[OPINIÓN] ¿Qué partido queremos construir? II: Orientación política

«Hay que rescatar al electorado huérfano de AD (antes que AD recupere su capacidad para el engaño), y al electorado decepcionado de Copei (antes de que Copei recupere su capacidad para reentusiasmarlo)»
Alfredo Maneiro
Notas Políticas

En el artículo anterior de esta serie, planteamos la necesidad de dar un debate sobre la construcción de una organización que permitiera reagrupar a la izquierda anticapitalista en Venezuela: un partido-movimiento y de tendencias. Entonces abordamos el tema partiendo de los puntos en los cuales podrían existir mayores acuerdos en la izquierda: las luchas concretas en las que ya nos hemos venido encontrando y sobre las cuales podríamos articular una base programática; pero también, aprovechamos para dejar planteada nuestra visión de cuáles deben ser los métodos de lucha, las tácticas a emplear y los objetivos estratégicos.

Ahora, es momento de abordar dos cuestiones que seguramente serán problemáticas: una de ellas es la orientación del partido, la otra, es la posición de la organización frente al chavismo.

I. ¿De centro o de izquierda?

Aunque desde el comienzo de esta serie hemos hablado de construir una organización de izquierda (por lo que la respuesta a la pregunta parece obvia), consideramos que es necesario debatir con aquellos camaradas que, coincidiendo con nosotros en luchas concretas e incluso con la necesidad de construir una organización, han planteado en diversos espacios que esta debe ser de centro, que hay que moderar o despolitizar el discurso, enfocándose meramente en lo reivindicativo o en cuestiones democráticas.

Si bien coincidimos con estos compañeros y compañeras en la necesidad de luchar por cuestiones reivindicativas y de levantar frentes por la defensa de las libertades y derechos democráticos (pues el estado actual de las luchas da a éstas un carácter defensivo), queremos discutir el por qué consideramos que limitarnos a esto y perder una clara orientación política sería caer en una trampa, una especialmente diseñada para evitar el surgimiento de una alternativa.

Derechización de la política venezolana

Lo primero que debemos señalar es que ha habido una derechización de toda la política venezolana, un retroceso de al menos dos décadas en los debates que atraviesan el país y de los cuales no se escapa la izquierda. Esto es fácilmente observable, tanto en las declaraciones de «remordimiento» de los funcionarios del gobierno, como en las excusas «posibilistas» de otros camaradas otrora radicales. Los primeros, habiendo escalado posiciones aplaudiendo expropiaciones, hoy ven éstas como un error, se muestran arrepentidos de su «radicalismo» y declaran su alegría por ser aceptados en lujosos ambientes de Caracas; los segundos, señalan que en las condiciones impuestas por el bloqueo imperialista el único camino posible es el actual (neoliberal), y que lo mejor es esperar mejores tiempos para retomar la lucha por el socialismo (eso sí, esperando desde la comodidad de puestos institucionales o apoyo del gobierno).

Por otro lado, los liberales envalentonados dicen «¡teníamos la razón![1]». La propaganda de derecha machaca el «fracaso del socialismo» y los conservadores entran a raudales en la política haciendo crecer su influencia. Es en este marco que compañeras y compañeros muy valiosos, y que están dispuestos a luchar, plantean irse al centro para reagrupar fuerzas. Esto no solo es un error (como explicaremos a continuación), sino que alimenta esta derechización de la política. Son signos de lo que en términos militares sería una retirada en desbandada[2].

El centro y la falsa polarización

El principal argumento de quienes plantean un reagrupamiento en (o con) el centro, es que tanto el partido de gobierno como los de la derecha tienen un enorme rechazo. Por ello, habría que meterse en medio (en el «centro») de ambas corrientes, «despolarizar» y así construir una alternativa.

El problema con este razonamiento es que cae en la trampa de la falsa polarización. Parte del supuesto de que hay dos polos con intereses contrarios que se enfrentan y cuyo enfrentamiento es dañino para la gente. Sin embargo, la realidad es que tanto el gobierno como su oposición de derecha comparten en buena medida el mismo programa, intereses y privilegios económicos, y han venido repartiéndose el país en sucesivas mesas de negociación (públicas o secretas). Como señalamos en el artículo anterior de esta serie: «La verdadera polarización que se encubre es entre ellos (los ricos y nuevos ricos) y nosotros (los explotados y oprimidos de esta sociedad)».

Por su parte, vemos como el centro cada vez circunscribe más su lucha a cuestiones meramente democráticas, especialmente las electorales, porque en lo económico, estos grupos no se oponen a las políticas de liberalización económica del gobierno[3]. Esto es lo mismo que decir: «queremos participar de la vida política para gestionar de forma más eficiente el capitalismo», pero olvidando que el programa económico del gobierno no ha podido llevarse a cabo sin reprimir y limitar derechos democráticos, como el derecho a la huelga y la protesta. He allí una contradicción en el planteamiento de las organizaciones que se reivindican de centro: separar lo económico de lo político (claro está que esto no es exclusivo de Venezuela sino del modelo de explotación capitalista, donde una minoría sostiene a través de distintos medios la explotación de la mayoría).

Una verdadera alternativa solo puede ser de izquierda

Lo anterior nos lleva a la conclusión de que, para construir una verdadera alternativa que rompa la falsa polarización (como la que sostuvieron AD y COPEI en su momento), es necesario un agente externo a la coalición hegemónica entre gobierno y oposición de derecha. Este agente no puede ejercer una oposición solo en cuestiones superestructurales (democráticas), sino que debe poner en el centro las cuestiones económicas y enfrentar el programa de acuerdo capitalista. Es allí donde se manifiesta la verdadera, aunque encubierta, polarización.

El gobierno conoce muy bien esta realidad, y es por ello que dedica grandes esfuerzos en dividir a la izquierda a través de la estrategia del palo y la zanahoria: golpeando a las y los que luchan y beneficiando a quienes se adapten al nuevo régimen y les sean útiles para sostenerse electoralmente o contener la presión social. En 2020, y en medio de debates sobre las elecciones parlamentarias escribimos que:

… el PSUV no necesitaría ofrecer curules a partidos que no son determinantes para su victoria en las próximas elecciones. En cambio, el aumento en el número de curules les podría servir para impulsar su estrategia de cooptación de líderes populares, asestando un golpe al hígado de la izquierda. El cálculo del PSUV es sencillo: ¿Quiénes inflan los votos de los partidos de la izquierda? Los movimientos populares. Entonces hay que disputar o cooptar los liderazgos en ese terreno[4].

A través de la asignación fondos públicos o de cuotas electorales, el gobierno ha logrado separar de las luchas políticas a los movimientos sociales, todo esto mientras se dificulta cada vez más para la izquierda su existencia legal y electoral.  Finalmente, los compañeros y compañeras cooptados van poco a poco autocensurándose, evitando meterse en temas que pongan en juego su posición institucional, tales como exigir la libertad de lxs trabajadorxs presxs o denunciar iniciativas parlamentarias de corte neoliberal como la Ley Antibloqueo o la Ley de Zonas Económicas Especiales.

En ese sentido, desde la izquierda debemos seguir insistiendo en revertir esta tendencia, unificando las luchas sociales que han venido ganando nuevas fuerzas con las luchas políticas. Y para ello, es necesario además que reconozcamos que no ha sido solamente la actividad del gobierno la que nos ha dividido, sino también los sectarismos y métodos de lucha errados en los intentos de construcción de alternativas.

La construcción del Frente de Izquierda y de los Trabajadores en Argentina, y su crecimiento en las pasadas elecciones parlamentarias (convirtiéndose en la tercera fuerza del país), es un claro ejemplo de que se puede hacer política sin necesidad de bajar las banderas de la izquierda, pero además, que dicha política también puede ser de masas.

II. ¿Qué posición frente al chavismo?

Otra cuestión que divide a la izquierda venezolana (y quizá sea la que más divisiones haya generado) es su posición frente al chavismo.

Como hemos señalado en diversos artículos, el viraje derechista del gobierno de Maduro ha ido acercando cada vez más a los sectores de izquierda, haciéndolos coincidir en luchas concretas más allá de su posición ante Chávez. Una de estas luchas ha sido la campaña #LiberenALxsTrabajadorxsPresxs, la cual ha logrado obtener victorias parciales, convertirse en una bandera de la clase obrera del país y demostrar que la unidad no sólo es posible sino necesaria. Sin embargo, aunque la unidad ha demostrado ser exitosa, aún se mantienen las barreras que separan ambas corrientes e impiden el surgimiento de una organización que nos agrupe. ¿En qué consisten éstas barreras? ¿Es posible superarlas?

Un balance del chavismo

Si bien no es la finalidad de este artículo realizar un balance de los gobiernos de Chávez o de lo que hasta ahora ha sido el chavismo, sí creemos que este balance es necesario y aplaudimos los intentos de llevarlo a cabo desde la acera chavista o no chavista[5]. Lo esencial, es que estos balances deben servir para sacar lecciones y no como precondición para la unidad.

Como hemos dicho antes, consideramos necesario dar un debate público y plural de lo que ha sido la experiencia chavista, de cuáles fueron los aciertos y errores cometidos tanto por Chávez como por las corrientes que lo siguieron y adversaron (que también los cometieron), pero darlo en el marco del mayor respeto y sin apuros, darlo de forma pedagógica para obtener lecciones más que para saldar cuentas frente a otras corrientes.

En el artículo Restauración neoliberal y estrategias de la izquierda venezolana, criticamos la postura de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) sobre el debate chavista, así como la posición sectaria y marcadamente antichavista del Partido Socialismo y Libertad (PSL). Sin embargo, recientemente hemos visto de los camaradas de la LTS una orientación a discutir sobre las políticas de Chávez con las bases, una posición que es compartida por los camaradas de la Corriente Revolucionaria del Poder Popular, quienes se reivindican como marxistas y chavistas. Es allí donde consideramos debe darse precisamente éste y otros debates:con la gente.

El sectarismo chavista

Otro obstáculo a vencer para lograr un reagrupamiento en la izquierda es el sectarismo en el chavismo. Se nos dirá «si el chavismo es un movimiento de masas, ¡no puede ser sectario!», pero la realidad es que sí puede serlo y además lo es.

En el pasado, muchos camaradas chavistas podían darse el lujo de prescindir de la izquierda no chavista para luchar, en buena parte porque estaban insertos en amplios movimientos de masas y porque contaban con apoyo gubernamental. Sin embargo, esto ha cambiado radicalmente y la capacidad de movilización del chavismo de izquierda (los que están luchando) ha disminuido drásticamente.

Parte del sectarismo es no reconocer este cambio en la correlación de fuerzas y considerar que  hacer frente con organizaciones no chavistas llevará a distanciarse de las masas. Veamos esto con un ejemplo concreto: la campaña #LiberenALxsTrabajadorxsPresxs. Si observamos detenidamente, vemos como sectores del chavismo que se consideran de izquierda y que incluso comparten lazos de amistad o militancia con miembros del Comité de familiares y amigos, aún guardan silencio frente a esta lucha. Y esto mismo ocurre con otras cuestiones como la lucha contra las privatizaciones, los desalojos campesinos o por reivindicaciones salariales, lo que reduce la capacidad real de movilización frente a las políticas del gobierno.

El desarrollo de este sectarismo niega además la amplitud del chavismo originario, que logró amalgamar a distintas corrientes que luchaban contra las políticas neoliberales de los gobiernos de CAP II y Caldera II (algo que Tatuy TV explica muy bien el capítulo II de su serie ¿Qué es el Chavismo?). Entonces, ¿ser realmente chavista no implicaría dar nuevamente la batalla contra políticas similares y al menos intentar constituir un gran frente antineoliberal? ¿Por qué antes se hablaba de la «unidad de los patriotas» para justificar alianzas con sectores de la pequeña y mediana burguesía, pero ahora cuesta tanto la unidad con la izquierda no chavista?

Ciertamente, esta cuestión no se resolverá de la noche a la mañana, y requerirá, más que debates, muchos encuentros en la calle. Es por eso que iniciativas como las campañas contra las privatizaciones, contra el desalojo de familias campesinas o por la libertad de las y los trabajadores presos son fundamentales para ir construyendo la unidad.

Disputar a Chávez

Otra barrera que impediría la unidad en la izquierda y que contribuye a incrementar el sectarismo chavista tiene que ver con la estrategia de disputar a Chávez. ¿Con quién? Con el gobierno que es quien ha hegemonizado su herencia. Entonces, para disputar a Chávez, la izquierda chavista insiste en separarse lo más posible de aquellos que en el pasado sostuvieron posiciones contrarias a las de Chávez. Esto no es más que caer en un gran chantaje, porque el gobierno ha sido el primero en sostener todo tipo de acuerdos con sectores empresariales y de la derecha que en el pasado fueron radicalmente antichavistas. Un ejemplo fue la reunión con Fedenaga, después que éstos rompiesen la Ley de Tierras y promovieran del golpe de 2002.

Por otro lado, los que sostienen la estrategia de disputar a Chávez caen en una gran contradicción: En principio, rechazan que las corrientes de la izquierda vinculen las actuales medidas del gobierno de Maduro con las políticas de Chávez demostrando que en buena medida las políticas de actuales representan más bien una ruptura con las del periodo chavistas; Y sin embargo, aunque establecen esta división para salvar a Chávez, sostienen de alguna u otra forma el apoyo al gobierno que reconocen desmonta las conquistas de la revolución.

Así, la disputa por el chavismo es una disputa que va ganando Chávez, pero que van perdiendo los chavistas de izquierda y de base contra los chavistas en el poder.

Más allá de chavismo o antichavismo: anticapitalismo

Por todo lo anterior, hemos considerado que un reagrupamiento de la izquierda anticapitalista no puede establecerse en base a las coordenadas del antichavismo o el chavismo (como fue la APR), sino que debe darse alrededor de acuerdos programáticos, sobre los objetivos estratégicos y tácticos de cómo enfrentar la restauración neoliberal (ver el artículo anterior de esta serie).

Desde nuestro punto de vista, el chavismo de izquierda sigue teniendo un enorme potencial revolucionario. Incluso, nos atreveríamos a decir que guarda la llave para poder construir una alternativa en el mediano plazo, pero sólo si logra superar el sectarismo chavista y atraer hacia la lucha a quienes aún no rompen con el gobierno, retomando así el rumbo de la unidad de los movimientos sociales con las luchas políticas. Está por verse si ésto es posible lograrlo al calor de las luchas que surgen en el horizonte.


Notas

[1] https://www.laizquierdadiario.com.ve/El-fundamentalismo-liberal-envalentonado-tras-la-debacle-del-chavismo

[2] Cuando hablamos de una retirada en desbandada tomamos en cuenta las siguientes consideraciones: 1) Que el gobierno ha venido avanzando con su programa neoliberal, tomando «posiciones» y haciéndonos retroceder en derechos que antes, a través de la lucha, se habían conquistado. 2) Que el avance del gobierno ha sido rápido, y aunque ha encontrado resistencia (lo demuestran lxs trabajadorxs presxs por luchar), ésta no ha sido lo suficientemente organizada para poder hacerle frente. 3) Que una retirada organizada implica defender cada  derecho como una fortaleza, lo que implicaría además altos niveles de organización y produciría un alto costo y desgaste a quien plantea la ofensiva. En vista de lo anterior, podemos decir que la estrategia de irse al centro puede compararse con una retirada desorganizada o en desbandada, donde ante de confusión generada por la ofensiva del gobierno, se abandonan las banderas en medio del campo de batalla. 

[3] En pasadas elecciones vimos como Javier Bertucci señaló como ventaja el bajo costo de la mano de obra sin que ningún vocero de la alianza haya salido a desmarcarse de dicha posición.

[4] https://tatuytv.org/nueva-estrategia-electoral-del-psuv/

[5] Entre los intentos de llevar a cabo definiciones y balances del chavismo debemos señalar el de las y los camaradas de TatuyTV: ¿Qué es el chavismo? (con 7 capítulos), o el de las y los compañeros de La Izquierda Diario Venezuela: Sacar lecciones históricas del chavismo para reorganizar la izquierda revolucionaria.

Las opiniones expresadas son del autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de Tatuy Tv. Comentarios y observaciones son bienvenidas en los comentarios.

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