[OPINIÓN] Una cuestión de agendas

«No hay pronóstico político que pueda considerarse matemáticamente exacto : basta con que indique debidamente la línea general de desarrollo y ayude a orientar el curso real de los acontecimientos»

León Trotsky

La Agenda Alternativa bolivariana

Desde 1994, en los tiempos de la Agenda Alternativa bolivariana se planteó la necesidad de democratizar la economía. El proceso de las cooperativas, de financiamiento y de capacitación técnica durante los primeros años del chavismo tuvo claramente esa intención. De la misma forma, en un proceso valorado como los «índices macro sociales sobre los macroeconómicos», el pago de la deuda social y la renovación fiscal no fueron cosas fuera de contexto.

La formulación del socialismo bolivariano posterior se ejecutó bajo principios anticapitalistas y antiimperialistas. Chávez entendió que era difícil lograr la democratización de la economía en un modelo monopolista y empresarialmente rentista, la única forma de cambiar esta realidad fue poniendo en práctica el llamado «injerto socialista «o la idea del «punto y el círculo» (que a todas estas no fue una idea de Chávez sino un aporte formulado por Mészáros, que a su vez lo tomó del economista soviético Preobrazhenski).

Para esto se ejecutó todo un aparataje legal (ley del sistema económico comunal), material (más de 200 empresas de propiedad social), político (los aló presidentes teóricos sobre el ejercicio comunal), y finalmente autocrítico (con el famoso golpe de timón y el famoso «comuna o nada»).

La idea fundamental es que solo por medio de la organización popular y la creación de una nueva sociedad civil organizada alrededor de la propiedad social se podrá disputar hegemonía al gran capital venezolano monopolista y rentista, eso generará las condiciones para una auténtica revolución económica y política en el territorio. Por eso, el planteamiento de la comuna como vía para lograr el socialismo, es el significado real del socialismo bolivariano del siglo XXI.

El socialismo de la «burguesía revolucionaria»

Ahora, la formulación de este otro socialismo con una burguesía revolucionaria (que nunca ha existido ni puede existir por el modelo de acumulación venezolano) y la práctica de las ZEE es otra cosa. Con otro piso ideológico y otras metas.

Una vía formulada a partir de la confianza desmesurada en la conciliación de clases y en la máxima del goteo de la riqueza, del «ganar-ganar», donde el protagonista es el empresariado que «produce divisas para el país», el promotor, el burócrata que difunde los logros difusos del empresario y el gestor/ordenador tecnócrata económico, preferiblemente con discurso de izquierda.

La nueva agenda

La nueva agenda de alternativas promueve la creación de la riqueza que posteriormente será divida según el criterio de máxima eficiencia de recursos, y pone como prioridad para el pueblo -no la producción de riqueza- (supuesta labor del empresario) sino su distribución, tarea profundamente clientelar y despolitizante.

Este nuevo horizonte no necesita ni protagonismo ni participación, solo fidelidad; tampoco necesita claridad teórica pues esto último puede generar trasnocho o desviación.

A los promotores de agendas innovadoras y alucinantes cabe decirle lo que Engels le repetía a un burgués arribista, promotor de la burguesía revolucionaria y el respeto a la propiedad privada dentro del partido socialdemócrata alemán:

«Todas las medidas tendentes a limitar la competencia, la acumulación de grandes capitales en las manos de individuos aislados, toda limitación o supresión de derecho de herencia, toda organización estatal del trabajo, etc., todas estas medidas, en tanto que medidas revolucionarias, no solo son posibles, sino inclusive necesarias. Son posibles, porque todo el proletariado insurrecto las apoyara y las mantiene con su brazo armado. Son posibles – pese a todas las dificultades e inconvenientes que los economistas esgrimen contra ellas – porque precisamente esas dificultades e inconvenientes obligarán al proletariado a ir cada vez más lejos, hasta la total liquidación de la propiedad privada, a fin de no perder otra vez lo conquistado.»

F. Engels

¡Solo hay una salida ante esta agenda extraña y ajena, radicalizarse! Volver a las raíces, desvanecer el oportunismo, el pragmatismo y el facilismo, poner nuevamente en el centro de la revolución a su auténtico protagonista el pueblo, el pueblo campesino, al pueblo obrero, en resumidas cuantas al explotado.

¡Las revoluciones solo tiene una formas de permanecer y de no morir, no retroceder! Retroceder es desaparecer, retroceder es perderse, retroceder es sacrificar la revolución fingiendo salvarla.

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