[OPINIÓN] Elecciones Venezuela: Ganamos cargos y perdimos pueblo

Carlos Dürich

«Ya vemos que sólo vosotros estimáis, por vuestro propio parecer y mal consejo, las cosas venideras por más ciertas que las presentes que tenéis a la vista, y os parece que lo que está en mano y determinación de otro, lo tenéis ya en vuestro poder como si estuviese hecho. Os ocurrirá, pues, que la gran confianza que tenéis…en la fortuna, fundando todas vuestras cosas en esperanzas vanas, será causa de vuestra pérdida y ruina.»

Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, Libro V.

Grandes son los recelos con la historia, admite Tucídides, y más cuando la arrogancia no nos permite la correcta lectura de los acontecimientos, recalcó. Uno de los episodios más conocidos donde este error es cobrado de forma fulminante, es en la famosa conquista de la isla de Melos por los atenienses durante la guerra del Peloponeso. El famoso general ateniense relata en el Libro V de su Historia de la Guerra del Peloponeso, cómo los melios fueron engañados por sus propios razonamientos ante el desastre acechante de la guerra, con lo cual ellos se convierten en protagonistas de su propia destrucción.

Lo anterior, más que una anécdota literaria e histórica, simboliza la ausencia de la principal virtud que debe poseer cualquier estratega, a saber, la capacidad de no confundirse en razonamientos errados y reconocer las auténticas dinámicas de la guerra y la lucha, sea bélica o política, que en el fondo son las mismas, como bien decía Lenin.

Pareciera que las pasadas elecciones sirven para vanagloriarse por los fulminantes cantos de la victoria aplastante, por razonamientos superficiales y por la momentánea calamidad de la alegría, sin embargo, es probable que el partido de gobierno y el chavismo institucional sea como los melios, que se encontraban engañados por su razonamiento y quedaron obnubilados ante el peligro que los acechaba.     

Las buenas noticias.

Las recientes elecciones de 21 de noviembre significaron una bocanada de oxígeno para gran parte del sector político venezolano, tanto por la amplia participación de nuevos actores como por la integración de factores de la extrema derecha al ejercicio electoral. Al mismo tiempo se logró mitigar un poco el recelo que existía en torno a la abstención, logrando obtener mayor participación que las presentadas en las elecciones parlamentarias del año 2020, 41.80% frente a 30.50% respectivamente.

Esto último podría ser un paso fundamental de cara a la consolidación de una base de mayor legitimidad política frente a las negociaciones internacionales para el cese de los bloqueos financieros y diplomáticos que actualmente padece Venezuela, además de lograr apuntalar y normalizar la institucionalidad, duramente golpeada en los últimos dos años en el país.

Las verdades incómodas

Según los resultados preliminares el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) habría conquistado 20 de las 23 gobernaciones del país, además de la Alcaldía de Caracas, movilizando 3.907.958 votantes, lo cual representaría 47.93% del total de 8.151.793 votos escrutados en estas elecciones, por su parte, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la Alianza Democrática y el resto de los partidos de oposición sumarían 4.243.835 votos correspondientes al 52.07% de los participantes.

Esto dejaría al PSUV como la principal fuerza política del país representado el 18.46% del padrón electoral, sin embargo, el mismo sostendría una tendencia decreciente en su capacidad de movilización. Comparado con las elecciones parlamentarias del 2020 donde obtuvo 4.277.926 votos su margen electoral ha sido 8.64% menor, específicamente 369.968 votos menos, esto a pesar de que la abstención en aquella ocasión fue casi 10% mayor que la del pasado domingo.

Incluso valorando los datos de su militancia interna, tendríamos el caso de un partido que logra mover poco más del 50% de sus afiliados para el ejercicio electoral, superando levemente la participación obtenida durante las primarias internas de su partido, que según Diosdado Cabello estuvo en torno a los 3.500.000 participantes.

Comparando las últimas elecciones regionales de 2017 con éstas, también resulta dramática la reducción del voto para el partido oficialista; hace 4 años obtuvo 5.814.903 votos, casi 2 millones más que en las de este fin de semana.

Aunque en aquella ocasión la participación fue 26.13% mayor- 11 035 898 – y la variación entre ambas fechas en el padrón electoral fue de 14.5%, la disminución del número de votos de algunos candidatos está muy por encima del rango porcentual. Para citar solo dos casos, bastaría con estudiar el de Jehyson Guzmán y Víctor Clarck. En el caso de Jehyson, en el 2017 logró arrastrar 181. 820 votos, a pesar de eso perdió frente al candidato opositor; 4 años después obtiene el triunfo con 106.645 votos, 58% menos votos que en 2017. Por su parte Clarck, Gobernador Reelecto del Estado Falcón, lograría el triunfo con 43.9% menos votos que en el 2017, 224.091 electores en las pasadas elecciones frente a 125.674 en las elecciones del 21 de noviembre.

Estas tendencias se reflejan en gran parte de los candidatos reelectos o que volvieron a participar en los procesos electorales en los estados donde habían perdido en el 2017, a pesar de la aparente y embriagadora victoria los recientes resultados ameritan una sosegada y meditada reflexión.

Conclusiones abiertas y necesarias

Más que posiciones triunfalistas, estas elecciones hacen un llamado de atención a la necesidad apremiante y obligatoria de una revisión profunda en las prácticas y acciones que han llevado a estos resultados. También queda demostrada la carencia que hoy por hoy tienen los partidos tradicionales para cautivar y entusiasmar frente al problema del descontento y la despolitización.

Aun valorando la diáspora venezolana en el extranjero – que podría ser de 1 a 5 millones, de los cuales no todos estarían escritos en el padrón- como razón de la reducción del voto, tendríamos que admitir que solo entre 12% o 15% de abstención se podría explicar por esta razón, sin embargo, como ya se vio arriba, la reducción del voto está muy por encima de este porcentaje.

La mayor tarea que hoy afrontamos es el rescate de los partidos, en el caso del PSUV con síntomas de crisis, como herramientas que ayuden a promocionar y dirigir las aspiraciones políticas, no simplemente como maquinarias y escalones para los negocios y la traición.

Muy rápido se nos ha olvidado lo que causó y motivó la creación del PSUV, que no fue otra cosa que la bancarrota de los partidos tradicionales y la profunda crisis de representatividad que golpeó duramente a Venezuela en los años 90. Poco a poco nuestras elecciones entran en la lógica chiripera donde los actos electorales se convierten en ejercicios monótonos y hasta estériles, donde se ganan cargos y se pierde pueblo.

El proyecto bolivariano sin pueblo está condenado al fracaso o a la traición. Hoy transitan caminos peligrosos y confusos para el proceso bolivariano, donde es más común el intoxicante triunfalismo que la reflexión y la autocrítica. Hoy estamos resistiendo con el pueblo las grandes arremetidas del imperio y los constantes ataques del reformismo. Es menester la humildad más que la gallardía, el sacrificio más que la petulancia y la prudencia frente a las falsas sensaciones de victoria.

Parafraseando al gran genio militar Sokolovski “es importante entender la dinámica de la guerra para entender nuestra inmediata táctica y el peso de la estrategia en nuestros planes”. Nos encontramos en este momento resistiendo en nuestras posiciones frente a la arremetida del enemigo; son el cansancio, la angustia y el desánimo nuestros principales enemigos internos. Sin embargo, nuestras fortalezas radican en las profundas certezas que poseemos; si descuidamos esas certezas, es decir nuestro proyecto, perderemos nuestras posiciones y estaremos perdidos. Es menester entonces valorar nuevamente nuestro proyecto y sus cualidades. Es el pueblo chavista, el auténtico heredero de Chávez, el que está llamado a combatir con determinación, así sus oficiales no tengan la estrategia correcta. No permitamos que la simple carrera por los cargos nos deje sin pueblo.

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