Chávez Radical: ¿Cómo es posible que el gobierno siga entregando tamaña ‘boloña’ al sector privado?

En la apertura del 1er Congreso Extraordinario del PSUV en noviembre de 2009, el Comandante Chávez pronunció un histórico y contundente discurso, de la mano de las enseñanzas del revolucionario venezolano Alfredo Maneiro y de las lecturas del “peligroso” texto de Vladimir Lenin, “El Estado y la Revolución”. Pero ¿de qué habló Chávez en este discurso?

En este capítulo de Chávez Radical rescatamos algunos fragmentos de dicho discurso, que nos parecen de una vigencia demoledora, en tanto representan una interpelación actual al camino asumido por el estado, el gobierno y el partido en nuestro país.

No se trata sólo de mantenerse en el gobierno

El Comandante Chávez, evocando la famosa frase de Maneiro, “eficacia política y calidad revolucionaria”, como atributos inmanentes a toda práctica política con vocación transformadora, explica la necesidad de una revolución de no sólo tomar y conservar el poder político, sino además advierte que la tarea no estaría completa si no somos capaces de “transformar la forma de hacer gobierno, y no sólo la forma sino el fondo, las estructuras del gobierno y del estado”.

Maneiro al referirse a la eficacia política da cuenta de la audacia necesaria que debe tener toda organización revolucionaria para alcanzar y ejercer el poder del gobierno, y ampliarlo a las otras esferas del estado y la sociedad civil. Sin embargo, para una revolución que pretende “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, la eficacia política es insuficiente, incluso puede llegar a convertirse en fin último cuando las mieles del poder, es decir cuando los privilegios arropan a los y las revolucionarias que ejercen funciones de gobierno. Por ello Maneiro plantea la necesidad de ejercer la política con calidad revolucionaria, es decir, con vocación transformadora y con arreglo a los principios éticos que definen a la revolución socialista como la antítesis del capitalismo y su cargamento de valores que hacen que la humanidad se entregue a los brazos de la deshumanización y bestialización.

Acabar con el estado subordinado a la burguesía

Chávez va más allá e identifica que una revolución no sería digna de llamarse socialista, sin contar con la transformación profunda del estado y el conjunto de instituciones y relaciones sociales que determina; sin cuya transformación, toda acción política, por bien intencionada que fuere, tarde o temprano sería capturada por la lógica de la clase dominante que se esconde en estas instituciones.

En medio de su alocución, no pierde la oportunidad para traer a colación el famoso y odiado texto de Lenin, “El Estado y la Revolución”, desde el que argumenta la obligación de toda revolución socialista, de demoler el viejo orden burgués y construir un nuevo estado que sirva como una “maquinaria de construcción del Socialismo”.

Chávez explica que a pesar de que se han tomado importantes espacios dentro del Estado “hace falta conservarlo, para continuarlo transformando”, para acabar con su condición burguesa, que históricamente se constituyó como un instrumento político para cuidar los intereses de la burguesía y así poder parir un nuevo estado popular y liberador, organizado y dirigido por el pueblo en favor de sus propios intereses.

¿Cómo es posible que el gobierno siga enriqueciendo a la burguesía?

En el discurso dirigido a los y las militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela, el Comandante convocó a debatir permanentemente todos estos temas en el seno de la organización, denunciando la conducta de quien llega “a un cargo, bien sea por elecciones, o bien sea por designación, y llega allí a fortalecer el viejo estado, la vieja forma de hacer política o a dejar intactas las redes a través de las cuales, la burguesía, desde hace muchos años, se vino asegurando la captura, la expropiación –más bien- de la riqueza nacional para su beneficio”.

Chávez ilustra el carácter burgués del Estado venezolano, a través de la sobrevivencia de mecanismos de transferencia de la riqueza pública a manos del sector privado, en un país en el que más del 95% de los ingres
os en divisas son captados por el estado, a través de la industria petrolera, pero que paradójicamente terminan en las arcas del capital privado nacional y transnacional, con la promesa de realizar importaciones e inversiones que no hacen o realizan fraudulentamente, enriqueciéndose descaradamente gracias a los recursos del pueblo.

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