[OPINIÓN] La mejor maniobra es un buen golpe de audacia. A propósito de las candidaturas comuneras

«El éxito de una revolución socialista no se dejará improvisar «

Ernest Mandel

Pasos y audacias

Rosa Luxemburgo afirmaba, poco antes de su muerte, que era imposible la parálisis una vez tomada la iniciativa revolucionaria, «después de que se ha dado un paso hacia adelante, si existiere confusión, la mejor maniobra es un buen golpe de audacia«, concluía. Nuestra revolución desde 1999 viene dando paso tras paso y a cada paso, le antecede un golpe de audacia.

El primer paso fue la victoria popular de 1998, que llevó a la presidencia al líder de la revolución Hugo Chávez. En esa ocasión el desconcierto, la desidia y la apatía fue vencida por la audacia que significó la fundación de una nueva república con valores bolivarianos, con programa, proyecto e ingenio. El segundo paso fue la ruptura con la vieja constitución de 1961, último reducto del Puntofijismo,  en medio de la ruina de la cuarta república y la abrumadora campaña de confusión y engaño. El proceso constituyente de 1999 fue coronado por la audacia de declarar, junto a la  ampliación  permanente de los derechos, el reconocimiento de los pueblos indígenas, la ilegalidad del monopolio, la usura y el acaparamiento; y por último los resueltos mecanismos para la participación y protagonismo del pueblo en sus destinos.   

Luego, ante la duda, el sosiego y la traición del golpe de Estado, del paro petróleo y el referéndum, la relampagueante audacia fue darle mayor protagonismo y regazo al pueblo.  Se vinieron las grandes Misiones, los comités técnicos y la reconquista de PDVSA; en 2006 ante el oscurantismo que reinaba en el hemisferio, lleno de guerra y tormento, el nuevo golpe de audacia obtuvo sus ecos en la afirmación de la revolución socialista y antiimperialista.

Chávez y su herencia de audacia

Ante el duro contratiempo del 2 de diciembre de 2007 se impuso la audacia del trabajo y el compromiso, la vuelta a la calle y el esfuerzo por fortalecer el arsenal legal de la revolución; la astucia del zorro superó a la fuerza del león; floreció la idea de la comuna como la luz de mayor audacia del proceso bolivariano.

Frente al  muro que la fuerza  burocrática y conservadora  del  viejo estado burgués edifican, a su reformismo oportunista y su bucle de indolencia cómplice, Chávez planteó, como su mayor herencia de audacia ese gigantesco proyecto que es el Estado Comunal. Un Estado democrático sustentado desde abajo en la propiedad social, la participación y el protagonismo horizontal, encaminado al socialismo y la soberanía plena.

Este proyecto transversalizó la iniciativa revolucionaria a todo el frente popular, y específicamente a los comuneros y comuneras, que a todas estas son los auténticos herederos de Chávez y su proyecto.

Sin embargo, actualmente el poder comunal y sus sujetos/as deambulan en una oscilación entre la confusión y una posición reactiva ante las fuerzas institucionales y constituidas. Y ante esta dilatada pasividad solo queda un nuevo golpe de audacia y ese golpe de audacia es la pugna  por el poder, por la dualidad de poder.

Un poco de historia

En el imaginario más inmediato de todo revolucionario, la dualidad de poder está asociada al ejercicio de los soviets tras la revolución de febrero (marzo) de 1917. Aunque la organización de los soviets data de 1905, es a lo largo de 1917 que puede desarrollarse y florecer con mayor fuerza. A partir de marzo de aquel año, en lo inmediato del proceso revolucionario, los soviets convivieron con el gobierno provisional tras la caída de Zar. Aquello generó mucha confusión y desconcierto en los diferentes sujetos y vanguardias políticas del momento, e incluso en los propios bolcheviques.

El propio Stalin en una conferencia al partido el 28 de marzo, donde el tema principal era la relación entre el gobierno provisional burgués y el poder de los soviets,  afirmaba: “El soviet moviliza las fuerzas y ejerce el control, en tanto que el gobierno provisional, inseguro y claudicante, se reserva el papel de defender las conquistas que el pueblo ya ha conseguido.” Stalin exponía simplemente las relaciones entre dos “órganos”. Los soviets, a saber, los trabajadores/as y soldados que hacían la revolución; y el Gobierno, es decir, los burgueses capitalistas que la “fortificaban “o consolidaban. En perspectiva, esto último parece insensato, pero en aquel momento parecía lo más evidente y la línea de menor resistencia para sostener la revolución. Stalin en aquel momento carecía de audacia.

La tesis de abril

Un par de días después, con la llegada de Lenin a  Petrogrado, todo cambió. Con el golpe de audacia que significó su tesis de abril, Lenin a diferencia de Stalin apostaba por los soviets en la pugna por el poder ante el  gobierno provisional, “No necesitamos una república parlamentaria, ni una democracia burguesa, no necesitamos gobierno alguno que no sea el soviet”. Convenía, al mismo tiempo que afirmaba: “la burguesía defiende el poder único de la burguesía. Los obreros conscientes defienden el poder único de los soviets… el Poder único es necesario prepararlo esclareciendo la conciencia proletaria, emancipando al proletariado de la influencia de la burguesía… Tal es la verdadera correlación de las fuerzas de clase, que determina nuestra tarea.”

Luego de los sucesos de julio de aquel año, que obligaron a Lenin y a gran parte de los bolcheviques a retraerse a la clandestinidad y en medio del reinado del miedo y la angustia, bajo la presión de la incertidumbre en el accionar,  Lenin como era costumbre, apostó por la audacia. Durante el IV congreso del partido, la táctica asumida frente a aquellos acontecimientos fue profundizar la agitación de las masas y empujar a la consecución de  “todo el poder a los soviets”.

Las 3 desviaciones

Sobre este aspecto Lenin mencionaba los peligros que representaban 3 desviaciones; la primera correspondía a confundir el poder soviético con la estructura del Estado burgues,  el “poder a los soviets», significa una trasformación radical de todo el viejo aparato del Estado, significa la eliminación de dicho aparato y su remplazo por otro nuevo. Definía.

La segunda desviación, es el engaño de la coalición o la persistencia  de los dos poderes en la revolución; “la participación de un socialista o un obrero soviético en un gobierno de coalición viene a ser simplemente un adorno o una pantalla para el gobierno burgués, un pararrayos de la indignación, un instrumento del gobierno para engañar a  las masas”. Afirmaba.

La tercera desviación  era la incredulidad que habita en aquellos que se excusan en “no tener un aparato que pueda reemplazar al viejo y con ello terminaban ineludiblemente defendiendo a la burguesía (…) Tras dicha incredulidad, simplemente se esconde un miedo a la iniciativa e independencia de las masas.» Concluía.

La dualidad de poder

Según señala León Trotsky, “La preparación histórica de la revolución conduce, en el periodo prerrevolucionario, a una situación en la cual la clase llamada a implantar el nuevo sistema social, si bien no es aún dueña del país, reúne de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado, mientras que el aparato  oficial de este último sigue aún en manos de sus antiguos detentores. De aquí arranca la dualidad de poderes de toda revolución.” 

El poder comunal nace con la ambición de Poder precisamente, de gobernar; al menos de ese modo lo plantea  programáticamente la revolución bolivariana. En tal sentido, la comuna debe ser el epicentro del poder popular y soberano. Como indica Trotsky,  “debe ir reuniendo en sus manos una parte considerable del poder del Estado”, no convertirse en el Estado que la precede sino trascenderlo, debe convertirse en el alfa y omega del imaginario político popular y  al mismo tiempo  trazar las líneas tácticas del ejercicio revolucionario  en lo económico, en lo político, en lo cultural y en lo social.

Quienes aspiren a sumar y apostar revolucionariamente a la dualidad de poder, debe saber que la aspiración de crear un orden nuevo va a tropezar con la resistencia consciente y organizada de quienes se empañan en mantener el orden existente. Además, también deben tener presente que la dualidad de poder no es un hecho constitucional, sino revolucionario, que atestigua que la ruptura del equilibrio social ha quebrado la estructura del Estado. En resumidas cuentas, la dualidad de poder no nacerá al amparo del Estado ni desde su interior, como indica el propio Lenin: “pensar en una coalición es simplemente engañar a  las masas.”

La comuna venezolana

Chávez lo afirmaba muy bien al considerar que: “¡Los Consejos Comunales no pueden ser apéndices de las alcaldías, no pueden ser, no deben ser [además claro está]… ¡Las Comunas no pueden ser apéndice de gobernaciones, ni del ministerio!”

Tradicionalmente el Estado burgués es y se concibe simplemente como una herramienta conciliadora de clases, que bajo las fuerzas pendulares de la contradicción capital/trabajo refleja la lucha de clases inmanente de toda sociedad. Sin embargo, hoy en Venezuela la conciliación tiene un único nódulo: el empresario burgués.

La tarea inmediata de la comuna  entonces no consiste ni en convertirse en apéndice del Estado ni en engrosar las filas del mismo con sus cuadros y dirigentes. Consiste en construir una dualidad de poder que le permita luchar en contra de esta nueva coalición solidificada en el actual Estado.

Esta tarea es profusa, inminente e inmediata. Cada empresa de propiedad social creada, cada ejercicio de intercambio, cada tejido organizativo que logre generar orgánica entre comunas, cada levantamiento estadístico, cada mejoramiento en la gestión, cada taller para cuadros, cada esfuerzo por crear una agenda comunal alejada de cualquier coyuntura electoral inminente y difusa, es un aporte a la dualidad de poder.

El horizonte comunal

Este escrito no está dirigido contra los candidatos provenientes del espacio comunal a cargos estatales, al contrario, felicito su gallardía, valentía y esfuerzo; sin embargo, reafirmo que hoy, el auténtico golpe de audacia pasa por volver a las comunas a construir la dualidad de poder y no por intentar rescatar el Estado burgués liberal que el propio Chávez condenó.

El horizonte comunal se nos abre como la más grande y heroica práctica de audacia, donde el desaliento y la confusión no serán extraños, sin embargo el pueblo venezolano ha dado a lo largo de su historia amplias muestras de fortaleza y determinación. Frente al proceso sistemático de reducción del Estado en el escenario social, la comuna debe ampliar su acción  y convertirse en la fuerza que robustezca el hálito revolucionario, reconstruir los espacios de lucha y politizar nuevamente la cotidianidad de la vida, transformarse en escudo del territorio frente a la apertura al mercado mundial, legislando sobre su territorio y desarrollando circuitos productivos sustentables, haciéndose altavoz en la lucha de los humildes y los desamparados, trazando desde abajo el gobierno que brinde el  mayor grado de felicidad posible para todas y todos, donde el desarrollo libre de cada individuo sea la condición para el desarrollo de todos y todas.

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