidente de Conindustria, no quiere competencia internacional en el mercado interno.

El ahora ¿producir juntos?

Recientemente, el presidente Nicolás Maduro, bajo el slogan “producir juntos”, viene ejecutando una seria de medidas de cara a favorecer al empresariado nacional. Las mismas van desde el proteccionismo arancelario frente a posibles competidores extranjeros, hasta el financiamiento directo. Entre los más recientes, se encuentra el otorgado a la Comparación Coposa y al Grupo Mistral. Sin embargo, ninguna medida ha sido dirigida a combatir el monopolio sobre los precios de estas empresas, ni los extraordinarios márgenes de ganancia de las mismas. Pareciera que bajo este slogan simplemente se dice: Los obreros gastan lo que ganan, mientras que los capitalistas ganan lo que gastan.


[1] Milton, Friedman. Teoría de los precios. Alianza Editorial. Madrid, pág.16   

[2] Michał, Kalecki. Ensayos escogidos sobre dinámica de la economía capitalista. Editorial Fondo de Cultura Económica. México, pág. 65      

[3] Michał, Kalecki. Ensayos escogidos sobre dinámica de la economía capitalista. Editorial Fondo de Cultura Económica. México, pág. 94

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