[VENEZUELA] Cambio de modelo económico sin cambio de gobierno y la aparente “suspensión” del diálogo en México

Luis Bonilla-Molina

(Escrito para la web Viento Sur)

Introducción

Se ha generado un escándalo por la decisión del gobierno venezolano de no presentarse a la cuarta ronda de negociación con el sector de la oposición denominado G4.  La razón, la extradición del empresario colombo-venezolano Alex Saab desde Cabo Verde a los Estados Unidos. Días atrás, los voceros del gobierno venezolano habían señalado que incluían al empresario –en ese momento detenido en África- como integrante de la delegación oficial en la mesa de negociaciones, evidentemente con la intención de retrasar la extradición y tal vez incluir su liberación como parte del eventual acuerdo.

La decisión de levantarse de la mesa de diálogo, ratificada por el propio presidente Maduro, generó una respuesta oficial de la administración Norteamérica. Ned Price vocero del Departamento de Estado declaró que el caso Saab no estaba conectado con el diálogo en México. Inmediatamente. Maduro replicó que estaba muy molesto y que tomaría una decisión definitiva al respecto “cuando se le pasara el enojo”, dejando abierta la puerta para retomar las conversaciones. Entre tanto, comenzaba a llegar al país la misión de observadores de la Unión Europea para las elecciones del 21 de noviembre, distribuyendo a 44 de los integrantes de su misión por todos los estados del país y, el representante de Noruega en las negociaciones se marchaba de México. La visita del señor Karim A.A. Khºan, fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) a Venezuela, se convierte en una novedad, cuando su antecesor desestimó la invitación que se le hiciera para visitar al país.  El 27 de octubre, se informaba el acuerdo del Consejo Nacional Electoral (CNE) con el Centro Carter para el acompañamiento de las elecciones del 21N, una instancia por demás respetada por el presidente Biden.

Al parecer todos prefieren esperar los resultados electorales del 21N para volverse a sentar en México. La negociación es una decisión tomada por las partes (EEUU – gobierno venezolano) y soportará los avatares de tormentas contingentes. A pesar del lenguaje diplomático gringo, el caso Saab es central en la estrategia geopolítica de la administración Biden de recuperar la ruta de comercio exterior venezolana.

¿Por qué le interesa a los EEUU negociar?

Hagamos un poco de memoria para entender el por qué de la actual situación táctica. En marzo del 2015, la administración de Obama firma la orden ejecutiva donde declara “emergencia nacional” por la amenaza “inusual y extraordinaria” a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación de Venezuela. A partir de ese momento, y muy especialmente durante la administración Trump, se endureció la política exterior norteamericana contra Venezuela, con medidas coercitivas contra el comercio exterior venezolano, incluido el petróleo y otros productos generados por el extractivismo. Las sanciones personales, contra altos funcionarios del gobierno de Maduro fueron otra forma de presión, para intentar acorralar a la dirigencia del Madurismo, crear fisuras internas y quebrar su base social.

Durante la mayor parte del siglo XX e incluso los primeros años del siglo XXI, la relación privilegiada de comercio, crédito e inversión de Venezuela había sido con los Estados Unidos. Las sanciones norteamericanas alejaron de manera forzosa a históricos y nuevos inversores de ese país y de naciones aliadas a su política exterior. Esto creó un vacío, inicialmente respecto a quienes asumirían las importaciones en un país como Venezuela altamente dependiente de ellas y posteriormente en el mantenimiento de servicios y áreas emergentes, así como respecto a nuevas carteras de extractivismo. En política y economía no hay vació que se sostenga a través del tiempo. En consecuencia, sectores vinculados a la burocracia más cercana al centro de poder político obtuvieron licencias de importación, quienes se convirtieron en los puentes para permitir la llegada de “otros” inversores, especialmente rusos, chinos y turcos. Sin embargo, una cosa es acordar inversiones de pequeña, mediana y alta escala en el país y otra asumir los riesgos de comerciar internacionalmente productos que entran en el espectro de las sanciones norteamericanas; muchos de los nuevos inversores no querían correr el riesgo de comprar a “precio de gallina flaca” pero quedarse con un cargamento en alta mar. Hacer fisuras en el bloqueo norteamericano implicaba el establecimiento de rutas alternativas, entrar en la lógica de la oferta y la demanda del día a día en el comercio global, aprovechar las contingencias que superaban el temor de ser afectados por las sanciones; allí es donde entran en juego personajes como el señor Alex Saab. Por ello, el interés de la administración Biden en la extradición de Saab, para conocer en detalle y tapar las fugas en el sistema de sanciones comerciales y poder negociar con el gobierno de Maduro un pronto retorno al carril de los canales norteamericanos de comercio exterior, sin que pueda contar con el “plan Z” que expresaba Saab.

Normalizar las relaciones entre EEUU-Venezuela pasa por construir una imagen internacional que justifique el progresivo levantamiento de las sanciones, es decir negociaciones entre el gobierno y la oposición más pro yanqui.  De hecho, unas semanas atrás la administración Biden había extendido por otro periodo las medidas coercitivas contra el país del Sur, mientras detrás de bastidores construía la plataforma para su levantamiento. “Desactivar a Saab” es parte del trabajo de normalización del comercio exterior venezolano para que encaje en los parámetros norteamericanos, por ello, no aceptan que su caso forme parte de las negociaciones de México. Aunque no es descartable en el mediano plazo una liberación del empresario con cualquier medida jurídica, pero ello dependerá del curso de las negociaciones; de hecho, el 1 de noviembre de 2021 se conoció la información que el Fiscal estadounidense Kurt Lunkenheimer solicitó retirar siete de los cargos de lavado de dinero que pesaban sobre el empresario ante la justicia de ese país y, dejar solo el de conspiración para cometerlos. Seguramente esa solicitud del Fiscal norteamericano logrará que se le mejore el humor al presidente Maduro.

El gobierno norteamericano convencido de la inestabilidad de las distintas facciones de la oposición venezolana, especialmente después del caso Monómeros, pareciera apostar por un cambio de modelo económico en Venezuela, sin que ello implique seguir presionando en el corto plazo por una transición del gobierno de Maduro. La estrategia norteamericana pareciera ser una variante de la usada en Nicaragua en la transición, después del fracaso de la “contra”; en ese caso, como ahora el “punto de honor fue deslindar al viejo sandinismo de su nueva variante: Ortega-Murillo. A EEUU les interesa una negociación en la cual el Madurismo rompa definitivamente con el chavismo radical que no solo habla, sino que trabaja por la ruta al socialismo, lo cual implica no solo asumir un programa económico de ajuste estructural sino romper con las viejas representaciones; como en Nicaragua, ello pasa por asumirse herederos del legado Chavista. Pero el gobierno de Venezuela no solo debe “hacer votos”, como los ha hecho, de restauración del camino neoliberal, sino que debe mostrar su capacidad para cumplir con algunas formalidades del sistema democrático parlamentario burgués, entre ellos la convivencia y reparto de cuotas de poder con el sector de la oposición más cercano a los intereses de la Casa Blanca.

Para la izquierda radical, de carácter anticapitalista ello presenta un problema de comunicación política, pues a la par que denuncia las criminales sanciones norteamericanas y estimula el levantamiento de las mismas, debe protestar las consecuencias del ajuste estructural en el terreno económico, social y político, incluida la denuncia sobre el más de centenar de obreros y dirigentes sindicales detenidos. Hacerlo con la precisión necesaria para evitar ser confundido con alguna de las otras variantes de la oposición, demanda una experticia en la construcción de narrativas e imaginarios que no se sacan de un sombrero de mago.

La administración Biden parece especialmente interesada en recuperar espacios perdidos en Latinoamérica y el Caribe, retomar las buenas relaciones con la Unión Europea, redefinir las relaciones bilaterales EEUU-Rusia y forzar a China a una negociación donde “todos ganen”, como parte de una estrategia común para su “patio trasero”. En el caso de China todo apunta a retomar la línea de trabajo que Kissinger inauguró con Zhou Enlai, que les posibilitó la reunión Mao-Nixon y abrió las puertas a la apertura capitalista de Deng Xiaoping. Esto no es algo nuevo, de hecho, reapareció en los debates Sander-Clinton de 2016, respecto a cómo encarar en el presente el legado de Kissinger respecto al mundo asiático, lo cual tiene consecuencias en el caso venezolano, pues la situación de las inversiones chinas en la región pasa a ser parte de un tablero geopolítico que escapa al control de Miraflores.

En los últimos meses han disminuido las tensiones entre el viejo continente y la Casa Blanca en temas sensibles, entre ellos, el Tratado de Desnuclearización con Irán. Igual ocurre con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con el cual la administración norteamericana ha venido reconfigurando la relación y hoy es el país anfitrión de la ronda de negociaciones entre el gobierno y la oposición venezolana más cercana a los intereses de los EEUU. Las tensiones comerciales con China pasan por un esfuerzo del imperialismo norteamericano de retomar la situación de hace dos décadas atrás de contención regional del gigante asiático, estableciendo una normalización de las alianzas de capital trasnacional chino–norteamericano. En cuanto a Rusia que participa como garante de los diálogos y quien en junio de este mismo año fue protagonista en Ginebra, en la cumbre Biden-Putin, donde se relanza la relación bilateral, el tema de Venezuela seguramente fue un punto no público del diálogo, sobre todo en lo que respecta a la relación de asistencia militar y venta de armamentos de la federación rusa al país latinoamericano, algo que pone en riesgo la nueva estrategia geopolítica regional del gobierno norteamericano; se especuló en los pasillos de Ginebra, que el acompañamiento de Rusia para que Venezuela vuelva a entrar a la normalización del mercado capitalista y para que se reoriente la asistencia militar y armamentista ruso-venezolana, sería una iniciativa a cambio de bajar la presión norteamericana sobre el caso Navalni y repensar el abordaje de otros temas estratégicos rusos en el mundo árabe.

Nuevamente Europa aparece como “intermediario neutral” en el caso venezolano, con una baraja blanda (Noruega), y una fuerte, la Cancillería de la Unión Europea (Borrell). Noruega quien si bien no forma parte de la Unión Europea si comparte intereses en el Espacio Común Europeo mediante la Asociación Europea de Libre Comercio, aparece como auspiciante de los diálogos de México. No obstante, a veces las pasiones superan los límites del teatro diplomático y, en el curso de los diálogos, el 24 de septiembre de 2021, la primera ministra del Reino de Noruega, Erna Solberg, expresó en Naciones Unidas “su preocupación ante las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela”,  lo cual obligó a la representante de la delegación noruega ante los diálogos a criticar el 26 de septiembre, como “interferencia indebida” las declaraciones de la alta funcionara. Es mucho lo que está en juego para echarlo a perder por un desliz de una funcionaria. El gobierno venezolano aceptó la “aclaratoria” y se dispuso a continuar las negociaciones. La pronta y colectiva preocupación de los factores internacionales vinculados a la negociación –en el caso Solberg- le hizo creer al gobierno venezolano que algo similar sucedería con Saab si lo incluían en la agenda de México, algo que no ocurrió.

Eso sí, el gobierno norteamericano prefiere adelantar y llegar a un acuerdo con el gobierno venezolano antes que continuar acompañando aventuras adolescentes de sectores golpistas y pro invasión de la oposición venezolana.

Diálogo público como parte de la negociación

La tesis que sostenemos es que hay una negociación entre la administración Biden y el más alto nivel del gobierno venezolano. Esta negociación es el resultado de las muestras de “buena voluntad” del gobierno venezolano de abandonar la ruta socialista a cambio de estabilidad política y mantenimiento en el poder de Maduro como hombre fuerte de la política venezolana, levantamiento progresivo de las sanciones y la normalización de relaciones comerciales y estratégicas con los EEUU. La experiencia de Cuba en el acompañamiento de procesos de pacificación internacional y regional es fundamental para avanzar de manera discreta en este sentido.

 Las negociaciones de México son el capítulo público de una negociación donde las piezas del ajedrez se mueven al ritmo de la Casa Blanca-Miraflores. Las negociaciones ante la prensa internacional persiguen construir viabilidad a los tres puntos mencionados anteriormente y habilitar a la derecha política como oposición derrotada que debe construir sus posibilidades de poder en el terreno de la política y la participación electoral. En este esquema Washington se convierte en garante de protección a la oposición que mejor representa hoy sus intereses estratégicos, el G4.

La cita en el museo de antropología de ciudad de México, es una ruta para conjurar el estallido social ante los efectos del bloqueo económico y el ajuste estructural. Tiene también como tarea el restablecimiento progresivo de canales de comunicación con el multilateralismo, especialmente el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y el Sistema de Naciones Unidas. Por ello, la inclusión de la solicitud venezolana de los “derechos especiales de giro” (unos 5.000 dólares) en el primer memorándum de resultados de las rondas de negociación gobierno-oposición.

La ronda de negociación en México forma parte de un progresivo traspaso de la influencia regional alcanzada por Venezuela, en espacios como la CELAC, al progresismo de nueva generación, algo que la Casa Blanca no solo ve con buenos ojos, sino que estimula; por ello, el papel de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en la reciente conferencia de la CELAC, asumiendo el protagonismo en el enfrentamiento contra la OEA y el limitado impacto de la presencia venezolana en este foro.

La tarea más compleja de esta ruta de normalización de relaciones EEUU-Venezuela lo constituye el terreno militar. La estrategia norteamericana en este sentido pudo iniciarse en Ginebra, en la cumbre Biden-Putin, pero debe concretarse en mecanismos de encuentro entre mandos militares de ambos países. La ruta para esta normalización pasa por una distensión de la relación entre los ejércitos de Colombia y Venezuela, pues el primero había ocupado un papel central en la estrategia norteamericana de tenaza militar y eventual invasión sobre el segundo. Por ello la normalización de relaciones entre Colombia y Venezuela comienza a aparecer en el horizonte, como preámbulo de una operación política más compleja. Ese es otro elemento para el cual Saab pasa a ser relevante para los EEUU en la actual coyuntura, dado que el empresario pasó de ser figura destacada del bufete de abogados que defiende a Uribe-Duque de las acusaciones de falsos positivos en la lucha contrainsurgente en la nación neogranadina, a ser personaje de confianza del gobierno venezolano, estando Miraflores públicamente enemistado con los líderes del Centro Democrático desde hace años. Saab quien entró a Venezuela de la mano del expresidente Pastrana, pareciera conocer los hilos que construyen la posibilidad de encuentro entre la burguesía colombiana y sus jerarquías militares, con la nueva élite económica y militar venezolana.

¿Quiénes y por qué están en los diálogos de México”

En Ciudad de México (CDMX) están sentados los actores y herederos de la oposición vinculados a la crisis política de finales de los ochenta y los noventa del siglo XX. Están quienes se opusieron desde la derecha política pro norteamericana al intento de Carlos Andrés Pérez (CAP) de desarrollar una agenda de desembarco del capital trasnacional en el marco de la globalización neoliberal, algo que sí pudo hacer en México, su compañero socialdemócrata Salinas de Gortari. No se opusieron por razones nacionalistas, sino porque representaban a la burguesía nacional, que acumulaba su riqueza a partir de una relación parasitaria con el Estado o porque querían ser la nueva burguesía en esa coyuntura, algo que CAP no les garantizaba. En ese momento se opusieron al gobierno neoliberal de CAP porque veían amenazadas sus posibilidades representación política, ante la irrupción de capital trasnacional con el cual no habían acordado ser sus mediadores ni socios menores.

En México están sentados la Acción Democrática (AD) de Ramos Allup en los 90, quien a pesar de votar en contra, formó parte del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) que expulsó a y facilitó el enjuiciamiento de Carlos Andrés Pérez; están quienes impulsarían los proyectos de Primero Justicia (PJ) y Voluntad Popular (VP) e intentarían desde la crítica al puntofijismo, servir de mediadores entre el capital trasnacional y el gobierno venezolano, para convertirse en la nueva burguesía pro norteamericana en la era de la globalización. Están sentados actores de la crisis política de los ochenta y los noventa y Maduro emerge como el líder Bonapartista que puede mediar para que se acuerden entre ellos y con la nueva burguesía, pasando a ser potenciales actores relevantes en una nueva situación de normalización y estabilización de los intereses económicos del capital trasnacional liderado por EEUU. Al asumir este papel de mediación burguesa, Miraflores procura garantizar su continuidad.

Saab y el “pollo” Carvajal señales norteamericanas de un “apúrense que el tiempo es finito”

Los tiempos del norte imperialista y del caribe son distintos. La administración norteamericana quiere resolver el caso Venezuela lo más pronto posible, para poder atender otros de sus focos de conflicto. Por ello el caso de las extradiciones de Saab y el “pollo Carvajal” son campanadas de alerta para que cesen las dilaciones y se avance en acuerdos estructurales. EEUU prefiere resolver en 2021 y construir una ruta de implementación de acuerdos 2022-2024, que se verifiquen y cierre con el proceso electoral presidencial de 2024.

El papel de México

México es un vecino latinoamericano estratégico para los Estados Unidos. La llegada de AMLO, del progresismo de nueva generación al gobierno, significó una preocupación de baja intensidad para la Casa Blanca. Sin embargo, la inquietud se disipó rápidamente. La llegada de AMLO al Palacio Nacional significó un endurecimiento de la alianza anti migratoria de México con los EEUU; México asumió un mayor protagonismo al respecto, transformándose en auxiliar de la policía migratoria gringa, convirtiendo su territorio en un espacio de contención para evitar que los sudacas de Centroamérica y Suramérica entraran de manera ilegal al territorio norteamericano. Por otra parte, la continuidad de los proyectos extractivistas como el tren Maya y el enfrentamiento con el zapatismo conjuraron las preocupaciones de Washington. En medio de la campaña presidencial norteamericana AMLO, en lo que se interpretó como un apoyo a la relección de Trump, fue a los EEUU a ratificar el TLC, sin embargo, el triunfo de Biden no ensombreció las relaciones bilaterales. La designación del señor Moctezuma, socio de la poderosa TV Azteca, como Embajador de México en los EEUU, un empresario con un pasado de enfrentamientos oscuros con el EZLN, se convierte en broche de oro de las buenas relaciones bilaterales. La clásica política exterior mexicana, no alineada históricamente, puede en ocasiones resultar de utilidad geopolítica para los intereses norteamericanos, como ha sido en este caso, donde la asistencia a Cuba en situaciones de emergencia habilita a México para tener un mayor protagonismo y quizá el mayor liderazgo en un espacio como la CELAC. Por ello, EEUU no reacciona contra los ataques de AMLO a la OEA y su narrativa de relanzar la Comunidad Económica Latinoamericana. México es, además, el país que puede mostrar las “bondades” burguesas del desembarco del capital trasnacional –Slim y Compañía- a una clase política venezolana que se resistió en su momento, contribuyendo a generar la actual crisis política; en esa línea entendemos el papel asumido por México, en la reunión de la CELAC, donde fue visible y notoria la promoción y realización del encuentro entre Slim y el recién electo presidente del Perú el señor Pedro Castillo Terrones, para contribuir al diálogo entre el capital trasnacional en tecnología y el gobierno del progresismo tardío peruano. México es el escenario real para unas negociaciones de este tipo

Elecciones del 21N

Toda indica que las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición del G4 se retomarán muy próximas a las elecciones del 21N o posterior a ellas. Parece ser una ventaja para todos los factores involucrados hacerlo después, mantenerlas congeladas hasta ese momento. El PSUV apuesta a un escenario conservador para la oposición, donde avancen en algunas alcaldías, quizá no ganen ninguna gobernación y su acumulación esté por debajo de su porcentaje histórico, lo cual confirmaría la intención del gobierno de Maduro de permanecer en el poder más allá de 2024. La oposición espera obtener un resultado que la muestre con opción de poder real de cara al año 2024, ganando una importante cantidad de gobernaciones y alcaldías, a pesar de ir dividida en algunos de sus bastiones históricos como Miranda o Carabobo. Para los EEUU los resultados en uno u otro sentido les permitirán saber cuánto puede pedir cualquiera de los factores políticos. El 21N es parte dela ruta de negociación y acuerdo.

Para la izquierda agrupada en la Alternativa Popular Revolucionaria (APR) o que vota por ella, los resultados de estas elecciones son cruciales para mostrar la eficiencia de un frente de resistencia construido “por arriba”, entre representaciones políticas. De ser adverso el resultado, es decir no superar el histórico 6%, obligaría a replantear su política hacia una radicalización en la calle.  El trotskismo, con posiciones clasistas muy importantes, pero lamentablemente fraccionado tiene una limitada incidencia en el movimiento de masas. Factores como la Plataforma en Defensa de la Constitución no tienen capacidad de incidencia en la calle.

La izquierda radical que oscila entre el abstencionismo y un voto por la APR con la tarjeta del PCV, tiene que salir de la rabia, entrar a la creatividad de las resistencias y atreverse a pensar y construir una constituyente de las izquierdas anticapitalistas y el movimiento social insurgente, lo cual pasa por derrotar los sectarismos. Ello, como paso previo para construir un amplio movimiento de masas por la justicia social. Es hora de inventar con el pueblo trabajador una salida popular y anticapitalista a la actual situación.

Breve conclusión

En Venezuela está en curso un cambio de modelo económico, que empalma con las más profundas recomendaciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional para pasar de una agenda social de amplia inversión a un régimen competitivo de mercado. Esto pareciera ser el resultado de negociaciones directas entre la Casa Blanca y Miraflores, que procuran estabilidad política y el levantamiento progresivo de las sanciones. Si bien Maduro es el hombre fuerte de la política venezolana hoy, deberá demostrar en estos dos años (2022-2024) no solo que puede continuar con un ajuste estructural de grandes dimensiones, sino que puede ser el árbitro para resolver los conflictos y roces entre las fracciones burguesas en Venezuela, si aspira contar con el beneplácito de Washington para su reelección. Las negociaciones de México son los movimientos de peones entre casilleros, donde las torres y los alfiles mantienen la comunicación y, la construcción de acuerdos en otros escenarios, está bajo la tutela directa de los reyes y reinas del tablero. Veremos cómo queda el cuadro político después del 21N.

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