[OPINIÓN] La representación proporcional y otras cuestiones sobre la democracia en Venezuela

El pasado 6 de diciembre se efectuaron las elecciones parlamentarias en Venezuela, una elección en la que el PSUV, con el 69,32% de los votos obtenidos obtuvo el 91,34% de los curules. Estos resultados han abierto un interesante debate sobre la representación proporcional y el sistema electoral venezolano.

¿Quién mató la representación proporcional? 

La representación proporcional murió en 2009. La mató la Asamblea Nacional al aprobar (con el voto salvado de los diputados del PPT) la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPE), que sustituía Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política (LOSYPP) de 1997.

La LOPE estableció en su artículo 8 el denominado “sistema electoral paralelo” según el cual:

«Para la elección de los integrantes de la Asamblea Nacional, de los consejos legislativos de los estados, de los concejos municipales, y demás cuerpos colegiados de elección popular, se aplicará· un sistema electoral paralelo, de personalización del sufragio para los cargos nominales y de representación proporcional para los cargos de la lista. 

En ningún caso, la elección nominal incidirá en la elección proporcional mediante lista».

Este «sistema paralelo» implica en la práctica la realización de dos elecciones distintas en el mismo evento electoral. En una se eligen los diputados nominales por circuitos usando el método mayoritario, es decir, el candidato que saque más votos gana. 

En la otra que sí se aplica la distribución proporcional, es en la elección por listas regionales. Sin embargo, tal como estaba planteado desde 2009 hasta mediados de 2020, esto era sólo un espejismo ya que el sistema seguía favoreciendo a los partidos mayoritarios. Los partidos pequeños terminaban empujados a participar en coaliciones con los partidos grandes. El GPP y la MUD son expresión de este sistema que tendía cada vez más hacia un bipartidismo de facto.

La sobrerrepresentación de las mayorías

La sobrerrepresentación de las mayorías generada por este sistema se corrobora con los resultados electorales posteriores:

En las elecciones parlamentarias de 2010, el PSUV sacó el 48,13% de los votos y se adjudicó el 59,4% de los curules. Es decir, que estaba sobrerrepresentado en un 11%. La MUD, por el contrario, con el 47,22% de los votos, obtuvo el 39,4% de los asientos.

En 2015 el PSUV sufrió un revés y perdió con sus propias reglas. Esta vez el partido de gobierno sacó 40,92% de los votos y obtuvo un 33,33% de los curules, mientras que la MUD, con un 56,21% de los votos conquistó el 67,87% de los curules. 

Este fenómeno refleja que son los partidos grandes, que cuentan con grandes maquinarias electorales, recursos financieros para las campañas y acceso a medios de comunicación públicos o privados, los únicos que pueden competir en los circuitos. Los partidos pequeños quedan en gran desventaja incluso en la disputa por los curules adjudicados mediante listas. 

La intención del legislador al promover la elección nominal y conformar el sistema paralelo era permitir la participación en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos frente a las maquinarias de los partidos, y a la vez garantizar que los diputados representasen realmente al territorio y no solamente a las grandes ciudades. Sin embargo, la práctica ha demostrado todo lo contrario, el sistema paralelo significa la consolidación de las cúpulas y la imposibilidad de una competencia justa.

Las elecciones parlamentarias de 2010 y 2015 son sólo dos ejemplos. Poco a poco, todas las elecciones de cuerpos colegiados se fueron adaptando al nuevo modelo que, si no era precisamente bipartidista, podía definirse como bipolar. La sobrerrepresentación se vuelve incluso más grosera cuando falta alguno de los polos, entonces, el partido mayoritario se lleva (casi) todo con poco más de la mitad de los votos. Esto fue lo que sucedió el 6 de diciembre cuando el PSUV se enfrentó a la APR/PCV y a la oposición leal al gobierno.  

La sentencia 068 de la sala constitucional

La derrota del PSUV en 2015, y la necesidad de llegar a un acuerdo con sectores de la derecha moderada para que participaran en la elección del 6 de diciembre, llevó al máximo tribunal del país a pronunciarse a favor de la representación proporcional. 

En su sentencia, la sala constitucional desaplica los artículos 14, 15, 174, 175, 176, 177, 178, 179, 180, 181, 182 y 186 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Los artículos 14 y 15 se refieren a la cantidad de diputados a elegir por entidad federal, lo que configuraría la proporción de 70-30 a favor de la elección nominal, mientras que los demás se refieren al método de elección de los representantes indígenas.

El TSJ exigió mediante su sentencia que el CNE adecuara las normas que fueron desaplicadas, lo que dio como resultado un cambio en la proporción a 51-48 a favor de la elección nominal, con la novedad de el establecimiento de una circunscripción nacional a elegir cuyo método de adjudicación sería proporcional. Ciertamente, esto representa una mejoría a la situación anterior, pero en realidad no resolvió el problema de fondo: el sistema electoral paralelo.

El propio tribunal, reconoció que el sistema vigente: 

«… disminuye la posibilidad de que las organizaciones con fines políticos que no cuenten con la mayoría de las preferencias electorales, tengan mayores posibilidades de ocupar escaños en los órganos colegiados de representación política, lo que afecta al pluralismo político como valor superior del ordenamiento jurídico, situación que constituye una contravención a lo dispuesto en los artículos 2, 5, 6, 62, 63 y 70 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela».

Y, sin embargo, la sala dejó intacto el artículo 8 que hemos reproducido al comienzo de esta nota. Al hacer esto, mantiene el sistema electoral paralelo que beneficia a los partidos mayoritarios en la elección nominal y que contraviene los principios que la sala ordena defender en su sentencia. La Asamblea actual será todo menos plural.  

¿Sistema paralelo o sistema proporcional personalizado?

La LOPE aprobada en 2009 deroga la Ley Orgánica del Sufragio y la Participación Política (LOSYPP) de 1997, en la que se establecía para la elección de diputados el método proporcional personalizado. 

El sistema proporcional personalizado es una verdadera novedad, y se asemeja un poco al sistema de listas abiertas o desbloqueadas en algunos sistemas europeos, sólo que pone énfasis en la elección personalizada de de los candidatos. 

El sistema proporcional personalizado también parte de una división territorial en circuitos. Los ciudadanos pueden votar entonces por tantos candidatos nominales como tenga el circuito, así como por una lista. Los candidatos nominales, a diferencia de la pasada elección de 2020, podrían ser al mismo tiempo candidatos de la lista.

La novedad está al momento de adjudicar los curules. Lo primero es realizar el cálculo de los cocientes, para determinar cuántos curules corresponden a cada partido por la adjudicación proporcional. Luego, se adjudican los curules a los ganadores en los circuitos.Allí se plantean tres escenarios:

Si a un partido se han adjudicado menos puestos por la vía nominal de los que le corresponden por el método de los cocientes, se completa este número con candidatos de la lista. Si en cambio el partido obtuvo un número de candidatos electos nominalmente mayor al que le corresponda por el método proporcional, entonces se le restarán estos de los cocientes obtenidos. 

Por último, tenemos el caso en que un partido no haya obtenido ningún candidato electo por la vía nominal, pero sí lo haya obtenido algún cociente. En ese caso se le adjudicará a los candidatos de la lista presentada por el partido. Como vemos, es un método que prioriza la elección personalizada del elector, pero mantiene la representación proporcional. 

Según el profesor Manuel Rachadell, en el sistema proporcional personalizado «el voto lista determinaba la cantidad de escaños que correspondían a cada organización política, y el voto nominal establecía quiénes eran los elegidos, es decir, que ambos principios se aplicaban plena y armónicamente»1

Sobre el problema de la democracia representativa

En los debates post-electorales, una posición común defiende que el problema de fondo no es el sistema electoral sino la hegemonía del PSUV. Esto plantea a su vez el viejo debate de si la izquierda debe luchar por condiciones electorales y medirse en elecciones o más bien disputar esa hegemonía.

Ciertamente, el problema de fondo no es el sistema electoral. La hegemonía del PSUV es precisamente eso, una hegemonía, que al decir de Gramsci pasa por la construcción de consensos y la implementación de la coerción. Sin embargo, a medida que ha ido virando cada vez más a la derecha en sus políticas, el consenso que reúne el gobierno es cada vez es menor y ha tenido que recurrir más a la coerción.

La caída año tras año en la votación del PSUV, y la altísima abstención de las elecciones pasadas son un síntoma del agotamiento del partido de gobierno, pero además reflejan el estado de ánimo de las masas. El pueblo está resolviendo su día a día, buscando soluciones individuales a los problemas. 

De este modo, tenemos un cuadro en el que el partido de gobierno está en su punto electoral más débil, pero no existe una alternativa real que logre conectarse con las luchas y demandas populares y aglutinar el descontento. Algo que por los momentos tampoco han podido hacer las opciones de derecha, moderada o extremista.

En el momento actual, decir que no es el momento electoral no sólo es una obviedad, sino que además es algo sencillo. La cuestión es decirlo y demostrar que hay una alternativa verdadera en otra parte y que ésta sí tiene posibilidades de éxito, y hasta ahora nadie puede reclamar que tiene la fuerza. El «momento», ya sea electoral o insurreccional, se construye a través de la lucha.

En ese sentido, establecer una contradicción entre la vía electoral y la lucha de calle es un error, y es precisamente el error que ha cometido la derecha en los últimos años. Si se toman ambas vías como estrategias distintas, pasaremos años debatiendo y acusándonos mutuamente, mientras que si vemos las dos formas de lucha como momentos tácticos podremos avanzar en ambos terrenos. Aunque ciertamente, con lo reducidas que son las fuerzas de la izquierda en este momento, habrá que administrar bien las batallas en las que nos involucremos, sobre todo si no queremos perdernos en la vorágine electoral.

A lo que queremos llegar es a que no existe contradicción entre apoyar una opción electoral de izquierda y luchar por condiciones de participación justas, y construir desde el movimiento popular. La única contradicción es entre luchar y no luchar. La resistencia ante la pérdida de espacios democráticos en todos los ámbitos es fundamental para acumular fuerzas y avanzar. 

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