[OPINIÓN] El salario es la clave: Todavía estamos a tiempo – III

Antonio Boza León
Esta es la última de tres entregas escritas por el economista y diputado de la Asamblea Nacional Tony Boza. Una importante contribución al debate económico actual y a la disputa por las condiciones salariales de las y los trabajadores en Venezuela.

Fuerzas antagónicas “aliadas”

La consecución de inversiones para relanzar la economía es una cuestión de importancia indudable, pero esto no es más que una parte del asunto; resulta fundamental definir en esta nueva fase cuál será el papel del Estado y de la clase trabajadora organizada, definir también cuál será el “Plan” que presidirá las acciones y las definiciones inherentes al propio proceso de producción. Un espacio donde coexisten relaciones que son de naturaleza antagónica, obliga a definir cuál programa prevalece en la práctica y hacia dónde conduce: es aquello que engloba lo que los filósofos denominan “lo teleológico”.

Los chinos plantean que “en referencia al papel del mercado y del gobierno, hay que observar la dialéctica y la teoría de dos puntos, emplear bien tanto la «mano invisible» como la «mano visible», para formar con esfuerzo una configuración de la concordancia orgánica, la complementación, la coordinación y la promoción entre ambos papeles, en impulso al desarrollo económico y social sostenido y sano”[1].

Las inversiones del gran capital y el desarrollo económico no son garantía de equidad ni de reforzamiento de la soberanía e independencia nacional, y en la mayoría de los casos potencian la desigualdad y la dependencia, históricamente ha sido así. Por tanto, aquí viene a jugar un papel fundamental “la mano visible” del Estado. Que los ricos tengan todas las ventajas para invertir no garantiza los resultados en función del proyecto bolivariano. Los intereses del capital son en términos histórico-genéticos, en el argot de Ludovico Silva, antagónicos a la construcción del socialismo, planteárselo sobre la base de apoyo del gran capital tiene sus riesgos y obliga a fortalecer los dos “actores” que sostienen la revolución: la clase trabajadora, base social de la revolución, y el aparato del Estado, asiento práctico del poder para intervenir la realidad, especialmente la económica, que permitirá desarrollar las fuerzas productivas para abonar el terreno de la revolución.

Conclusiones

El pasado 30 de junio de 2022, en sesión plenaria de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, el diputado Fernando Soto Rojas, a propósito de cumplirse 60 años de la carta de renuncia de Fabricio Ojeda como diputado al Congreso Nacional, nos recordó que él conoció dos grandes hombres de la historia nacional que habían asumido con entereza la autocrítica: Fabricio Ojeda y Hugo Chávez Frías. Mencionó también a otro grande, Fidel Castro Ruz, que, ante el famoso fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas de caña de azúcar del año 1970, que apenas alcanzó los 8.3 millones de toneladas, asumió plenamente la responsabilidad del fracaso. Hoy debemos asumir, que, aunque la situación actual es mayormente el resultado del bloqueo y la guerra económica, nuestras propias acciones u omisiones tienen un peso importante en todo esto, nuestros propios errores y carencias.

Debemos reconocer que la revolución ha perdido, en buena medida, la vocería sobre el tema salarial, porque es un asunto que no hemos resuelto plenamente, al punto que el pasado 1º de mayo del presente año 2022, fue un representante de Fedecámaras quien “aclaró” el supuesto estatus de la discusión sobre el salario y las prestaciones sociales. No importa el nivel de complejidad que sabemos que el tema tiene, incluso así, debemos abordarlo de manera franca y directa con nuestro pueblo, como lo habrían hecho Fabricio, Hugo y Fidel, el pueblo entenderá.

También debemos reconocer que la forma actual de atacar la inflación que reduce el gasto público, extrema la disciplina fiscal y restringe la liquidez, generó un problema mayúsculo con las tablas salariales publicadas recientemente por la ONAPRE, porque existiendo relativamente recursos, tal como lo hemos demostrado arriba utilizando las cifras del propio BCV, se esteriliza el dinero, cuestión que es perfectamente legal, pero económica y políticamente incorrecta.

Como corolario de lo expresado al principio, la crítica debe ir acompañada de las propuestas que proyecten la solución de los problemas planteados, por tanto, proponemos:

Propuestas

1. Crear el presupuesto nacional de divisas:

Se trata de retomar la propuesta que hizo el propio presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros el 06 de noviembre de 2013.

Históricamente el Estado venezolano se ha desprendido con suma facilidad de las divisas públicas captadas por la venta de petróleo, principalmente, en favor de la economía privada, cuando normalmente intentar desincorporar cualquier otro bien de la administración pública significa una lista extensa de trámites y pasos que van en función de garantizar la integridad del patrimonio público.

Las divisas representan un activo indispensable para el fortalecimiento de las Reservas Internacionales y para las relaciones comerciales y financieras del país con el resto del mundo.

Adicionalmente las divisas le otorgan a su poseedor el poder de planificar e intervenir la economía, de definir su rumbo; si las conserva el Estado, servirían para importar los bienes que permitan impulsar la economía de cara al interés de la nación, entendiendo que esos bienes importados son la contraparte del petróleo exportado, es su equivalente, y representan un recurso de alta monta y de alto impacto. El peso que tienen las divisas de origen petrolero en el Presupuesto Nacional es importante, en el caso del 2022 representa el 61% del mismo, por tales razones, planteamos retomar la propuesta del presidente Nicolás de crear el PRESUPUESTO NACIONAL DE DIVISAS, que permita racionalizar y optimizar su uso, en tal sentido el presidente expresó: “¿Por qué si tenemos presupuesto para equilibrar, administrar correctamente la riqueza nacional calculada en bolívares, por qué no lo tenemos en divisas? Por eso he decidido crear el Presupuesto Nacional de Divisas del Estado venezolano. Y allí nosotros vamos a colocar todas las necesidades presupuestadas, calculadas, tengan la seguridad ustedes absoluta, que nos van a sobrar divisas para las necesidades verdaderas del Estado Nacional, del Estado Regional, de los Estados Locales, de la inversión directa en dólares a las comunidades, consejos comunales, así que establezco el día de hoy el Presupuesto Nacional en Divisas para la administración correcta de las divisas del país, y los gastos del gobierno y del Estado”[2].  (énfasis nuestro)

2. Reponer los medios de pago que amerita el tamaño de la economía:

Para ello es necesario un cambio en la Ley Orgánica del Banco Central, que permita cambiar los objetivos de inflación, por los objetivos de reposición de capacidad adquisitiva de la clase trabajadora y del presupuesto público, hacer prevalecer al poder adquisitivo por encima de las “metas de inflación” utilizando los instrumentos metodológicos correspondientes a la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) en relación al tamaño de nuestra economía, dentro de los parámetros de liquidez que compensen la supresión de medios de pago que produce la inflación. Dicho de otro modo, reponer los medios de pago que necesita la economía de acuerdo a su tamaño, y darles esos medios de pago a los dos actores que quedaron rezagados en la repartición del producto por el desajuste hiperinflacionario: la clase trabajadora y el Estado.

Sobre los mitos que prevalecen en el abordaje de este aspecto de la economía, Joseph Stiglitz plantea: “de la misma forma que la Gran Recesión llamó la atención sobre la creciente desigualdad en los Estados Unidos – haciendo añicos el mito de que todo el mundo se estaba beneficiando del crecimiento que se había producido durante el último cuarto de siglo – también destruyó otros dos mitos: que la atención a la inflación era la piedra angular de la prosperidad económica, y que la mejor forma de garantizar la estabilidad económica era tener un banco central independiente (…) al mismo tiempo que se centraban en la inflación (algo de suma importancia para los obligacionistas), ignoraban la distribución (y a los banqueros no les gusta que el banco central preste demasiada atención a esa cuestión), aunque, como hemos argumentado, la creciente desigualdad fue esencial a la hora de crear inestabilidad en la economía[3] (énfasis nuestro).

La hiperinflación no solo altera el sistema de precios, deteriorando la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora principalmente, debilitando la capacidad financiera del Estado y generando la quiebra de miles de pequeñas empresas, sino que, además, crea una distorsión en los valores nominales de los medios de pago, en el volumen de la liquidez necesaria para el buen desempeño de la economía, para que puedan transarse los bienes y servicios producidos, trancando virtualmente la economía. Generalmente las decisiones en materia monetaria, inspiradas por la teoría cuantitativa del dinero, conllevan a la supresión de la mayor cantidad posible de liquidez, impidiendo la sana reposición de los medios de pago.

La forma de medir el monto requerido está relacionada con el tamaño de la economía, no es una cantidad arbitraria, tal como lo demuestra la profesora Pasqualina Curcio, deberían existir al cierre del año, para un PIB proyectado de 49.000 millones de dólares, unos 136.000 millones de bolívares circulando. El cálculo para la mitad del año, mes de junio, estaba por el orden de los 59.000 millones de bolívares necesarios, sin embargo, solo circularon 7.739 millones de bolívares, para un faltante de 51.261 millones de bolívares. Esto potencia la desigualdad.

La manera de corregir este desbalance debe asociarse, en primer lugar, a la reposición de los niveles salariales que permitan adquirir la canasta básica, tal como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, dentro de un plan realista, progresivo y ascendente, que considere tanto al sector público como al privado, comenzando desde lo posible en la actualidad y estableciendo un cronograma factible y realizable, en el entendido que debe cambiarse el paradigma de la visión cuantitativa del dinero que niega de plano estas opciones.

3. Corregir la indexación desincronizada y desproporcionada

La hiperinflación crea un profundo desajuste en el sistema de precios relativos, es decir, en la relación de proporción de los precios de cada mercancía respecto a los precios del resto de las mercancías que se transan en el mercado, lo cual trae desigualdad y perjudica a algunos factores productivos para la correcta retribución a su esfuerzo en la creación del producto. Para corregir esta distorsión que lesiona el patrimonio de los sectores más débiles; asalariados, pequeñas y medianas empresas, presupuesto público, entre otros, es necesario crear una Unidad de Cuenta Indexada que se aplique coordinadamente para corregir el problema y restablecer la correcta relación de valores entre las distintos factores y su correcta retribución, corrigiendo al mismo tiempo la desigualdad creada por la inflación.

Abordar un problema para corregirlo, implica primero conocerlo. La inflación no cambia los valores de los bienes, porque al compararlos con otros valores estables, por ejemplo, el oro o algunas divisas, la relación no cambia, permanece relativamente inamovible, pero la expresión nominal en moneda local (en nuestro caso el bolívar) varía vertiginosamente. Cuando esto pasa, quienes tienen la posibilidad de adaptar los nuevos precios (hay una diferencia entre valor y precio, pero para los efectos de esta exposición la omitiremos, porque no afecta las conclusiones del análisis) al ritmo de la inflación, lo hacen, mientras que otros actores no pueden hacerlo. Aquí es donde debe intervenir el Estado y aplicar la Unidad de Cuenta Indexada para corregir este problema que genera una profunda desigualdad social.

No tiene sentido afirmar, como algunos lo hacen, que no es posible indexar los salarios o el presupuesto público, por nombrar solo dos factores; porque realmente ya se está aplicando la indexación en casi todos los procesos de la economía: la banca tiene indexados los créditos de toda la cartera crediticia, aplicando una Unidad de Valor de Crédito y un Índice de Inversión; los comerciantes y los industriales indexan los valores de sus bienes al ritmo de la inflación, de facto; casi todos los servicios públicos están adaptando sus sistemas de tarifas y cobranzas a valores indexados; las propias Operaciones de Mercado Abierto que realiza el BCV para absorción de liquidez están indexadas, y un largo etcétera. Por tanto, es indispensable que el Estado intervenga y restablezca el equilibrio retributivo y distributivo del producto creado por la sociedad toda, aplicando esta Unidad de Cuenta Indexada.

4. aplicar el manual de la CEPAL de cuentas nacionales bajo condiciones de alta inflación

La hiperinflación altera de forma drástica las relaciones cotidianas de una nación, a esta situación no escapan los planificadores y administradores del Sistema de Cuentas Nacionales. Por tanto, es fundamental aplicar las técnicas contables que coadyuven a tomar las decisiones más adecuadas para la preservación del valor real de los activos de la nación, especialmente los valores expresados y contenidos en el Presupuesto Público, de tal forma que se preserve la capacidad del Estado de cumplir los objetivos y las metas del presupuesto público. En la propia introducción del manual expresa: “Este manual está destinado principalmente a los países con alta inflación. Cualquier país cuyo nivel general de precios se duplique en el curso de un año, claramente cae en esta categoría, aunque serios problemas de contabilidad económica se empiezan a presentar a tasas anuales de inflación poco menores al 100 por ciento (…) La inflación, el tema de este manual, no es un problema para muchos de los países Miembro de la OCDE al momento en que este manual se escribió. Sin embargo, durante las dos últimas décadas, varios países Miembro han experimentado cortos períodos de inflación lo suficientemente alta, como para requerir del uso de las técnicas contables especiales que aquí se describen”.

5. Sistema de créditos productivos para comunas y emprendedores

Crear un Sistema de impulso al crédito que coordine a los nuevos emprendedores con el movimiento comunero, que empalme las experiencias e integre dónde sea posible en plazos realistas.   Debe darse estrictamente dentro de los parámetros del Plan de la Patria, especialmente en áreas estratégicas como: innovación, alimentos, medicinas, entre otras. El sistema debe alimentarse de un fondo rotativo de recursos con parámetros de acceso basados en la experiencia demostrable de cada unidad de producción, la calidad y sustentabilidad de los procesos, un fondo de garantías asumido por el Estado como respaldo que asuma los riesgos de inversión. El sistema debe estar integrado además con el sistema de investigación de las universidades y las instituciones públicas del área, involucrando a los profesores, investigadores y estudiantes para la incorporación y desarrollo de la tecnología para el impulso de los procesos productivos apalancados por este sistema de créditos.

Caracas, 5 de julio de 2022

*Las opiniones expresadas por el autor no necesariamente representan la opinión editorial del equipo de TatuyTv

Clic aquí para leer la entrega anterior


[1]. Xi Jinping. Discurso en el 15º Estudio Colectivo del Buró Político del XVIII Comité Central, mayo 2014.

[2]. Presidente Nicolás Maduro Moros, 06 de noviembre de 2013. Medidas contra la guerra económica. Palacio de Miraflores.

[3]. Stiglitz, J. p. El precio de la desigualdad. Editorial Taurus, 2013. p. 305

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